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¡Cuidado! Aprende a escuchar a tus hijos

No todos los padecimientos que aquejan a los hijos son biológicos, por lo que el primer paso es hablar con ellos sobre lo que les pasa. Al menos así lo advierte la doctora Lizbeth Ponce, quien forma parte del grupo de autores de "¿Qué tanto conozco a mi hijo?"
Los especialistas brindan información para los papás sobre cómo tratar los síntomas más comunes en niños y jóvenes. (Especial)

Los especialistas brindan información para los papás sobre cómo tratar los síntomas más comunes en niños y jóvenes. (Especial)

Si bien los niños y jóvenes actualmente enfrentan problemas, hay un detalle en la relación entre padres e hijos de la cual parten las soluciones: saber escuchar.

Cuando los adultos prestan atención a los menores es más sencillo detectar sus necesidades y saber cómo atender los problemas de salud física, emocional o mental que les aquejan, advierte la doctora Lizbeth Ponce, quien forma parte del grupo de autores de ¿Qué tanto conozco a mi hijo?, de editorial Grijalbo.

En el libro de reciente aparición, los expertos de la escuela lacaniana y miembros de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, Lizbeth Ponce, Juan Mitre, Iván Ruiz, Graciela Sobral y José Ramón Ubieto, bajo la coordinación de Miriam Martínez Garza y Gustavo Stiglitz, brindan información para los papás sobre cómo tratar los síntomas más comunes en niños y jóvenes.

El lector encontrará respuestas para tratar los trastornos de alimentación, bullying, depresión, trastorno de atención y el autismo. “Es una oportunidad de oro para hablar con los adultos sobre temas recurrentes en consulta”, explica la siquiatra venezolana radicada en México. Otros países de residencia de los autores son España y Buenos Aires, de modo que su experiencia habla de los jóvenes en un panorama global.

“Los síntomas se presentan con la misma frecuencia e intensidad. El trastorno de atención es casi como una epidemia a nivel mundial; la depresión -su tema en el libro-, no tanto, porque no se diagnostica bien”
Así que estos son males de los tiempos actuales, pero no totalmente.

“La depresión infantil ha existido siempre, igual que el autismo; los trastornos de alimentación sí son algo más moderno, que tiene mucho qué ver con la edad de la adolescencia, sometida a una cultura donde la imagen es muy importante. El maltrato en las escuelas ahora tiene un nombre distinto, pero el acoso escolar también ha existido, aunque sí hay una predominancia de esta patología ahora”, destaca la experta.

Respecto al diagnóstico, advierte que cuando los niños o jóvenes tienen un cambio de conducta, “se piensa en muchas cosas, menos en depresión, por una idea equivocada de que no se deprimen. También, los síntomas son muchísimos y variados, en los niños sobre todo, y se pueden confundir por ejemplo con un trastorno de atención”.

Si bien la doctora reconoce que cada pequeño es único y sus síntomas particulares, la idea general del libro es detectar ciertas conductas, “y muchas veces, al abordarlo con sus hijos, se resuelve el síntoma, y si no es así, lo recomendable es llevarlo con el médico. Hay una tendencia a creer que todo es biológico y acuden a un neurólogo, que no está capacitado para diagnosticar trastornos emocionales, y por ahí va el mal diagnóstico. El primer paso es darle espacio al niño para que hable”.