AFTEROFFICE
culturas

De ese corazón que se agitaba con las palmas

Paco de Lucía conjugó su vida con el verbo crear. Jugaba con sus hijos en la playa de Tulum cuando se sintió mal. Fallaba el corazón que tanto se agitó con las palmas y los ¡ayes! Otro inmortal se arrancaba de la Tierra este 2014 tan impío.
María Eugenia Sevilla
01 enero 2015 22:41 Última actualización 02 enero 2015 5:0
Paco de Lucía tenía un algo solar que todo lo convertía en oro. (Cortesía)

Paco de Lucía tenía un algo solar que todo lo convertía en oro. (Cortesía)

Y siguió entregando obras de una belleza demoledora después de aquel 25 de febrero en que ese corazón, que se agitaba con las palmas y los ¡ayes! y se calmaba con el turquesa del mar, tocó la inmortalidad. A punta de encerronas en aquel cuartito de grabación que se acondicionó en su entrañado Caribe mexicano, entre ceniceros rebosantes el Paco introspectivo dio rienda a la soledad para entregar su último disco, el más íntimo, que llamó Canción Andaluza y que le mereció el Grammy Latino al Mejor álbum, por encima de una serie de contrincantes que, en realidad, no podían serlo. Y se llevó otro más, al Mejor álbum flamenco.

Poco antes se estrenó Paco de Lucía: la búsqueda, el documental que Curro Sánchez Varela, su hijo de 30 años, realizaba sobre el tocaor, y cuya inesperada muerte, a los 66 años, no logró truncar. En la cinta -apenas uno entre un sinfín de proyectos que dejó pendientes-, el payo de alma gitana se transparenta: la elegancia de su templanza alegre, la gracia para esgrimir la adversidad que conoció desde la infancia, esa valija llena de carencias que al transformarse en fortuna, no hizo más que impulsar la altura de su espíritu sencillo y generoso.

Conoció los extremos y los armonizó bien: la disciplina y el goce, la parquedad personal y el éxito internacional. Así tornó en arte la férrea disciplina que le impuso el padre desde que, con siete añitos, tomó su primera guitarra, en su natal Algeciras.

“Mi peor pesadilla”, describía al instrumento que domó en largas jornadas que lo apartaron de la escuela porque no había tiempo que perder y sí un sustento que ganarse sobre el tablao. “Hija de puta”, decía. “La detesto”, como si se tratara de una amante ingrata. Pero la amó hasta la muerte. Con esos amores que transforman.

Paco de Lucía conjugó su vida con el verbo crear. Tenía un algo solar que todo lo convertía en oro. Por eso su gran amigo, el pianista Chick Corea,le compuso una pieza a la que nombró The Yellow Nimbus (La nimbus amarilla) en virtud de una visión que tuvo al actuar con él en ciertas ocasiones: “Cuando tocaba con Paco, juro que veía una suerte de aura dorada alrededor de él”, recordó el pianista en un video que se proyectó durante el homenaje póstumo que se le rindió en mayo en Cancún, el adorado Caribe donde confesaba, “he sido muy feliz”.

Tan alquimista él, que siendo un payo (un blanco) revolucionó el edificio monumental de la tradición flamenca, con su estilo único; metiendo la cuchara desde la técnica hasta la armonía, añadiendo bajo eléctrico y percusiones latinas por primera vez, como lo hizo al improvisar la creación de Entre dos aguas, esa permisiva rumbita que terminó por convertirlo en un artista popular con el disco Fuente y Caudal de 1973. Y combinándose con figuras del jazz como Al Di Meola y John McLaughlin, con quienes grabó el célebre concierto Friday night in San Francisco.

Tan generoso él, que llevó el flamenco al mundo; a través de la televisión atrajo oídos nuevos y obligó a los viejos a abrirse a la amplitud de su propuesta. Una propuesta tan bárbara como su amistad con Camarón de la Isla, ese hermano que marcó su vida tanto como la guitarra y de quien -cosas de la vida y de la muerte-, nunca se perdonó no haberse despedido: se habían enfadado unos meses antes de que el cantaor se le adelantara en el gran viaje, en 1992. Con él grabó 12 discos, entre ellos Porto de rabia y miel, de ese mismo año, que fue su última colaboración y también el último disco de Camarón.

Al fondo el turquesa que lo calmaba todo, jugaba con sus hijos en la playa de Tulum cuando se sintió mal. Fallaba el corazón que tanto se agitó con las palmas y los ¡ayes! Otro inmortal se arrancaba de la Tierra este 2014 tan impío.