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El amante de la foto que nunca usaba una cámara

Carlos Monsiváis era un obsesivo de la fotografía. Durante décadas conformó una colección cercana a las 24 mil imágenes, que hoy es resguardada en el Museo del Estanquillo.
Eduardo Bautista
15 junio 2015 23:9 Última actualización 17 junio 2015 1:59
El acervo fotográfico de Monsiváis es ecléctico; contiene paisajes, crónicas urbanas, fotoperiodismo y retratos. (Cuartoscuro)

El acervo fotográfico de Monsiváis es ecléctico; contiene paisajes, crónicas urbanas, fotoperiodismo y retratos. (Cuartoscuro)

Carlos Monsiváis era un obsesivo de la fotografía. Durante décadas conformó una colección cercana a las 24 mil imágenes, que hoy es resguardada en el Museo del Estanquillo. La fotógrafa Graciela Iturbide y el caricaturista Rafael Barajas El Fisgón cuentan que el autor de El poder de la imagen y la imagen del poder (1985) nunca dejó de deambular por la ciudad en busca de impresiones, sobre todo en la Plaza del Ángel y el Mercado de La Lagunilla.

El monero recuerda que a Monsiváis le fascinaba la idea de prolongar un instante en el espacio y el tiempo. Dice que el cronista relacionaba mucho la fotografía con un verso del escritor español Francisco de Quevedo: ¡Oh Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura/ huyó lo que era firme, y solamente/ lo fugitivo permanece y dura”.

Iturbide asegura que esta idea de registrar lo efímero era lo que más le enloquecía al ensayista, a quien conoció durante más de 40 años. Su amistad siempre estuvo unida por el amor a la imagen. Recuerda con nostalgia cómo Monsiváis le enseñaba las “joyas” que había adquirido días antes. “Una de las pasiones de Carlos era el coleccionismo de fotografías. Le gustaba admirarlas y analizarlas. Sin embargo, yo nunca le vi tomar una cámara; no le gustaba”, comenta Iturbide.

Entre los fotógrafos que más admiraba Monsiváis –de quien este viernes se cumple su quinto aniversario luctuoso– se encuentran Manuel y Lola Álvarez Bravo, Rodrigo Moya, Tina Modotti, Sergei Eisenstein, Edward Weston y Mariana Yampolsky. Sin embargo, refiere El Fisgón, las fotografías de Juan Rulfo eran su debilidad. El autor de El llano en llamas capturó en los años 50 estaciones de ferrocarriles en zonas de la ciudad como Peralvillo, Nonoalco y Tacuba.

“Una parte de sus ingresos la dedicaba exclusivamente a alimentar su colección, pero nunca pudo comprar piezas a precios altísimos. Eso sí, tuvo la suerte de adquirir una serie de imágenes que hoy sencillamente no podría comprar por sus elevadas cotizaciones”, señala Barajas.

Monsiváis luchó mucho tiempo por adquirir una fotografía de Sebastião Salgado. Le encantaba la serie que el artista brasileño había tomado en las minas de su país. “Lo que yo diera por tener una de esas fotos”, decía. Entonces un día Iturbide consiguió una y se la regaló. Monsi se emocionó como un niño; nada amaba más en la vida que sus fotografías. Bueno, quizás a sus gatos. Un día –cuenta Iturbide– un par de sus 13 felinos se orinó sobre una serie de fotografías de Tina Modotti. Al cronista ni siquiera le importó.

El curador Alfonso Morales explica que el acervo fotográfico de Monsiváis es ecléctico; contiene paisajes, crónicas urbanas, fotoperiodismo y retratos, desde el siglo XIX hasta finales del XX.
Por lo pronto, el Museo del Estanquillo ya prepara una exposición en honor al ensayista. Según Morales, el 8 de octubre se inaugurará la muestra Pasado venidero: aproximaciones a la colección fotográfica de Carlos Monsiváis.