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CULTURAS

El cine gay mexicano se quiere quitar la etiqueta

Directores de cine homosexual como Sergio Tovar, Abraham Miranda y Julián Hernández hablan con EL FINANCIERO sobre la posibilidad de crear un discurso más incluyente donde lo gay sea sólo un pretexto.  
Eduardo Bautista
11 febrero 2015 21:2 Última actualización 12 febrero 2015 11:15
'Cuatro lunas' puede ser vista en las diferentes salas de Cinépolis a partir de hoy. (Cortesía de Sergio Tovar)

'Cuatro lunas' puede ser vista en las diferentes salas de Cinépolis a partir de hoy. (Cortesía de Sergio Tovar)

Le llaman cine gay, aunque con cierta reserva. Los creadores de este género evitan montarse en esa etiqueta, pues –consideran– es una forma de autosegregarse de la cartelera. Existe ya un pequeño grupo de cineastas que quiere desvincularse del discurso erótico y acercarse más a las historias de amor para conquistar nuevos públicos.

“En una sociedad completamente igualitaria, no debería existir el término 'cine gay'. Si persiste es porque, evidentemente, todavía hay mucha discriminación”, sostiene Sergio Tovar, director de la película Cuatro Lunas, que se estrena hoy en salas comerciales del país.

El director y guionista Julián Hernández –uno de los mayores exponentes del género en México– asegura que hablar de cine homosexual es complicado, pues el término es tan ambiguo como el del cine negro. “Quizás podamos definirlo como una visión idealizada de las parejas del mismo sexo”, comenta el director de Rabioso sol, rabioso cielo (2009) y ganador de dos Teddy Award en la Berlinale, el reconocimiento de mayor prestigio internacional para las películas con temática lésbico, gay o transgénero.

“Nuestro trabajo va mucho más allá de las temáticas homosexuales. Hace 20 años sí me preocupaba esta etiqueta, porque a veces ésta funciona para atraer al público. Teníamos cautivado a un grupo social que necesitaba verse reflejado en la pantalla”, considera Hernández. 

Uno de los mayores problemas que enfrenta el cine gay es la falta de espacios para exhibir. El cineasta mexicano Abraham Miranda ha tenido que librar muchas batallas para mostrar su ópera prima, En donde chocan las olas (2013), la cual no ha podido salir del circuito de los festivales nacionales.

“Estamos en búsqueda de un distribuidor, pero nos ha costado mucho trabajo porque nuestra producción es independiente. No quise solicitar ayuda al Imcine porque te exigen muchos trámites. Además, el organismo no apoya a gente sin experiencia, mucho menos a alguien como yo, que soy abogado de profesión”, señala el cineasta.

Miranda comparte que su cinta fue realizada con pocos recursos financieros. Los actores no cobraron nada. Fue la productora independiente Nelli Toxqui la que se interesó en su proyecto. La comunidad gay no le brindó ayuda porque es heterosexual. “Creyeron que iba a hacer una parodia, pero después se dieron cuenta que no. Gracias a ello, ahora nos están apoyando para nuestra segunda producción (un filme de acción titulado La cruel dimensión del tiempo, cuyo estreno está previsto para principios de 2016)”.

EN BÚSQUEDA DE NUEVOS PÚBLICOS

La solución para que las películas de diversidad sexual sean apreciadas por la mayoría de la población mexicana radica en cambiar los discursos cinematográficos, apunta Miranda. Para él, desde 2013 las historias han cambiado; hoy se tratan temas más comunes, menos simbólicos y desmarcados del erotismo. “Nuestra función como cineastas es sensibilizar a la gente y borrar prejuicios en torno a la homosexualidad”, asegura.

Tovar define su película Cuatro lunas como una historia de amor hecha para todo aquel que se quiera dejar conmover. Lo gay –dice– sólo es un pretexto, una premisa. “Queremos eliminar todos los estereotipos sexuales que se formaron en los inicios del cine gay, sobre todo en la etapa de Julián Hernández. Los desnudos completos y frontales llevaron a creer a la gente que estaba viendo soft porn”, sostiene Miranda. 

Julián Hernández admite que sus películas no son tan accesibles para todo el público, pues sus personajes sufren problemas propios como la agresión, la pasión y los celos, siempre desde un ángulo homosexual. O en sus propias palabras: "no están heterosexualizados". 

“Nunca me ha interesado el tema de la salida del clóset. Mis personajes se aceptan como son”, dice. Sin embargo –aclara– no está en contra de estas nuevas propuestas más enfocadas al mainstream, siempre y cuando los personajes no sean maniqueos y sean trazados con responsabilidad. 

“La gente se ha ido percatando de que el cine gay no sólo es sexo. Desde hace mucho tiempo una parte del cine mexicano ha dibujado personajes homosexuales de forma prejuiciosa. La otra familia (2011, Gustavo Loza), por ejemplo, presentó el tema de la adopción bajo un melodrama morboso y barato”, considera Fabián Polanco, uno de los organizadores del Festival Internacional de Cine Gay en la UNAM.

La pluralización parece ser el objetivo del cine homosexual en 2015. Sergio Tovar es claro: “El cine gay debe dejar de ser visto como tal. Comulgo más con la idea de que sea cine de seres humanos para seres humanos”.
  

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El Festival Internacional de Cine Gay en la UNAM

    

Festival Internacional de Cine Gay en la UNAM

Este festival de diversidad sexual se realiza desde 2007. Este año, el foro fundado por David Ramón, Mauricio Peña y Joaquín Rodríguez llega a su novena edición en el Cinematógrafo del Chopo, en el Museo Universitario del Chopo.

Inaugurado el 6 de febrero, el festival proyectará 46 películas nacionales e internacionales (sólo seis de ellas son mexicanas), hasta el 15 del mismo mes.

Fabián Polanco, uno de los organizadores, afirma que éste es un encuentro que se realiza con más ganas que dinero: la UNAM sólo los apoya con la sede.

Aunque no hay cifras precisas, asegura que cada año hay más gente interesada en el festival. Incluso para el próximo año se buscarán patrocinadores privados y sedes alternas fuera de la universidad.

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