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DEPORTES

Derek Jeter se despide de la ciudad que lo forjó y hoy lo idalatra

Derek Jeter es el eterno gladiador de la eterna Nueva York, que ayer despidió a su eterno capitán. Él era hijo predilecto del rey de los deportes.
René Hernández
25 septiembre 2014 22:17 Última actualización 26 septiembre 2014 5:0
Como un final de película, Derek Jeter se despidió del Yankee Stadium con una victoria de una temporada marcada por el fracaso de su equipo. (Reuters)

Como un final de película, Derek Jeter se despidió del Yankee Stadium con una victoria de una temporada marcada por el fracaso de su equipo. (Reuters)

En el verano de 1992, los Yanquis detectaron a un joven que bateó para .508 de porcentaje en su último año de preparatoria en Kalamazoo, Michigan. Aquel estudiante se convirtió en la primera selección del Draft para los neoyorquinos. De ahí incursionó a las Ligas Menores para continuar con su formación, donde le tomó tres años llenarle el ojo a los Bombarderos del Bronx.

El 29 de mayo de 1995, Derek Jeter tuvo su primera experiencia en las Grandes Ligas, después de que el parador en corto titular, Tony Fernández, fue colocado en la lista de lesionados. Debutó en Seattle y desde entonces saltó al campo por la misma organización durante los siguientes 20 años.

Es difícil pensar que en tiempos donde la competencia, exigencia y renovación de los cuadros es una constante, un jugador pueda permanecer por tanto tiempo en una institución. Más cuando se trata de un equipo que vale 2 mil 500 millones de dólares y tiene una nómina de 225 mdd anuales según Forbes, la más robusta de la MLB.

En ese mercado encarnizado por incoporar a los mejores en los mejores equipos, Juan Villoro ejemplifica con un caso de estos en el futbol, la existencia de un gladiador extremo. “Es cierto que juega en la liga italiana, satisfacción suficiente para cualquier crack, pero lo hace para la Roma”. Ese jugador es “inmune a las ofertas y la seducción de otros colores; Francesco Totti cumple un destino extraño en la era de la globalización. Nació en la Ciudad Eterna, pero no en su sitio de esplendor”. Lo que lo distingue es ser la única “superestrella del balompié, emocionalmente incapaz de jugar en otro equipo a estas alturas de su celebridad”.

En el beisbol, un juego de estrategia en el que la razón, premeditación, análisis y coordinación motriz elevan los sentidos, es difícil encontrar a alguien que se desempeñe al máximo nivel tanto tiempo con los mismos colores, bajo la misma bandera.

En el equipo con más campeonatos de la MLB ( 27), el rival eterno, con la capacidad económica de comprar al pelotero que le plazca, Jeter es el símbolo de Nueva York, la nueva Roma, el centro financiero, cultural, político y artístico del mundo que tiene como hijo predilecto a un profesional de El rey de los deportes, la disciplina que se forjó en América, la de los migrantes, la de la pequeña Italia, con irlandeses, escoceses, polacos, rusos y hasta holandeses que construyeron una nueva nación al igual que un nuevo deporte.

Jeter es hijo de un hombre de raza negra y madre caucásica, el resultado de un país más tolerante. Él se adueñó de la posición estelar y le rindió lealtad a su equipo, a su ciudad. El capitán representa la antítesis del libre mercado: Derek es el eterno gladiador de la eterna Nueva York, que ayer despidió a su eterno capitán.