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El alpinismo mexicano sufre la falta de apoyo

Son muchos los peligros a los que se expone un alpinista, pero a veces los obstáculos que enfrenta antes de iniciar el viaje pueden ser más desgastantes y hasta desmoralizantes, sobre todo en México, donde la escalada es un deporte poco reconocido. Badía Bonilla y Mauricio López saben bien de esto.
Nancy González Gea
15 diciembre 2014 23:53 Última actualización 16 diciembre 2014 5:0
Han pasado semanas en citas con una empresa que en un principio les promete ayuda y finalmente se arrepiente. (Tomada de Facebook Una pareja en ascenso)

Han pasado semanas en citas con una empresa que en un principio les promete ayuda y finalmente se arrepiente. (Tomada de Facebook Una pareja en ascenso)

Congelamiento, avalanchas, caídas, lesiones y edemas son algunos peligros a los que se expone un alpinista, pero a veces los obstáculos que enfrenta antes de iniciar el viaje pueden ser más desgastantes y hasta desmoralizantes, sobre todo en México, donde la escalada es un deporte poco reconocido.

Badía Bonilla y Mauricio López saben bien de esto. En 1995 empezaron a escalar juntos y poco después nació el proyecto llamado Una pareja en ascenso, con la intención de hacer cima en equipo en todas las montañas superiores a los ocho mil metros, pero la meta se ha complicado con el paso del tiempo.

“Se podría pensar que conforme tenemos logros y nos damos a conocer habría más gente interesada en patrocinarnos, pero no es así. Nos topamos con la misma indiferencia de hace años y eso dificulta todo”, señala Mauricio.

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Esfuerzo loable

Badía es nutrióloga, atiende clientes personales y proyectos con empresas, además de dar cursos y talleres sobre el tema, mientras Mauricio es guía de volcanes, entrenador personal de trekking y de guardias de seguridad, así como contador de un pequeño negocio familiar.

Alpinistas

Aun así, Badía explica por qué mantienen su meta. “Es un proyecto de vida. No lo hacemos para decir: ‘Miren, aplaudan, llegamos a la cima’, sino porque queremos inspirar a otros”, dice.

Bonilla suma ocho cumbres, mientras Mauricio acumula seis, pues en el Everest y el Broad Peak, su aventura más reciente, se quedó a pocos metros porque su salud corría peligro.

“Nos jugamos la vida y a veces tenemos que tomar decisiones difíciles estando allá. No es sencillo decidir quedarse a 50 metros de la cima, pero si eso salva tu vida, así debe ser”, afirma Badía. “A veces es más complicado lidiar con los problemas aquí para conseguir los fondos suficientes y, si no los hay, llegar hasta el endeudamiento, pedir prestado a familiares y quedarse hasta con las ganas de un café porque hay que ahorrar para la siguiente expedición”.

La pareja no cuenta con un representante que les ayude a vender su proyecto para conseguir mecenas, pues es un lujo que no pueden darse, asegura Mauricio. “Nos pedían 15 mil pesos mensuales o 10 mil por proyecto, pero preferimos usarlo para comprar equipo. Gastamos menos haciéndolo nosotros, aunque es una inversión que no se recupera y, además, nos quita tiempo para entrenar y esto puede ponernos en peligro en la montaña”.

Varias veces han pasado semanas en citas con una empresa que en un principio les promete ayuda y finalmente se arrepiente, pero lo peor es la indiferencia de la Conade.

“En la época de Ivar Sisniega sí tuvimos algún apoyo, como un boleto de avión y cosas pequeñas, pero cuando llegó Nelson Vargas fue terrible. Nos hicieron creer que tendríamos un seguro de gastos médicos y cuando Mauricio sufrió congelamiento (al intentar la cumbre del Everest), con el peligro de perder los dedos del pie, nos dijeron que sólo aplicaba si estábamos en México, y luego resultó que sólo era a modo de préstamo. Fue nuestra familia la que se movilizó, vendió nuestro coche, nos prestó, y fue así que sacamos a Mauricio en helicóptero para que fuera atendido de urgencia. Con esas experiencias, preferimos no acercarnos más”, relata Badía.

Badía señala que en su última expedición, la quinta en el Broad Peak para hacer cumbre por fin, todos los gastos, corrieron por cuenta de la pareja. “En 2000 financiamos todo, después poníamos entre el 30 y 40 por ciento en cada expedición, pero esta vez decidimos no desgastarnos buscando ayuda, fueron como 25 mil dólares, pero ya era personal entre Mauricio, el Broad Peak y yo”.

Todo salió de trabajos temporales. Badía es nutrióloga, atiende clientes personales y proyectos con empresas, además de dar cursos y talleres sobre el tema, mientras Mauricio es guía de volcanes, entrenador personal de trekking y de guardias de seguridad, así como contador de un pequeño negocio familiar.