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Eduardo Sacheri busca lo sublime en la pequeñez

01 febrero 2014 10:10 Última actualización 15 noviembre 2013 5:2

  ["El futbol sintetiza muchos de nuestros desafíos existenciales, pero con la enorme ventaja de su perpetuo reinicio. Ojalá la vida tuviera esta facultad”; comenta el escritor / El Financiero]


 
 
Silvina Espinosa de los Monteros
 
Es es la primera ocasión en que el escritor argentino Eduardo Sacheri (Buenos Aires, 1967) realiza una antología dedicada al futbol. La vida que pensamos (Alfaguara, 2013) reúne 25 relatos, en los que aflora lo más sublime y despreciable de la existencia.
 
¿Qué distingue este trabajo de otros libros que ha publicado?
 
Para mí significa una gran herramienta para que mis cuentos salgan de la Argentina y se conozcan en otros países. De hecho, el libro se está publicando en México, España, Uruguay, Chile y Colombia.
 
¿Qué temas le interesan?
 
Lo que me seduce siempre es la maravilla de la pequeñez. Nuestras vidas son rutinarias e iguales; sin embargo, hay instantes en los que no, instantes en los que se juega toda nuestra vida, por personas a las que nuestra existencia se abre o se cierra. Situaciones que son absolutamente sublimes y gigantescas, de una enorme grandeza oscurecida por el anonimato. A mí lo que me gusta es buscar lo sublime en la pequeñez de aquí a la vuelta.
 
¿Qué drama encarna el futbol?
 
El futbol permite la reproducción de la vida en pequeña escala. Yo creo que sintetiza muchos de nuestros desafíos existenciales, pero con la enorme ventaja de su perpetuo reinicio. Ojalá la vida tuviera esta facultad. El fútbol reproduce en pequeño y con una enorme capacidad de regeneración, cosas que la vida no nos ofrece. De ahí que sea tan importante que dispongamos de estos mundos, que son mucho menos definitivos que el mundo de verdad.
 
¿El campo de juego puede trasladarse a la vida cotidiana?
 
Yo creo que sí, porque el futbol proyecta un mundo más tangible. Por tenerlos demasiado encima o por su mismo nivel de abstracción, los grandes temas que nos rondan son difíciles de asir. En cambio, en un partido de futbol no, porque estamos más atentos al juego y menos preocupados por definir los valores que están encarnados. Creo que los valores actuados son mucho más vitales que los enunciados. Cuando digo valores, me refiero a cosas magníficas y también cosas detestables que llevamos dentro. Es habitual decir que en el fútbol se nos caen las máscaras. Somos como verdaderamente somos, tanto en lo sublime como en lo despreciable. En ese momento, la experiencia lo es todo. Cuando termina uno toma distancia, pero mientras dura, es la vida misma.
 
¿El futbol da una idea del mundo?
 
No sé si el futbol te forja un mundo o te ofrece un campo vital, porque como es la reproducción del mundo en pequeño, uno pone un montón de valores en juego: la solidaridad, el desafío, la revancha, la enemistad, la habilidad, el coraje.
 
¿Por qué le interesa el fracaso?
 
Lo que pasa es que la gloria no necesita de la literatura. Ni nosotros, en nuestros momentos de triunfo, si tal cosa existe, necesitamos hacer arte. El arte está para que seamos capaces de sobrellevar nuestras derrotas y es en la derrota donde se produce el aprendizaje y enriquecimiento de la persona. Cuando las cosas le van bien, uno aprende muy poco.