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El Canario Temerario: Cruzar las vías

10 febrero 2014 5:1 Última actualización 12 julio 2013 5:12

[Cuartoscuro]


 
 
Jaime Avilés
 

Nada menos que el rector de una importante institución educativa me llama por teléfono para decirme que ha sido aceptado mi proyecto. Daré un seminario titulado 'Cruzar las vías', que estará dividido en dos cursos semestrales: Keith Richards I y Keith Richards II. El texto básico será Vida, la autobiografía del director musical y guitarrista estrella de los Rolling Stones.
 
 
'Cruzar las vías' propondrá, esencialmente, una reflexión acerca de las relaciones entre la ética y la estética y tendrá, como telones de fondo (que irán subiendo y bajando a lo largo del proceso, como suele ocurrir todavía en algunas obras de teatro), la historia del siglo XX, la historia de la música y la historia de las ideas.
 
 
El pago, sin embargo, será simbólico: después de cada curso recibiré un tálero de oro, la moneda ficticia que imaginó Kant. Pero no se puede comprar nada con eso, protesto. Loespero el lunes a las nueve de la mañana, me ordena sumamente molesto el rector y cuelga el teléfono. Yo despierto; esto es: abandono tan lindo sueño, con gran decepción.
 
 

Clasificado universalmente como 'drogadicto', adjetivo que lo describe con exactitud pero lo minimiza en múltiples sentidos, Keef (así le llaman los suyos) aparece como uno de los personajes más fascinantes y entrañables de nuestro tiempo, al menos en Life ('Vida'), un volumen de 500 páginas, escrito por James Fox a partir de entrevistas, pláticas y convivencias que durante cinco años compartió con el músico inglés.
 
 
Si, como bien postulaba el profesor José María Bulnes al hablar del Quijote, “un hombre es la suma de sus contradicciones”, Keith Richards vendría a ser la suma del niño que tenía un gato y un ratón de mascotas, y del adulto blanco y europeo que se convirtió en uno de los máximos exponentes de la música negra creada por los esclavos africanos en Estados Unidos.
 
 
¿Por qué me encantaría dar un curso acerca de este singular forjador del siglo XX? Era un bebé de pocos meses cuando en 1944 una bomba alemana cayó sobre su cuna vacía en Londres. Era una celebridad mundial cuando muchos años más tarde cogió una brizna de las cenizas de su padre y la revolvió con cocaína para inhalarla.
 
 

Era un niño que al estrellarse durante una vertiginosa carrera en patineta se rebanó la yema de un dedo y tal pérdida, lejos de perjudicarlo, le permitió tocar la guitarra como nadie. Sigue siendo un adulto mayor, de vitalidad extraordinaria, que en 2008, a los 65 años de edad, resbaló en lo alto de una palmera y se fracturó la base del cráneo.
 
 
Esto y mucho, mucho más es Keith Richards, de acuerdo con la muy divertida versión de sí mismo que construyó en colaboración con James Fox, pero una de sus variables más interesantes e ilustrativas es la del adicto a todas las drogas duras y suaves, que dormía a lo sumo dos noches de cada semana, y que sobrevivió a tamaña autoagresión porque, siempre, siempre —como lo subraya insistentemente en su libro—, dispuso de las más puras y, por ello, de las más costosas.
 
 
¿Qué significa 'cruzar las vías'? Para un músico blanco y pobre, de clase obrera, que da la espalda a su gente y se interna en los barrios negros de Misisipi cargando tan sólo una guitarra, quiere decir llegar a la tierra prometida. La expresión, sin embargo, implica una ruptura que exige una congruencia entre lo íntimo y lo público, para sintonizar la ética con la estética.
 
 

Vida está disponible en Ediciones Península (Barcelona, 2010).