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Ejercer la lucidez de la poesía

01 febrero 2014 2:25 Última actualización 08 enero 2014 5:2

 [Alberto Ruy Sánchez revisita a Octavio Paz; en esta primavera se cumplen 100 años del nacimiento del poeta / Cuartoscuro]


 
 
Silvina Espinosa de los Monteros
 
Ahora que se acerca el centenario del nacimiento del Premio Nobel de Literatura, Octavio Paz, a cumplirse el próximo 31 de marzo, el Fondo de Cultura Económica ha puesto en circulación varios títulos, entre los que destaca Introducción a Octavio Paz, de Alberto Ruy Sánchez.
 
Se trata de un volumen originalmente publicado por editorial Joaquín Mortiz en 1990, año en el que Paz fue distinguido por la Academia Sueca. Obra por la cual su autor obtuvo, en su momento, distinciones como el Premio Binacional de Literatura Fuentes Mares y una mención de la Fundación Guggenheim. Luego se convirtió en libro obligado para entender a Paz.
 
La escritura como tal del libro surgió de un encargo que le hiciera la editorial neoyorquina Charles Scribner’s Sons para una enciclopedia de autores latinoamericanos, en la que querían incluir un extenso artículo sobre Octavio Paz.
 
Para la edición del Fondo de Cultura aquel texto tenía que ser puesto al día. Ruy Sánchez revisó aquella primera versión para detectar y corregir posibles errores, pero siempre con base a las mismas reglas:
 
“Una redacción sintética de tipo enciclopédico, en la que todas las afirmaciones tenían que estar muy bien documentadas”.
 
El autor de En los labios del agua también escribió un prólogo que no contenía la edición original y realizó una síntesis de los últimos diez años de Octavio Paz “que están marcados, sobre todo, por la necesidad de encontrar la coherencia que hay en lo disperso; porque son los años en los que Octavio se dedicó a editar sus obras completas.”
 
En el prólogo, advierte Ruy Sánchez, se explica algo que es fundamental “ya que Paz no era una persona que escribiera sobre muchos temas. Era un escritor que ve que está en el mundo y está tentado por la perfección de la obra, algo que podríamos llamar belleza; pero al mismo tiempo, no puede ser indiferente a su entorno”.
 
Abunda: “Hay una frase de la Poética de Aristóteles que dice: el historiador escribe sobre las cosas que sucedieron y, en cambio, el poeta, además de éstas, advierte las que pudieron ser o deberían ser. Lo que quiero decir es que el poeta tiene una visión. Octavio Paz no era un poeta que hablaba de política, era un poeta que hablaba como poeta en todo momento. Es un poeta, en el sentido profundo en el que lo describía Aristóteles”.
 
A diferencia de un artículo que Alberto Ruy Sánchez publica este mes en la revista Nexos, que versa sobre la relación interpersonal que tuvo con Paz, este libro lo que pretende “es ser una herramienta”. Es como un documental “que echa mano del collage, pero no es un testimonio personal, aunque esté presente la cercanía que tuve con él. En todo caso, es una breve invitación a leer su obra”.
 
Para el también director de la revista Artes de México, la figura de Octavio Paz no es precisamente la de alguien incomprendido. Lo que sucede es que estuvo inmerso en miles de prejuicios.
 
“La gente -señala Ruy- lo condenaba sin escuchar realmente lo que decía”. Y para dar un ejemplo no hay que ir más lejos: “Hay un artículo de Evodio Escalante que salió el sábado pasado en Milenio, que es un artículo bueno, salvo en una cosa increíble y casi surrealista. Evodio da cuenta sobre una entrevista que tuvo con Paz en los años ochenta, en la que relata que Octavio le dijo: ‘¿Lo estamos haciendo bien, ¿verdad?’ Evodio alude ese cuestionamiento, pensando a Paz como parte del gabinete. Pero eso es absurdo. Cuando Paz le dice eso, obviamente se está refiriendo a la revista Vuelta y a la crítica que ésta estaba haciendo de lo que sucedía entonces”.
 
Dicha es una interpretación, explica el autor, “es completamente personal por parte de Evodio e implica un juicio: el de pensar que Octavio estaba alineado con De la Madrid como si fuera del gabinete. Algo que Octavio Paz no quiso nunca. Y no solamente no quiso: cuando le hicieron ofertas para estar en la política las rechazó. Cuando le hicieron ofertas para regresar a ser embajador también las rechazó. No lo necesitaba, ni lo quería. Su papel era otro, completamente. Ése es un prejuicio y como él, hay muchísimos en torno a su figura”.
 
Según el creador de la saga narrativa de Mogador, el contacto cercano con Octavio Paz en la redacción de Vuelta, “me hizo respetarlo cada vez más y admirarlo por su lucidez, su pasión y su incansable energía para trabajar. En verdad, no he conocido a nadie que trabaje más”, apuntó.
 
“Entre las malinterpretaciones, hay gente que piensa que [a Paz] le gustaba imponer su punto de vista. No. A él lo que le gustaba era razonar y polemizar. Eso sí es cierto. Si había un argumento distinto, muchas veces yo lo vi cambiar de opinión; pero era alguien que si la emitía, era una opinión increíblemente razonada. Nunca lo vi emitir un juicio favorable o desfavorable, previo a leer un texto, así fuera alguien de su equipo o alguien que admirara mucho”.
 
Finalmente, Ruy Sánchez definió al autor de Piedra de sol como “un hombre muy trabajador, curioso y muy informado”. En suma, se puede decir que “Octavio Paz era alguien que sabía ejercer la lucidez de la poesía”.