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culturas

Dolor unánime...

Entre lágrimas y mariachi, figuras de la política y admiradores de todo el país acudieron al Palacio de Bellas Artes para despedir a Juan Gabriel.
Rosario Reyes
05 septiembre 2016 21:22 Última actualización 06 septiembre 2016 5:0
Iván Aguilera colocó la urna con las cenizas de su padre en el vestíbulo del recinto, acompañado por amigos, familiares y funcionarios. (Edgar López)

Iván Aguilera colocó la urna con las cenizas de su padre en el vestíbulo del recinto, acompañado por amigos, familiares y funcionarios. (Edgar López)

La llovizna pertinaz comienza a hacer más tortuosa la espera. Algunos han pernoctado en los alrededores del Palacio de Bellas Artes para ser de los primeros en dejar flores de despedida al ídolo, como Guillermina González, quien llegó el domingo a las ocho de la noche. Ella es integrante del club Amor Eterno, de la Ciudad de México, y con sus horas de ventaja, cuenta que la mayoría de la gente comenzó a llegar a las 7 de la mañana. La espera es un gesto mínimo para retribuir al artista todo lo que le dio, afirma emocionada. Es una mujer de mediana edad y luce fresca, vestida de blanco y con maquillaje discreto.

Cinco minutos antes de las 4 de la tarde, el público comienza a entrar en el Palacio. Provenientes de Monterrey, San Luis Potosí, Guadalajara y Estados Unidos, miembros de los clubes de fans del Divo de Juárez forman una nueva fila en el vestíbulo. La mayoría muestra la solemnidad propia de un doliente. Su paciencia es conmovedora.

La prueba de cómo el talento de Juan Gabriel llegó a toda la gente es este homenaje, admite Rafael Tovar y de Teresa minutos antes del arribo del cortejo. El secretario de Cultura federal reconoce que el fallecido artista es una figura única de la música de México.

“Todas sus canciones tienen un mensaje. De frases cortas, sencillas, son un diálogo con quien lo escucha, aplicable a situaciones y a un modo de ser del mexicano”.

En punto de las 4 de la tarde con 45 minutos, en las manos de Iván Aguilera, la urna con las cenizas de Juan Gabriel llega, entre aplausos, al recinto. Al hijo del artista lo acompañan amigos y miembros de la familia, entre ellos Jesús Salas, y un séquito oficial integrado por Rafael Tovar y de Teresa, la titular del INBA, María Cristina García Cepeda, y el gobernador de Chihuahua, César Duarte. Ellos montan las primeras guardias al centro del vestíbulo florido, en el que hay solamente tres coronas: hecha de rosas blancas, la del cantante Luis Miguel, y las de Presidencia de la República y del INBA.

Frente a las cenizas, y acompañado por el maricachi Gama Mil, que en numerosas ocasiones acompasó las notas del Divo, el tenor Fernando de la Mora abre la ceremonia con Amor eterno, título de la canción que da nombre a estas exequias. No hay una sola persona de las que avanzan para acercarse a la urna, que no cante este himno popular, que algunos entonan entre lágrimas.

Te lo pido por favor es el tema que Aída Cuevas obsequia, tan emocionada como el público, a veces con la voz entrecortada, y al recinto lo invade un ambiente de tristeza. Esa emoción que Juan Gabriel expresaba con tanta simplicidad: “Que seas muy feliz. Que encuentres amor, mi vida. Que nunca, mi amor, te digan adiós un día”.
“¡Gracias por todo, Juan Gabriel! ¡En México te amaremos por siempre!”, remata la cantante, coreada por la multitud.

De pronto, el silencio se apodera del recinto, cuando una voz infantil, de una niña bañada en llanto, comienza cantar La gata bajo la lluvia, uno de los éxitos de Rocío Durcal, quien durante años fue pareja artística de Juan Gabriel.

Pero qué necesidad. Esa melodía festiva que expresa la más avanzada filosofía popular, rompe el momento de tristeza. Así es la vida, siempre cambiante. Juan Gabriel lo sabía bien. La cantan los mariachis, que descienden la escalinata para despedirse de su artista, con una reverencia.

A la par del pueblo, figuras de la política llegan también al adiós: el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles; el exgobernador de Veracruz, Miguel Alemán Velasco, y la exprimera dama, Marta Sahagún, entre otros.

De acuerdo con Tovar y de Teresa, el presidente Enrique Peña Nieto mandaría un mensaje de condolencia, ante la dificultad para llegar a tiempo a la ceremonia, debido a su viaje a China.

Significativamente, alrededor de las 5 y 10, la tarde se despeja. El sol se prodiga, generoso, como en aquella canción del bien amado Juanga, a quien el Coro de la Ópera de Bellas Artes honra poco después con el Va Pensiero, de Giuseppe Verdi.

“Culturalmente Juan Gabriel es importantísimo, porque cultura es todo aquello que mejora la vida de nuestros pueblos. Él lo hizo y va a pertenecer para siempre a todos nosotros”, expresa Fernando de la Mora tras inaugurar la larga jornada que, confirmó el secretario de Cultura, terminará hoy a las 7 de la noche.

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