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Don Quijote… en un lugar de NY

En "Don Quijote de Manhattan", Marina Perezagua recurre al caballero de los grandes ideales para elaborar una comedia crítica del mundo contemporáneo. Ella es considerada una de las voces más propositivas de su natal España.
Rosario Reyes
24 octubre 2016 21:29 Última actualización 25 octubre 2016 5:0
La trama inicia con dos personajes nacidos hace cinco siglos que despiertan sin memoria y sin sus caballos en las calles de Nueva York. (Alejandro Gómez)

La trama inicia con dos personajes nacidos hace cinco siglos que despiertan sin memoria y sin sus caballos en las calles de Nueva York. (Alejandro Gómez)

Marina Perezagua es considerada una de las voces contemporáneas más propositivas de España. Aunque ella asegura no ser de ninguna parte. Ha pasado los últimos 14 de sus 38 años de vida en Nueva York, pero antes vivió en Francia, Italia y Japón.

Para ella, abordar al Quijote en su nueva novela tiene menos que ver con la añoranza de su país o del pasado, que con arrojar una mirada fresca al presente. “Puede ser que tenga algo de nostalgia, pero no viene de un sitio determinado, sino de una especie de desenraizamiento”, dice en entrevista la autora de Don Quijote de Manhattan (Testamento yankee), que editorial Lince acaba de publicar en México.

La autora de Yoro, una novela que enlaza las vidas de una víctima de la bomba atómica sobre Hiroshima y una mujer de la República Democrática del Congo actual, acude al pasado nuevamente en su versión quijotesca, como una forma, dice, de afianzar a sus personajes a la realidad.

“A mí me encanta la rapidez de hoy, me parece que el cerebro trabaja mucho más rápido, no estoy en una línea de nostalgia de la historia. Lo que ésta me da es un escenario que ancle a mis personajes, porque son todos un poco doloridos, o excéntricos, estrambóticos, histriónicos y la historia les da ese asidero que permite al lector reconocer escenarios reales”.

Don Quijote de Manhattan es un ejercicio de hilaridad en el que la autora critica la falsedad del ideal del sueño americano y aparece por casualidad el año del 400 aniversario de la muerte de Cervantes. “No pretendía formar parte de las celebraciones. Me apetecía pasarme al género de la comedia, pero utilizándolo como herramienta de crítica social. El humor del Quijote no es irrelevante, se presta para cuestionar el entorno”.

Sin nostalgia por el pasado
Título: Don Quijote de Manhattan (Testamento Yankee)
Editorial: Lince 2016
Año: 2016
Páginas: 312
Precio: 399 pesos

La trama inicia con dos personajes nacidos hace cinco siglos que despiertan sin memoria y sin sus caballos en las calles de Nueva York. “No obstante, como se verá en esta historia tan lastimosa como alegre y tan alegre como lastimosa, ni hidalgo ni escudero dejaron nunca de sentir, en el fondo de sus almas, unos pozos de melancolía que les llevaban a recordar cosas que —pensaban ellos— no habían conocido”, escribe la autora al comienzo de esta increíble aventura en la que el protagonista no encuentra a su Dulcinea, pero sí se enamora, locamente, de la Torre de la Libertad, que sustituyó a las Torres Gemelas.

“Desgraciadamente en esta época nada me parece disparatado”, explica Perezagua acerca de las peripecias que viven sus personajes. “Así es la comedia o una parte de ella que se basa en la hipérbole, en la exageración. Sin embargo, el libro está cargado todo con críticas directas a las políticas migratorias, por eso pienso que es tan actual, lo será siempre, mientras haya un mundo en el que todos nos sentimos desubicados por momentos”.

La novela aborda temas como la tenencia de armas, las torturas en cárceles de alta seguridad, el racismo, el feminismo “mal entendido” y los ecologistas radicales; una serie de movimientos que hay en Estados Unidos, puntualiza.

Si en la versión original el protagonista lee el Amadís de Gaula, este Quijote enviado del pasado al Nueva York contemporáneo se acompaña de la Biblia, que de acuerdo con la narradora, ilustra ese intento de cambiar el mundo que impulsa al personaje. “Es un libro muy terrible y muy bello, que tiende en ciertas partes a los utopismos. En mi novela hay un apocalipsis que se va anticipando desde el principio, pero después ocurre algo que daría lugar a una segunda parte, si es que la escribo, que iría al revés, de la tragedia a la risa”.

También, en su novela persiste una esperanza que parte de una pregunta: ¿y si Don Quijote no estuviera loco y sí se pudiera arreglar el mundo? “Quería ser un poco más optimista que en mis libros anteriores, sobre todo la novela, Yoro, que abarca 60 y pico de años de mucha dureza, desde el ataque nuclear hasta las minas de uranio en Namibia, que se siguen explotando hoy y ese uranio alimentó la bomba de Hiroshima”.

Cada lector descubrirá las sutilezas que sugieren el aliento persistente en Don Quijote de Manhattan, pero el simbolismo del amor del caballero hacia la Torre de la Libertad podría ser una clave. ¿Dónde hay más esperanza que en el amor a lo intangible? “La gente me pregunta por qué no hacer de Dulcinea una persona. Precisamente por esa idea de profesar amor a lo que no se puede tocar y que, sin embargo, se tiene fe y fuerza para perseguirlo”.

Marina Perezagua (Sevilla, 1978)
Es licenciada en Historia del Arte, obtuvo un doctorado en Filología hispánica en Estados Unidos y posteriormente se dedicó a impartir clases de lengua, literatura, historia y cine hispano-americano en la Universidad Estatal de Nueva York, en Stony Brook.

Después, durante dos años trabajó en el Instituto Cervantes de Lyon. Hoy reside en Nueva York y se dedica a impartir clases en la maestría de Escritura Creativa en Español en la New York University.

Es autora de los libros de cuentos Criaturas abismales y Leche, y de la novela Yoro.