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CULTURAS

Efraín Huerta vive

Se cumplen hoy 100 años del nacimiento del poeta de voz subversiva, del literato que convertía en mujer a la Ciudad de México y del hombre forjado con la espada política de la izquierda.
Mauricio Mejía
17 junio 2014 21:52 Última actualización 18 junio 2014 16:17
Efraín Huerta nació el 18 de julio de 1914 en Silao, Guanajuato. (Archivo)

Efraín Huerta nació el 18 de julio de 1914 en Silao, Guanajuato. (Archivo)

“Creo que lo que he dado de mí, es natural en mí”, escribió Efraín Huerta al final de sus Explicaciones para el poemario de Siglo XXI, Poemas prohibidos y de amor. Citaba al chileno Manuel Rojas.

Una de las grandes cualidades de Huerta era citar. Pocos se han dado cuenta de ello. Citaba precisamente. Como si las comillas antes dichas continuaran lo que siempre quiso decir. Del sarcasmo, por ejemplo, citó sin las espantosas comillas, es la ira organizada debidamente.

Dicho por él, aunque quizá por alguna influencia, porque nadie dice nada nuevo, sólo memorias, lo agrio ha mantenido una temperatura pareja.

Lo valioso de la obra de Efraín es que nos permite citarlo, robarlo, sin regalarle un par de incómodas esposas, esos policías de la literatura. Esta entrega abusa de David, su hijo, para usarlo como una especie de Virgilio en la Comedia de una de las más grandes expresiones poéticas mexicanas del siglo XX y los que vienen. No hay comillas, los versos del padre se citan en cursivas porque ya, de alguna manera, son de todos. El resto de los párrafos son palabras del hijo sobre el padre; así, casi de evangelio.

Fue un aficionado en serio del futbol, no lo intelectualizaba.
Cuando escribió sobre la materia, en una bonita conferencia que publicó la revista Espejo hace muchos años, habló como aficionado. Tomó en cuenta a muchos escritores, desde luego, y luego dejó el tema porque le gustaba ver más los partidos y la épica en el campo. Para él era una pasión plebeya.

Hotel Caribe, Panamá

A partir de ese día
Cuando me preguntan sobre mi salud
(mi laringe, mi dentadura, mi hígado, ay,
mis riñones, otro ay; o por el Metro;
mi mujer, mis hijos, el futbol, Sofía,etcétera)
miro hacia donde no hay nada
o acaso un negro presentimiento
espantoso como una marea
y teatralmente contesto
¿Y eso qué tiene que ver con Tanzania?

La idea del centenario es que sea posible tener de cerca un poeta, que no es un ser literario; el poeta puede ser bien reconocido por gente que ni siquiera sabe leer, pero puede escuchar un poema escrito en el idioma que esos analfabetos comparten con el poeta.


¡Mi país, oh mi país!

Ardiente, amado, hambriento desolado,
bello como la dura, la sagrada blasfemia;
país de oro y de limosna, país y paraíso,
país-infierno, país de policías
Largo río de llanto, ancha mar dolorosa,
República de ángeles, patria perdida.
País mío, nuestro, de todos y de nadie.
Adoro tu miseria de templo demolido
Y la montaña de silencio que te mata.
Veo correr noche, morir los días, agonizar las tardes.
Morirse todo de terror y de angustia.
Porque ha vuelto a correr la sangre de los buenos
y las cárceles y las prisiones militares son para ellos.
Porque la sangre
de los malignos es espesa y amarga
y hay miedo en los ojos y
nadie habla
y nadie escribe y nadie quiere saber nada de nada,
porque el plomo de la mentira cae, hirviendo,
sobre el cuerpo del pueblo perseguido.
Porque hay engaño y miseria
y el territorio es áspero edén de muerte cuartelaria.



Era capaz de ver la tragedia continua del mundo, en especial de su país. El título es muy doliente: Mi país, oh mi país; lo que sigue del poema después de ver el título es una especie de lamento en tonos bíblicos…

Porque al granadero lo visten
de azul de funeraria
y lo arrojan
lleno de asco y alcohol
contra el maestro,
el petrolero y el ferroviario,
y así mutilan la esperanza
y le cortan el corazón
y la palabra al hombre
-y la voz oficial,
agria de hipocresía,
proclama que primero es el orden
y la sucia consigna la repiten
los micos de la Prensa,
los perros voz-de-su-amo de la televisión,
el asno es su curul,
el león y el rotario,
las secretarias y ujieres del Procurador
y el poeta callado en su muro de adobe,
mientras la dulce patria temblorosa cae vencida en la calle y en la fábrica.
Este es el panorama:
Botas, culatas, bayonetas, gases…
¡Viva la libertad!

Es sobre todo un poeta del amor. No estoy muy seguro de que sea, en efecto, el poeta de la Ciudad de México. Pero es muy interesante que muchas veces, cuando se dirige a ella, es como si se dirigiera a una persona. Y específicamente a una mujer, la personifica; feminiza a la ciudad. Es una mujer amada u odiada, con la que tiene una relación apasionada, devastadora…


Órdenes de amor

(1)
Amor mío, embellécete.
Perfecto, bajo el cielo, lámpara
De mil sueños,
ilumíname.
Orquídea de mil nubes,
desnúdate,
vuelve a tu origen,
agua de mis vigilias,
lluvia, amor mío.
Hermoso seas por siempre
en el eterno sueño
de nuestro cielo,
amor


(2)
Amor mío, ampárame.
Una piedad sin sombra
de piedad es la vida.
Sombra
de mi deseo, rosa de fuego.
Voy a tu lado, amor,
como un desconocido.
Y tú me das la dicha
y tu me das el pan,
la claridad del alba
y el frutal alimento,
dulce amor.

Efraín es un poeta muy genuino. Muy él mismo. Y la gente lo registra casi de inmediato. Tiene una gran recepción en el público. Y entre los jóvenes produce un guiño fácil de asimilar. Eso me parece extraordinario. Que la gente lo tenga tan claro es una prueba de su vigencia y del valor de su obra. Efraín está muy vivo, porque está en todos.


Resiganción

Buenos
O malos
(Más malos
Que buenos)
Todos mis
Poemas
Son del
Demonio
Público.


Lilia Prado

Soy
La mujer
Más
Feliz
De mi vida


Lo dicho
Del Metro
Todo es
Cuautitlán


Era un hombre capaz de no tomarse en serio. Y esa es una lección muy saludable que vale la pena compartir.

1
Irreverencia poética e izquierda, lo definieron

 

Le llamaron El Gran Cocodrilo por ser el iniciador, en 1950, del cocodrilismo, movimiento neovanguardista con el que Efraín Huerta (1914-1982) se consolidó como uno de los poetas más importantes del siglo XX en lengua española.

Fue tras su participación en la revista Taller, entre 1938 y 1941, que su lenguaje se tornó más subjetivo, y con la publicación de Los hombres del alba (1944), cuyos poemas rompían con las formas prevalecientes, logró una de las obras cumbre de la poesía hispanoamericana de la centuria pasada.

Con estudios de derecho, que abandonó para dedicarse a las letras, Huerta fue además activista político de la izquierda latinoamericana. Su labor como periodista, en particular en el área cinematográfica, fue destacada. Ganó, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Periodismo en divulgación cultural (1978), así como el Xavier Villaurrutia, de poesía.