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El arte de José Luis Cuevas, local y cautivo

El porqué la obra del artista plástico mexicano carece de interés para los grandes coleccionistas internacionales. Su trabajo suele venderse entre coleccionistas específicos, a quienes les interesan los grabados, las acuarelas o los dibujos, dicen especialistas.
Eduardo Bautista
04 julio 2017 22:22 Última actualización 05 julio 2017 5:0
José Luis Cuevas

El hecho de que José Luis Cuevas sea un artista local no implica que su mercado sea débil. (Cuartoscuro/Archivo)

El mercado de José Luis Cuevas (1931-2017) es cautivo, local y sin proyección internacional. Así que, si alguien quiere hacerse rico comprando arte –asegura la asesora en coleccionismo Carmen Reviriego–, el icono de la Generación de la Ruptura no es una opción para lograrlo.

Cuando se trata de piezas seriadas de trabajo gráfico, las obras del Gato Macho suelen venderse entre coleccionistas específicos, a quienes les interesan los grabados, las acuarelas o los dibujos, señala Sofía Duarte, valuadora de Morton Casa de Subastas. “No es lo mismo vender un óleo de Felguérez –uno de sus contemporáneos– que una acuarela de Cuevas. Son mercados distintos en los que la gráfica siempre registra precios menores”.

La pieza más cara de Manuel Felguérez que ha vendido Morton es El plano de la muerte (1994), una mixta sobre tela que alcanzó los 958 mil 600 pesos en 2015. En cambio, la pieza mejor vendida de Cuevas fue Autorretrato (1979), una acuarela subastada en noviembre del año pasado en 100 mil pesos.

La sobreproducción de Cuevas no es la razón de que su firma esté ausente entre las más cotizadas del país, ni figure en el extranjero, advierte Reviriego. Picasso, con quien el autor de La giganta fue comparado por la crítica de The New York Times, también fue prolífico.

Una acuarela del artista malagueño -cuyos óleos llegan a alcanzar los 179.4 millones de dólares– puede costar cientos de miles de dólares, como Personajes en la ciudad de Midi, una acuarela subastada por 372 mil 500 dólares en Sotheby’s de Nueva York en mayo pasado. En comparación, la última obra del mexicano que se subastó en la casa Sotheby’s de la Gran Manzana fue Autorretrato espiando una pareja (1980), adquirida en 3 mil dólares en 2007.

El mercado del arte –explica Reviriego, asesora que ha vendido Picassos y Mirós a los coleccionistas de mayor peso del mundo– es uno de los más globalizados que existen. Los coleccionistas que acuden a las grandes subastas, detalla, tienen un interés muy claro por artistas que figuran en las colecciones y museos más importantes del orbe. José Luis Cuevas, sostiene, no entra en ese perfil.

“Para que la obra de un artista funcione en estos parámetros debe tener demanda internacional, algo que ocurre en muy pocos casos”, precisa Reviriego. “Hay artistas que, siendo muy demandados en su país, no llegan a cobrar notoriedad internacionalmente. Esto explica la falta de presencia de Cuevas en las subastas de Londres o Nueva York”.

EN CRECIMIENTO SOSTENIDO
El hecho de que José Luis Cuevas sea un artista local no implica que su mercado sea débil.

“Lo tenemos con frecuencia en nuestras pujas porque fue un artista muy prolífico. Con nosotros no ha estado olvidado. El maestro tenía muy bien detectado su mercado. Sus piezas más emblemáticas pertenecen a un grupo determinado de coleccionistas que lo siguió durante toda su carrera. Hemos subastado piezas menos conocidas, pero de gran calidad”, asegura Vivian Gorinstein, gerente del departamento de Arte Moderno de Morton Casa de Subastas.

En los últimos años –añade Duarte– las piezas que se han vendido de él en esta firma han subido de precio. En 2011, la acuarela Resurrección de los muertos (1980) fue comprada en 32 mil pesos, apenas 2 mil más que el precio de salida. Cinco años después, Autorretrato (1979) alcanzó los 100 mil pesos, casi el doble del estimado original.

“Sus obras siempre se venden y los precios se han consolidado cada vez más, lo cual nos indica que su mercado no está devaluado en México, donde es uno de los más buscados por los coleccionistas”, comparte Gorinstein, quien atribuye su decreciente producción y presencia en la escena artística durante los últimos años a sus problemas de salud.

Durante su carrera, el pintor fue blanco de múltiples críticas. La historiadora del arte de la UNAM, Georgina Sánchez Celaya, fue una de ellas: “los escritos de Cuevas, más que una serie de postulados teóricos y reflexiones de índole filosófica y artística fueron un medio de propaganda personal y una herramienta para la construcción de su imagen pública, y prepararon el terreno para su consolidación como artista oficial del régimen priista”, escribió en su ensayo Ironías del poder. El caso José Luis Cuevas.

La crítica de arte Raquel Tibol escribió en su libro Nuevo realismo y posvanguardia en las Américas que Cuevas “siempre se ha considerado, más que un pintor, un narrador, un artista definitivamente literario. Sin historia estaría perdido”.

“Usualmente la gente hace muchos juicios de valor, pero en el arte, la historia siempre es la que pone en su lugar a los artistas, no el mercado”, sentencia Reviriego. “Cuando me preguntan por el ‘elixir’ del éxito de un artista siempre contesto que, además del talento, es necesario que su obra esté donde tiene que estar y que la compre quien la tiene que comprar. Cuevas ya tiene un lugar en la historia; el tiempo sólo lo acrecentará”.