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Hollywood: supermecado voraz

El cineasta mexicano Nicolás Pereda, símbolo del cine nacional independiente, asegura que luchar contra la Meca del Cine es como si un pequeño comerciante quisiera ganarle a Walmart. Esta semana, el director presentará "Matar extraños", su nuevo filme.
Rosario Reyes
23 febrero 2014 21:43 Última actualización 24 febrero 2014 5:0
Nicolás Pereda ha ganado en Cannes por su película "Perpetuum Mobile (2009).

Nicolás Pereda ha ganado en Cannes por su película "Perpetuum Mobile (2009).

Referencia del cine mexicano independiente, Nicolás Pereda es un realizador cuyo trabajo, alejado de las convenciones, ha sido reconocido a nivel internacional. "Perpetuum Mobile" (2009), estrenada en la sección Acid del Festival de Cannes, obtuvo el premio a Mejor Película en el Festival de Guadalajara y Verano de Goliat (2010), ganadora del premio Horizonte en el Festival Internacional de Cine de Venecia y Mejor Largometraje Internacional en el Festival de Cine de Valdivia, figuran en su filmografía de seis largos y un cortometraje.

En febrero, como parte del ciclo Sumario de la Cineteca Nacional se presenta "Matar extraños" (ya se exhibió el 22 y repetirá el 27) en la que, en coproducción con Dinamarca, Pereda compartió la dirección con el cineasta danés Jacob Schulsinger, para quien ésta constituye su ópera prima después de incursionar como director con el corto "Fini" (2010), ganador del premio Bill Douglas al Mejor Cortometraje en el Festival Internacional de Glasgow 2012 y el premio al filme más revelador en el Festival Internacional de Odense en 2011, entre otros.

"Matar extraños" plantea una concepción moderna de la historia y la Revolución Mexicana a partir de una representación histórica
, con una puesta en escena teatral y política donde los personajes, interpretados en su mayoría por actores no profesionales, proyectan sus fantasías personales y colectivas en un universo incierto, plagado de hipótesis.

“Me interesa hablar sobre la reconstrucción histórica”, advierte Pereda desde Madrid. “Rodamos poco después del Bicentenario. Durante el 2010 se rodaron muchas películas sobre la Independencia y la Revolución. También hubo desfiles, obras de teatro, sobre todo, mucho derroche de parte del gobierno. La pregunta para mí al hacer esta película no era ¿qué pasó realmente en la Revolución Mexicana?, sino ¿qué implicaciones tiene el revisionismo histórico?, ¿por qué le interesa al gobierno celebrar la Revolución?, ¿hay relación alguna entre la Revolución Mexicana y sus múltiples reinterpretaciones en diversas disciplinas? La idea es que el revisionismo histórico como lo vivimos durante el Bicentenario tiene más que ver con construir que con mirar hacia atrás”.

La cinta, que alterna escenarios desérticos con una locación en una sala de principios del siglo XX, se realizó en Durango. “Filmamos en Chupaderos, un pueblo hecho de sets de Hollywood abandonados por los estudios y adoptados por la población local. El elemento del set era muy atractivo para hablar de los temas que nos interesaban. La sala remite a las fechas de la Revolución. Son muebles que nos ayudan a situar la película en el contexto de la revolución, pero sobre todo son muebles que hablan de un set cinematográfico. La sala es parte de la reconstrucción histórica”.

A propósito de las películas mexicanas que son reconocidas en el extranjero y encuentran dificultades para su exhibición en el país, asegura que “eso no es característico de México. En España nadie ve las películas de Albert Serra, Oliver Laxe o Lois Patiño. En Canadá nadie ve el cine de Denis Cote. En Argentina el cine de Lisandro Alonso apenas llega a las pantallas unos días. En fin, el punto es que es difícil competir contra Hollywood. De igual manera que a un pequeño comerciante le es difícil competir contra un Walmart”.

Asegura que es un error considerar que los cineastas nacionales reconocidos en el extranjero estén filmando para un público fuera de México.

“Primero, casi nadie que hace un cine personal, filma para un público. Uno filma lo que siente, lo que le emociona, lo que le conmueve, no lo que intuye o sabe que le interesa a otro. Segundo, el cine que yo hago funciona igualmente en México que en el extranjero. En el extranjero va a algunos festivales y museos; recibe críticas buenas y malas; gana premios y pierde espectadores de las salas, igual que en México”.