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Eduardo Manzano y la vida en risa

Creador de personajes inolvidables como 'Gordolfo Gelatino' o 'Agallón Mafafas', el actor mexicano ha hecho reír a su público durante más de seis décadas. "He sido tan feliz que brinco como chango marango", dice en entrevista con 'El Financiero'.
Rosario Reyes
22 junio 2017 21:26 Última actualización 23 junio 2017 5:0
"Hubo un momento en que me di cuenta que nací para hacer reír y de ahí me colgué", confiesa el comediante. (Especial)

"Hubo un momento en que me di cuenta que nací para hacer reír y de ahí me colgué", confiesa el comediante. (Especial)

Los bomberos de la estación donde trabajaba su padre le brindaron los primeros aplausos. Creador de personajes inolvidables como Gordolfo Gelatino -una parodia del actor italiano Rodolfo Valentino- o Agallón Mafafas -un militar inspirado en Pedro Armendáriz-, Eduardo Manzano ha hecho reír a su público durante más de seis décadas.

Su infancia transcurrió en la colonia Guerrero. Descubrió su talento como imitador escuchando en la radio a Ferrusquilla, “el hombre de las mil voces”. Hizo una mancuerna inolvidable con Enrique Cuenca: Los Polivoces, que pasaron de los concursos de imitadores a ser estrellas de radio y televisión, además de presentarse en las caravanas artísticas de todo el país. Prácticamente toda su vida ha observado el entorno social de México a través de la comedia.

El niño que soñó en grande
Yo sé que para esto nací. Tengo una encomienda divina y estoy cumpliendo con ese mandato. Desde que me di cuenta de que podía hacer imitaciones, soñé con estar algún día en el Salón de la Fama, haciendo novelas, películas, todo lo que estoy haciendo ahora. Soy muy feliz, me embeleso con los talentos que Dios me dio.

La radio, su compañía
Mi pasatiempo era escucharla. Entonces me di cuenta que tenía la posibilidad de imitar voces, gracias a don José Ángel Espinoza Ferrusquilla, a quien admiro tanto, y lo admiraré toda la vida. Él era “el hombre de las mil voces”, además de un gran compositor. Me inspiró para hacer lo que él hacía y también me quedaba muy bien.

El primer artista de la familia
En mi casa siempre me apoyaron. A mis papás les gustaba lo que hacía y como veían que lo hacía bien, pues se ilusionaban, así me pude dedicar profesionalmente a la actuación. Para mí es maravilloso. Aunque tuve que estudiar otra carrera (Ingeniería electrónica) por si acaso me iba mal en esto. Sólo tuve un hermano, Miguel Ángel, él ya murió; se dedicaba a la radio, era radiotécnico. Mi papá fue comandante del cuerpo de bomberos durante muchísimos años y mi mamá se dedicaba al hogar. Como yo acompañaba a mi papá a su trabajo, me fui ganando el cariño de los bomberos, me querían mucho, me pedían que les hiciera imitaciones y era un púbico maravilloso.

Los Polivoces
Enrique y yo nos conocimos en un programa de concursos, precisamente de imitadores. Lo vi en la casa de mi tía, que tenía una tele en blanco y negro. Lo vi y dije: “ah, qué bueno es este muchacho. ¡Casi como yo!”. Lo busqué, nos conocimos y decidimos formar la pareja. En ese entonces yo estaba estudiando en el Poli la carrera de Ingeniería electrónica, que terminé, pero nunca ejercí. Trabajamos juntos muchos años, de 1971 a 1976, y luego nos fuimos cada quién por su lado, pero siempre seguimos siendo amigos, hasta el final. Enrique murió en el año 2000, lamentablemente.

Un artista con suerte
Siempre me fue bien. Puedo decir que sí, le atiné en lo que descubrí en mí mismo: mi talento. Por supuesto que creo en la buena suerte, unos nacen afortunados y otros sin fortuna. Pero sobre todo, creo mucho en Dios y en el destino. Dios le da algo a cada quién y el trabajo es descubrir qué es lo que tiene uno de más para poder explotarlo. Es como decimos en México: que los niños nacen con su tortita bajo el brazo; el trabajo es descubrir de qué es la tortita y cómo engullirla.

Su personaje entrañable
Para mí es Agallón Mafafas; me ha funcionado muchísimo toda mi vida como actor. Lo que más me gusta es la imitación, de ahí parte todo. Empecé en la radio, en la XEW, en los concursos que había, yo los buscaba, me inscribía y ganaba. También gané concursos en televisión, solo y con Enrique. Después, el señor Guillermo Vallejo, quien organizaba las caravanas, y la Corona Extra, que era la que patrocinaba esas giras, nos contrataron y esa fue mi gran escuela. El contacto con el público me fue llevando y pues aquí estoy. En la radio y la tele todo lo fuimos aprendiendo sobre la marcha, uno se va adaptando a todo y a luchar para destacar.

El humor, una forma de ser
Soy serio pero a la vez soy vacilador. Yo mismo no me entiendo a veces, pero el buen humor me ha abierto las puertas de donde me pare. Es maravilloso, una bendición. ¿Quién no prefiere reír a estar enojado? La risa es el único medio que existe para vivir todos los problemas y conflictos que se presentan, el buen humor es el alivio para que uno la pase bien siempre, con la familia, la sociedad, los amigos y con los compañeros. Hubo un momento en que me di cuenta que nací para hacer reír y de ahí me colgué. He sido tan feliz que brinco como chango marango.

LO QUE VIENE
Permanecerá en la temporada de La familia de diez, que dirige y actúa Jorge Ortiz de Pinedo en el Teatro Royal Pedregal. Basada en la serie televisiva que fue una adaptación de la obra El casado casa quiere, la puesta se estrenó en 2014 y se ha presentado en diversos teatros del país. Es un retorno vivificante, confiesa el actor, quien recientemente participó en la telenovela El bien amado, de Televisa.