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Donizetti entre luces y sombras

Alan Pingarrón protagoniza "El elíxir de amor" (de Gaetano Donizetti) de la mano de José Solé. Por segunda vez, el joven cantante participa en un montaje de la Ópera de Morelos, que tendrá presentaciones en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario (DF) y el Teatro Ocampo de Guadalajara.
Rosario Reyes
13 agosto 2015 21:43 Última actualización 14 agosto 2015 5:0
Las dotes vocales de Pingarrón le merecieron diversos premios, entre ellos el del público, del reality Ópera Prima, de Canal 22. (Edgar López)

Las dotes vocales de Pingarrón (der.) le merecieron diversos premios, entre ellos el del público, del reality Ópera Prima, de Canal 22. (Edgar López)

Sobre las tablas de la Sala Miguel Covarrubias el elenco de la Compañía de Ópera de Morelos ensaya la octava escena de El elíxir de amor. Tras un silencio, un arpegio de cuerdas punteadas anuncia el momento cumbre de esta obra de Gaetano Donizetti, y Alan Pingarrón (DF, 1987) entona, como si fuera la función, Una furtiva lágrima.

Una ovación de músicos y técnicos interrumpe la sobriedad de la jornada para celebrar el obsequio de un aria que obliga a lucir la mejor escuela belcantística: la mezza voce, la ligereza, la habilidad para ligar frases con un total control de la respiración y, sobre todo, la expresividad para logar esa tensión entre suavidad y dramatismo que caracteriza a aquella escuela romántica italiana.

Pingarrón sonríe, hace una discreta reverencia y vuelve al sitio donde inició su acción escénica. Para hacerlo cuenta sus pasos. Es invidente de nacimiento.

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DIRECCIÓN

El director José Solé indica al tenor cómo moverse en escena. Este ambiente “juguetón” es ideal para trabajar con Alan Pingarrón, explica Solé, ya que la interacción con otros personajes le permite contar con su apoyo al transitar por el escenario.

José Solé

“Lo más difícil es actuar como borracho. Es muy difícil, porque nunca me he emborrachado”, dice el tenor. En esta ópera cómica, la pócima con la que el ingenuo Nemorino cree que enamorará a su amada Adina si la bebe, no es otra cosa que vino. Sólo consigue embriagarse y con ello perder el interés de la joven hacia él –aunque no por mucho tiempo; a pesar de los entuertos, esta historia tiene un final feliz.

Tampoco es fácil lograr el tono bufo con los matices que requiere la pieza, admite. “Es una ópera muy interesante que todo el tiempo está jugando con la comicidad. Yo interpreto al personaje dramático, Nemorino, que es cómico en ciertos momentos, pero en otros regresa a un estado nostálgico, tímido”.

Para moverse en el escenario, algunos colegas le indican al tenor cómo caminar. Él parece gozar la actuación. “En una ópera concierto uno simplemente se para y canta, en un montaje hay que interactuar con los compañeros, hacer inclusive diferentes expresiones faciales. A mí me gusta más el formato escénico porque no estás desnudo, por decirlo así, te estás moviendo, no estás tan tenso pensando en las notas”, explica.

Mirada tradicional
La versión de José Solé como director de la puesta, que se estrena este domingo, se apega a la versión original. No le gusta alterar la tradiciónpues -dice-, se corre el riesgo de alejar al espectador con planteamientos incomprensibles.

“Se toman por modernas una serie de tonterías que ni van con la ópera, ni con una propuesta escénica. No estoy de acuerdo, por ejemplo, en eso de cambiar el vestuario para que parezca actual. Una vez le dije a un joven director de escena cuyos montajes pretendían ser modernos, con el argumento de no dejar morir la ópera: ‘Mejor déjala que se muera en paz y no ahuyentes al público con tonterías’”, refiere.

El elíxir de amor es una ópera antigua, no es vivencial como las obras de Puccini, por ejemplo. Es un cuento y así se presenta desde la escenografía de la maestra Laura Rode, que es una caja que se abre y de ahí salen los personajes, un poco como en un juego de niños”, agrega el director teatral.

Este ambiente “juguetón” es ideal para trabajar con Alan Pingarrón, explica Solé, ya que la interacción con otros personajes le permite contar con su apoyo al transitar por el escenario.

Es la segunda vez que Pingarrón participa con la agrupación morelense fundada por el barítono Jesús Suaste, quien interpreta al sargento Belcore -quien se disputa el amor de Adina con el humilde Nemorino en la obra. Fue también Solé quien dirigió la puesta en escena de La Bohème en la que tomó parte el tenor el año pasado. “Entonces teníamos dos elementos (de apoyo para el cantante) que no quise repetir ahora”, refiere. El planteamiento entonces fue presentar a Rodolfo, el protagonista, como un invidente acompañado por un lazarillo en escena. Del mismo modo, en esta puesta, la ceguera de Nemorino provoca la ternura de Adina (interpretada por la soprano Carla Madrid), “pero he evitado que use bastón o lazarillo; los personajes se van rolando para acompañarlo y evitar un accidente peligroso”.

Las dotes vocales de Pingarrón (explotadas por Iván López Reinoso, director de la Orquesta Juvenil Universitaria Eduardo Mata de la UNAM) le merecieron diversos premios, entre ellos el del público, del reality Ópera Prima, de Canal 22, hace cinco años. Antes de debutar con la Ópera de Morelos en 2014, alternó escena con Jesús Suaste desde 2009, en conciertos y montajes a la italiana (sin escenificación) de obras como Rigoletto, de Verdi. El cantante se presentará con la Sinfónica de Minería en septiembre y noviembre en otros estados, y en diciembre en el Palacio de Bellas Artes.

En DF
Domingo 16 de agosto, 18:00 horas
Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario
Precios: $100 y $200

Cuernavaca
Viernes 21, 20:00 horas; domingo 23, 18:00 horas
Teatro Ocampo de Cuernavaca 
Precios: $100, $200 y $300