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El abrumador arte de David Alfaro Siqueiros

01 febrero 2014 2:25 Última actualización 06 enero 2014 5:2

 [Raquel Tibol conversa sobre la obra del artista radical cuarenta años después de su muerte. / Cuartoscuro] 


 
Silvina Espinosa de los Monteros
 
 
Hace 40 años, el 6 de enero de 1974, culminaba la etapa dorada del muralismo mexicano. El último de los tres grandes, David Alfaro Siqueiros había fallecido, a las 10:17 horas, en su casa de Cuernavaca. Tenía 77 años de edad. Fiel a sus convicciones políticas de izquierda desde la cuna hasta la tumba, Siqueiros dejaba tras de sí una biografía alucinante y una obra que en muchos sentidos renovó los cánones de la pintura mexicana.
 
 
"La marcha de la humanidad", "El llamado a la libertad", "Entierro del obrero sacrificado" y "Muerte al invasor" son algunos de los murales en los que dejó plasmada su ideología política, en lugares como Ciudad Universitaria, el Museo Nacional de Historia, el Palacio de Bellas Artes, el Centro Médico Nacional, y en sus casas, ahora transformadas en la Sala de Arte Público Siqueiros en la calle de Tres Picos, en Polanco, y La Tallera, en Cuernavaca, Morelos, además del Polyforum Cultural Siqueiros, así como en diversos lugares del extranjero.
 
 
Por varias décadas se pensó que Siqueiros había nacido en Camargo, Chihuahua; sin embargo, su acta de nacimiento señala que fue en el Distrito Federal, el 29 de diciembre de 1896. Su verdadero nombre fue José de Jesús Alfaro Siqueiros y el apelativo de David, como ha dado a conocer Raquel Tibol (Basavilvaso, Argentina, 1923) -una de las especialistas más importantes sobre la obra del pintor, quien recientemente arribó a su 90 aniversario- lo comenzó a usar después de que su primera esposa Graciela Amador, Cachita, lo designara con ese nombre en la década de los años 20.
 
 
Siqueiros siempre estuvo involucrado en causas políticas y sociales, participó en la formación de sindicatos y sus respectivos órganos de combate como los periódicos El Machete o El Martillo; acciones, entre otras, por las que estuvo preso por lo menos en seis ocasiones.
 
 
En 1914 se unió al Ejército Constitucionalista de Venustiano Carranza para luchar en contra de Victoriano Huerta y hacia fines de la década de los años 30, ya con otro tipo de conciencia social, participó en la Guerra Civil Española –donde comandó las brigadas 46, 48, 52, 82, 88; y, con el grado de teniente coronel, dirigió la 29 División del Ejército Republicano–, época de dónde le viene el sobrenombre de El Coronelazo.
 
A decir de Tibol, en entrevista, Siqueiros hace dos contribuciones muy importantes. En el caso de los materiales: “Es el primer artista a nivel mundial que usa pinturas de rápido secamiento; comienza usando industriales como las de Dupont, que se usan en los coches y después hace investigación para llegar a la concepción de los acrílicos”.
 
Por otra parte, a nivel de técnica, “él inventa un tipo de composición poliangular, muy diferente a la clásica. No la emplea en todas sus obras, pero sí en la mayoría”.
 
Respecto a las convicciones políticas del muralista, Tibol señala: “Siqueiros era de una fidelidad total a Stalin, desde la cuna. Yo creo que en su mamila le pusieron algo de esencia estaliniana, que conservó hasta su muerte en 1974”.
 
Y se explaya: “Fue justamente a través de Vittorio Vidali (Enea Sormenti), uno de los agentes del estalinismo, el que lo convenció de hacer un asalto a la casa de Trotsky”. Acto sucedido el 24 de mayo de 1940, por el que el artista fue aprehendido y sometido a juicio.
 
Al principio, rememora Tibol, “Siqueiros se refugió en Hostotipaquillo, en la zona serrana de Jalisco, pero su suegra, doña Electa [madre de su segunda esposa Angélica Arenal] comete una indiscreción y lo logran localizar. Lo meten preso, pero en un cárcel muy liviana, porque el gobierno como que estaba de acuerdo con lo que le había hecho a Trotsky”.
 
De ahí que en las noches Siqueiros saliera de juerga con el poeta Pablo Neruda -que era cónsul de Chile- y el comandante de la Penitenciaría de apellido Pérez Rulfo, para volver en la madrugada a prisión. Gracias a Neruda, Siqueiros consigue una visa y logra viajar a Chile, donde pinta uno de sus murales más importantes, Muerte al invasor, en una escuela de la ciudad de Chillán.
 
“Pese a la bofetada que le di en abril de 1972, en el Congreso Nacional de Artistas Plásticos -comenta Tibol-, yo seguí escribiendo sobre él. Siempre separé la relación con Siqueiros, que no me caía bien (y menos su esposa Angélica, que era bastante desagradable), de su obra”.
 
Declaración que se confirma en los más de 200 artículos, entrevistas, notas, conferencias y emisiones radiofónicas que realizó Raquel Tibol, entre 1954 y 1995, sobre la pintura y las ideas del muralista mexicano. Seguimiento de toda una trayectoria, que derivó en el libro de su autoría, Palabras de Siqueiros (FCE, 1996), volumen prácticamente inconseguible en este 2014, en el 40 aniversario luctuoso del artista.