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CULTURAS

Agéndalo: Una noche de jazz con Danilo Pérez

Heredero de las escuelas jazzísticas de Miles Davis, Wayne Shorter y Dizzy Gillespie, el pianista panameño Danilo Pérez es creador de una música que hará que te levantes de su asiento. Este miércoles se presentará con el trío "Children of the light" en el Lunario.
María Eugenia Sevilla
23 septiembre 2014 21:6 Última actualización 24 septiembre 2014 5:0
Danilo Pérez es uno de los pianistas más exigentes de nuestro tiempo. (Cortesía)

Danilo Pérez es uno de los pianistas más exigentes de nuestro tiempo. (Cortesía)

“¡Algo no anda bien con este piano!”. Danilo Pérez llevaba un buen rato peleándose con el instrumento. A media prueba de sonido pidió al bajista John Patitucci y al baterista Antonio Sánchez -con quienes tocaría esa noche- que mejor se fueran a comer. Eran las cinco de la tarde y el concierto empezaba a las 10. A esa hora mandó llamar al afinador del Lunario y le pidió que bajara el mecanismo. Le metió mano personalmente hasta que quedó como lo deseaba. Ni comió. Danilo Pérez tiene fama de ser uno de los pianistas más exigentes.

Pero el perfeccionismo no quedó ahí. Apenas inició la presentación, comenzó a pedir ajustes al ingeniero de sonido. Paró. Se levantó del asiento y comenzó a aplaudir, despacio, en distintas direcciones. Los músicos se miraban entre ellos. ¡Eureka! Dio una última instrucción a los sonidistas y comenzó, da capo, la que fue su última presentación en México, hace ocho años.

“Obsesión es una buena palabra”, dice riendo, como si alguien lo hubiera descubierto in fraganti. No es fácil ser así, admite. “Me ha cambiado la vida porque mi esposa es musicoterapeuta, me ha ayudado muchísimo. Ahora la música es como una terapia y este tema de la obsesión se ha estado mejorando. Una tendencia probablemente desde muy pequeño”. Una obsesividad que ha llevado al grado de lo sublime, al haber abrevado de sus maestros, el legendario trompetista Dizzy Gillespie y el saxofonista Wayne Shorter, quien lo hizo heredero de una escuela única en el jazz.

ESTÉTICA GALÁCTICA

El pianista panameño es uno de los pocos músicos en el mundo que cuando toca es capaz de crear eso que Shorter llamó gravedad cero, concepto que se refiere, por decirlo fácilmente, a una forma de tocar que hace que los escuchas sientan que se elevan de sus asientos.

El efecto sonoro parece borrar los límites entre un instrumento y otro.
“Es la escuela de Miles Davis, está clarita”, dice. Ha tocado con pura leyenda. A los 17 años se convirtió en el músico más joven en formar parte de la United Nations Orchestra, del trompetista Dizzy Gillespie, su mayor influencia estilística, y con quien tocó hasta su muerte en 1992.

Más tarde formó parte, con Patitucci, del trío del legandario baterista Roy Haynes, y después, del cuarteto de Shorter, al que pertenecen también Patitucci y el baterista Brian Blade, los músicos con quienes regresa al DF bajo el nombre de Children of the light.

Para Danilo Pérez, tocar sin Wayne es tocar con él. “Pensamos mucho en él. Y la presencia se siente muy fuerte. Pero estamos creando nuevos caminos para recorrer bajo su inspiración, que nos dice: ‘toca como tú quieres que el mundo sea’”.

En este proyecto hay pinceladas distintas, añade. “El bajo eléctrico, que no usamos con Wayne. Yo estoy escribiendo música con raíces folclóricas de Panamá, un toque más étnico, y Brian Blade trae otro sonido en la batería y algunas percusiones; así que hay ciertos colores que están empezando a nacer, de estilo propio. Aquí todo es más colectivo, todos escriben, pero se sigue desarrollando el sistema de valores que hemos aprendido con Wayne: que sea ‘galáctico’, volar fuera del espacio; como tres niños que manejan un lenguaje que ellos inventaron”.

MÚSICA EN 3D

Parte del material que Children of the light interpretará esta noche en el Lunario del Auditorio Nacional proviene de Panama 500, el más reciente disco de Danilo Pérez, en el que lleva un paso más allá su concepto de música tridimensional, una propuesta que raya en lo visual a través de evocaciones sonoras y de una narrativa rítmica y melódica que, en este caso, remite deliberadamente a la historia de Panamá. El proyecto condensa el devenir del país centroamericano a través de los ritmos autóctonos, los que llegaron con la Conquista, y el folclor actual, reinterpretados con su propia visión jazzística.

“Desde mis primeros discos, como el Journey, siempre he buscado lo que yo defino como el Caribe interior. Creo en la música como herramienta de cambio social y creo que es muy unificadora, por eso me inspira mucho la idea de Panamá como puente de las Américas. Conciliar ese estado de unidad a través de la música es un sueño de muchos años”. Un sueño que lleva a cabo no sólo en el arte, sino en el trabajo social a través de él. A eso se dedica la Fundación Danilo Pérez, con la que dio lugar al Panama Jazz Festival, que más allá de ser una plataforma artística, ha desarrollado un importante programa educativo con el que ha logrado la profesionalización musical de chicos panameños en situación de calle y en riesgo.

“Hemos abierto las puertas a muchachos para hacer una licenciatura, y el 98 por ciento ha regresado y están dando clases en la Fundación. Es un gran logro que sea un centro de oportunidades para muchachos de Latinoamérica -hay varios de México que han venido a audicionar-, y ahora queremos hacer una capital del jazz en Panamá. Tenemos un club que acabamos de abrir donde todos estos chicos han crecido; a través de la música han cambiado su vida, su dirección. Hay muchachos que si no hubiera sido por esto estarían muertos o en la cárcel y ahora son talentos que viven de la música”.