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Diego Luna revela amores contemporáneos

01 febrero 2014 10:13 Última actualización 28 noviembre 2013 5:35

 [En su primer monólogo, el actor escenifica cómo funcionan, o no, las relaciones / Cuartoscuro]


 
 
Rosario Reyes
 
El amor de pareja y las segundas oportunidades son el centro de una “esperanzadora” obra escrita y montada en tiempo récord, (“empecé a escribir la obra en septiembre y ya estamos estrenando”, cuenta el autor), cuya idea surgió entre tragos y confesiones de quienes a la postre se convertirían en grandes amigos: el actor y productor Diego Luna y el dramaturgo y director Alejandro Ricaño.
 
Ambos debutan en un monólogo con Cada vez nos despedimos mejor, comedia de humor negro que transcurre en México durante 33 años y narra la historia de encuentros y desencuentros entre Mateo y Sara, quienes nacieron en el mismo hospital, el mismo día, a la misma hora, lo cual parece destinarlos irremediablemente a estar juntos. Aunque el destino es impredecible.
 
Diego Luna encuentra un paralelismo entre “la esperanza” que se renueva cada sexenio en este país, con “la ingenuidad” que impulsa a los seres humanos a “volver a creer en el amor” después de un tropiezo. En la trama, se hace referencia a hechos ocurridos entre 1979 y 2012, como el terremoto de 1985, el Mundial del 86, o los dos periodos panistas y el regreso del PRI a la presidencia.
 
Preocupaciones de una generación
Por separado, los creativos coinciden en el interés que tenían por montar una comedia mexicana. “Ya estaba cansado de ir a buscar y traer obras que suceden en Nueva York, Londres y Copenhague, y tropicalizarlas un poco y meterle unas cuantas palabras y referencias mexicanas que conecten con el público”, explica Luna. “Hay que celebrar lo que está pasando aquí. Hay un chorro de voces que están escribiendo teatro, hay que festejarlos y ponerlos en los escenarios”.
 
El teatro, asegura, “para mí es regresar a por qué hago lo que hago. Creo que el teatro es un medio de crecimiento para los actores, es un taller donde ejercitas y trabajas los músculos que el actor necesita tener vivos”.
 
Al respecto, Ricaño cuenta que la experiencia de trabajar con Diego Luna fue enriquecedora por la entrega de quien se involucró en todos los aspectos de producción del montaje. “Diego venía de no hacer teatro en dos años y no hacer trabajo físico durante un buen rato, el monólogo requiere una buena condición física para aguantar tanto tiempo en el escenario y él se sometió a una disciplina para de veras a las nueve empezar con lecturas, luego teníamos un entrenador, Adrián Vázquez, que lo puso en cintura, bajó diez kilos y cuando empezamos a montar, se encargó conmigo de todos los flancos”.
 
Además, tenían intereses en común. “Somos más o menos de la misma generación, entonces había historias compartidas, ciertos eventos que marcaron al país, también marcaron nuestra infancia, nuestra adolescencia y el inicio de nuestra edad adulta”.
 
Así que esta empatía los llevó a trabajar juntos. “Los dos estábamos pasando por momentos difíciles, separaciones recientes y decidimos hablar de eso, sin que fuera en absoluto autobiográfico, no sólo queríamos hablar de la pareja, sino de los padres, la pérdida”, y el resultado fue este monólogo que cuenta “una historia de amor muy bonita, esperanzadora”, aunque, aclara, “no tiene un final feliz, también habla sobre cómo uno debe sobrellevar una separación y aprender a soltar”.
 
Sin embargo, el dramaturgo se resiste a hablar sobre las parejas contemporáneas, “nos preguntan mucho eso, como si tuviéramos una verdad sobre el tema, como si pudiéramos siquiera dar una opinión inteligente y la verdad es que estamos tan confundidos como todos, me acuerdo del final de Annie Hall, la película de Woody Allen, en el que dice voy a contar un chiste: ´un tipo va al psicólogo y le dice mi hermano está loco, cree que es una gallina. Y el doctor le responde por qué no lo internan en el psiquiátrico, y él responde, lo que pasa es que necesitamos los huevos´. Las relaciones de pareja son exactamente lo mismo, son completamente irracionales, no las vamos a entender nunca, no tienen sentido, pero estamos ahí porque necesitamos los huevos.
 
“No hay una diferencia entre las parejas contemporáneas y las parejas a lo largo de la historia, excepto por el deshecho de ciertas costumbres: Hace 50 años la Iglesia les dijo cásense, y si se divorcian se van a ir al infierno y la gente vivía infeliz al lado de una persona que ya no amaba, para que no lo castigara Dios; ahora puedes irte en paz de una relación si no está funcionando y nos hemos también librado de ciertos prejuicios, podemos probar primero vivir con alguien a ver si es la persona con la que queremos pasar el resto de nuestras vidas, pero al mismo tiempo nos colgamos un poquito de eso, al primer problema nos separamos, tal parece que la dinámica es pasar no más de dos, tres años con alguien y así pasar el resto del curso de tu vida, quién soy para decir si eso está bien o mal, la verdad es que ahora la vida funciona de una forma rapidísima y las relaciones igualmente”.