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culturas

El amor en tiempos
de los smartphones

La adicción al celular, conocida como nomofobia, y a las redes sociales, es llevada al paroxismo en la propuesta escénica de María Teresa Paulín: "L’amour à trois".
Myrna I. Martinez
27 abril 2014 21:48 Última actualización 28 abril 2014 5:0
Es una crítica a una sociedad banal y consumista, que finalmente termina depositando los valores en un teléfono. (Cortesía)

Es una crítica a una sociedad banal y consumista, que finalmente termina depositando los valores en un teléfono. (Cortesía)

Ben ha preparado la noche ideal para proponerle matrimonio a Lucy. Vaya, hasta ha contratado a un pianista para que amenice la velada. El encuentro es casi perfecto, pero “algo” se interpone entre los dos: el celular de Lucy.

La dependencia al teléfono fue plasmada con humor a mediados de los 40 por el compositor italoamericano Gian Carlo Menotti en la ópera bufa L’amour à trois o Telephone. La adicción al celular, conocida como nomofobia, y a las redes sociales es llevada al paroxismo en la propuesta escénica de María Teresa Paulín que lleva el mismo nombre: "L’amour à trois".

“Menotti tenía la visión de algo que iba a empezar a suceder, en este momento no sólo es el teléfono, incluye todos los dispositivos de comunicación”, dice Paulín, directora de la compañía franco-mexicana Naranja Escena.

“Es una crítica a una sociedad banal y consumista, que finalmente termina depositando los valores en un teléfono. En esta época de pérdida de fe planteo todas estas conductas aberrantes, esta monstruosidad como parte de la humanidad”.

El barítono Josué Cerón y la soprano Alejandra Sandoval se sometieron durante 15 días a un entrenamiento físico riguroso para poder realizar la propuesta enfocada en lo corporal, como si fuera una coreografía. Paulín desarrolló un sistema de movimiento escénico con la fusión de distintas disciplinas – desde ballet clásico, hasta parkour -, el cual funciona como un engranaje en el que cada movimiento y gesto está justificado.

“Desde hace varios años estoy trabajando en un sistema de estilización corporal, y me pareció que éste podía apoyar el discurso de la obra. En esta puesta en escena, el movimiento está incluso llevado al paroxismo, más allá de la farsa.

“Apoya al discurso escénico y lo hace más visible; es como una lupa, este sistema permite que movimientos que en lo cotidiano no son visibles, sí lo sean”, explica Paulín, quien realiza un doctorado en la Sorbona.

En esta adaptación destaca la figura del pianista, interpretado por André Sarré, convertido en personaje. Anteriormente, el músico sólo ejercía la función de acompañamiento sin ninguna intención o mención dramática; aquí todo el tiempo apoya el discurso y funge como el músico contratado por Ben para tocar en el piano de cola que, al igual que el cuadro, Lucy lo tiene de ornato y como símbolo de estatus.

El montaje resulta en una divertida ópera, donde el esfuerzo de Ben por competir contra un objeto inanimado aparece como una crítica a los problemas de comunicación.

“La humanidad busca comunicarse rápido, se va más al efectismo; lo vemos todo el tiempo en la vida y en el arte, ahora vemos muchas propuestas efectistas, los artistas buscan resultados rápidos y esto es una proyección de lo que está pasando con las redes sociales.

“Las conversaciones se vuelven más rápidas, el hecho de no observar a la gente a los ojos, de no establecer un contacto directo crea mucho ruido, hay muchos malos entendidos. El problema es que hablamos y ya no escuchamos”, finaliza la creadora.

L’amour à trois se presentará solamente del 5 al 8 de mayo en el Teatro Helénico, como parte de un ciclo dedicado a la ópera de cámara observado un año antes.