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CULTURAS

De decapitaciones, ciencia macabra y mucho más

¿Por cuánto tiempo podrá hablar una cabeza decapitada? ¿Antes de la guillotina, qué papel jugaba el verdugo? El escritor argentino juega en su nuevo libro, "La comemadre", con éstas y muchas preguntas más. El resultado es una novela alucinante. 
Eduardo Bautista
15 abril 2015 22:52 Última actualización 16 abril 2015 5:0
"La comemadre" ya está a la venta en librerías mexicanas bajo el sello de Turner.

"La comemadre" ya está a la venta en librerías mexicanas bajo el sello de Turner.

Las propuestas de Roque Larraquy (Buenos Aires, 1975) no son convencionales. Una de ellas, tan macabra como fascinante, consiste en reunir a pacientes terminales, cortarles la cabeza sin dañar las cuerdas bucales, esperar nueve segundos y descubrir si, en efecto, el cerebro sigue funcionando. Pero, ¿Por cuánto tiempo podrá hablar una cabeza decapitada?

Ésa es tan sólo una parte de lo que se puede leer en La comemadre (Turner), la segunda novela de este autor argentino tan interesado en la ciencia –o, mejor dicho, la pseudociencia– como en la literatura. Para él, una y otra se retroalimentan. Uno de sus mayores intereses, dice, es hurgar en la concepción del cuerpo humano que ha tenido la civilización a lo largo de su historia.

“En la pseudociencia he hallado una cantera muy rica de ficción. Hoy la sociedad vive tiempos en los que constantemente se redefinen el horizonte y el conocimiento científico”, comenta el autor.

La comemadre está compuesta por dos relatos complementarios. En el primero, ubicado en 1907, la historia se desarrolla en un sanatorio público. Allí, el doctor Quintana incursiona en una serie de experimentos aterradores para conquistar a una enfermera misteriosa. El segundo se lleva a cabo en 2009, en un contexto en el que el cuerpo se convierte en objeto artístico y mercancía. En ambos relatos, el humor nunca desaparece; tampoco la crítica social.

“Es una novela con una cierta carga de humor en la que se realiza una descripción del estado cultural de una época. Sin embargo, el discurso científico hace que sea una historia que pueda leerse bajo los preceptos de la condición contemporánea. Es también un relato bastante irresponsable en términos estéticos”, señala el también autor de Informe sobre ectoplasma animal.

En las primeras páginas del libro, el escritor realiza un peculiar análisis de las decapitaciones que se realizaban antes del invento de la guillotina:

“La pena capital era un espectáculo público con personajes fijos: verdugo, condenado y populacho. El final invariable no mitigaba el efecto de la representación, a la vez catártico y didáctico. Al alzar la cabeza ante la multitud, el verdugo entrega a su víctima una visión del mundo, última y menguante. Haciéndolo, no sólo contradice la idea misma del castigo, sino que convierte al público en espectáculo”.

Lo más sorprendente de La comemadre es, quizás, que el autor se inspiró en la vida real. Un buen día descubrió en una vieja revista de 1907 llamada Caras y caretas, un anuncio que ofrecía curas milagrosas a enfermos de cáncer. El autor, entonces, decidió continuar la historia. Sólo que no curó a nadie; nada más cortó cabezas.

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Roque Larraquy
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Roque Larraquy