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CULTURAS

El bien y el mal... en una galaxia lejana muy lejana

"Star Wars" ha demostrado que la vida no puede verse en blanco o negro. Su éxito va más allá de la taquilla y el espectáculo. "Lucas recorre los mitos para construir una narrativa impregnada de matices sociales, culturales y políticos", afirma José Gordon.
Eduardo Bautista
16 diciembre 2015 20:56 Última actualización 17 diciembre 2015 5:0
En ambas trilogías la lucha entre el Imperio y la República es constante. (Cortesía)

En ambas trilogías la lucha entre el Imperio y la República es constante. (Cortesía)

Star Wars ha demostrado que la vida no puede verse en blanco o negro. Su éxito va más allá de la taquilla y el espectáculo. Se trata de una película que, como pocas, ha construido una mitología propia que permite entender a la humanidad en toda su complejidad. Así lo afirma el escritor y periodista José Gordon, quien asegura que la historia de George Lucas ha tocado nudos y deseos que flotan en la conciencia colectiva de la civilización, como el amor, el odio, el resentimiento o la guerra.

“El mito tiene la función de revitalizar nuestro entendimiento de la naturaleza humana. Y George Lucas lo ha trazado de una manera arquetípica a través de personajes que no son buenos ni malos. Cuando el mito toca una historia la convierte en un espejo de nuestras vidas”, sostiene.

Si hay algo que reconocerle a esta saga –dice– es que Lucas se tomó la molestia de recorrer los mitos para construir una narrativa contemporánea impregnada de matices sociales, culturales y políticos. En ambas trilogías la lucha entre el Imperio y la República es constante. Sin embargo, hay momentos en los que ningún sistema político es suficiente para mantener la tranquilidad de la Galaxia. Yoda es un sabio, pero también puede equivocarse; Anakin Skywalker es el elegido, pero también puede desviarse por la senda del mal.

Gordon asegura que Star Wars refleja las incontables batallas que libran la maldad y la bondad en la mente de todos los hombres. El atractivo principal de la saga, considera, radica justamente ahí: en el buen manejo de los elementos dramáticos. Dice el dramaturgo francés Jean-Claude Carrière que los mejores dramas son aquellos en los que ningún personaje tiene la razón.

“Cuando el mito toca una historia nos damos cuenta de que la vida no está coloreada en términos absolutos. Hay ocasiones en las que simplemente no podemos separar el bien del mal. Esto resulta sumamente encantador para muchas personas. Star Wars bien podría ser el drama que todos vivimos; es un lugar en el que conviven las fuerzas más antiguas y las imágenes más contemporáneas”, señala.

Los héroes también son importantes. Obi-Wan Kenobi, por ejemplo, lleva a cabo sus hazañas a la más pura tradición helénica: un día se da cuenta de que su vida está destinada a la tragedia. Enfrentará a Darth Vader y morirá. Debe hacerlo para mantener el orden en el Universo. “Lo que aquí se plantea es la situación arquetípica del viaje del héroe, quien de alguna manera debe pasar por fases iniciáticas y establecer contacto con fuerzas interiores para superar los obstáculos. No olvidemos que Lucas escribió sus guiones basado en El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell”, explica Gordon.

LA HISTORIA VISTA DESDE STAR WARS
La Guerra de las Galaxias fue escrita en dos partes. La primera fue realizada en los años 70, en plena Guerra Fría. El discurso de las películas era entonces muy parecido a la realidad: dos tiranos (Darth Vader y El Emperador) que querían dominar el Universo. La democracia apenas figuraba; el Imperio controlaba las formas de vida y esclavizaba a miles de pueblos, entre ellos Tatooine, donde vivía Luke.

“En la primera trilogía la acción individual prima sobre el control institucional. Las estructuras políticas extremadamente organizadas se identifican con el mal porque destruyen y absorben al individuo”, escribe Tony M. Vinci en su ensayo Star Wars: filosofía rebelde para una saga de culto (Errata Naturae).

Sin embargo, en las películas más recientes –realizadas entre 1999 y 2005– George Lucas le resta poder al sujeto y enarbola el discurso democrático a través de sus figuras más importantes: La República, el Senado y el Canciller. Por eso se celebran elecciones y la Reina se subordina al poder legislativo.

“En los filmes originales sucede todo lo contrario. El Imperio puede representar o servir como alegoría de casi cualquier fuerza institucional de la historia de Occidente, como las grandes empresas o los Estados Unidos como democracia mundial opresiva”, detalla Vinci.

¿Pero entonces qué se puede esperar ahora que la franquicia está en manos de Disney Studios? Algunos aseguran que se tratará de una película palomera; otros confían en la experiencia de J.J. Abrams en la ciencia ficción. Gordon espera que sea una buena entrega: “creo que vamos a ver una historia más plural y diversa. La fuerza ya no pertenecerá a una élite de héroes, sino a una conciencia colectiva. El poder podrá estar en manos de aquellos que estén más despiertos. La colectividad podrá tener acceso a eso que antes sólo tenían los privilegiados. Ya veremos si al final del día Star Wars trasciende como mito o se convierte, como muchos, en un mito chatarra más”.