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DEPORTES

El agandalle como estilo

México venció 2-1 a Panamá y ya está en la final de la Copa Oro. ¿Pero realmente lo merece? "El Tri" de Miguel Herrera muestra sus miedos y su cara más genuina del agandalle. ¿Es éste el equipo que viajará a Rusia 2018?
Mauricio Mejía
22 julio 2015 22:56 Última actualización 22 julio 2015 23:5
Miguel Herrera

Miguel Herrera

Miguel Herrera ha contagiado de sus miedos y de sus bravuconadas al equipo que dirige. El resultado de esta noche (un gol, contra dos penales) ventiló la poca clase con la que el técnico suele moverse sobre el césped. Convertido en un grupo de choque, arrabalero y lépero, el cuerpo cercano al míster convirtió el juego más lindo en una pobre estampa rapaz y rupestre; como si los puños lograran, en efecto, lo que las ideas no pudieran por si solas. Torpe, Herrera hace de la infamia una ropa de diario. Cuando el contrario le demuestra su ineptitud a la hora de ordenar a sus jugadores, él, categórico, se transforma en un histrión falso, de sobre exagerado, que potencia los avatares de la pelota. Su ego lo desborda hasta niveles vergonzosos.

Los hombres del dinero, seguramente, ya se preocupan de los desplantes altaneros y groseros del responsable del banquillo. Reprobado en la cancha, ayudado por los jueces centrales (haiga sido como haiga sido, diría el otro) y sin un mermo en su sobrada autoestima, Herrera es la cara más genuina del agandalle. No hay peor imagen para el responsable del equipo que más dinero produce y más penetración tiene en la sociedad mexicana. Hecho a golpes, cree que golpear, insultar, gritar y soltar agravios es la manera de imponerse al entorno, cada vez más en desacuerdo con sus berrinches y sus furias.

En las postrimerías del tiempo normal (y al final del partido), cuando se dictaminó un penalti descaradamente falso contra el equipo panameño, los mexicanos se olvidaron que antes que un negocio esto es un deporte, un deporte sustentado en el juego limpio, en el respeto al rival y a la integridad del reglamento. Las imágenes parecían más a las de una lucha de bandas que a la de dos selecciones nacionales. Cuando cayó el segundo penal a su favor, él, que tanto ha injuriado a los árbitros, salió brincando con esa facha de silbidos y puñetazos al viento que tanto folklor le dieron en el mundial pasado. Mala percha clasificarse a la final con dos juegos seguidos favorecido por penaltis de último minuto. La Concacaf tendrá que poner las cosas en orden en el sistema de implementación de la justicia en el campo de juego. Sí. Pero en Herra no sucederá nada; gane o pierda la final ante Jamaica creerá que la vida le da razón, después de todo está lleno de sí mismo. Se ha construido una realidad en la que todo se gana o pierde entre la camorra y las fanfarronadas.

No llegará al Mundial de Rusia, tarde o temprano sus valentonadas derramarán el cantarito.