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DEPORTES

Cuba y sus gimnastas apuestan por Tokio 2020

El talento nato y el legado de la escuela rusa de Manrique Larduet pueden llevar a Cuba a ganar su primera medalla en la gimnasia olímpica.
Alain Arenas
27 noviembre 2017 20:47 Última actualización 28 noviembre 2017 5:0
gimnasia

(Esmeralda Ordaz)

Nadie en la familia de Manrique Larduet practicó la gimnasia. Su primer contacto con la disciplina fue cuando un vecino –de su natal Santiago de Cuba, localidad ubicada a 868 kilómetros al sureste de La Habana– le enseñó los movimientos básicos: estiramientos, algunos ejercicios en una barras paralelas improvisadas y a pararse de manos.

“Desde el primer momento me encantó, por eso, cuando vinieron los entrenadores de la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE), los convencí de que tenía las cualidades necesarias para convertirme en gimnasta”, recuerda.

Larduet al igual que todos los niños cubanos –a partir de los 5 años– son sometidos a pruebas para detectar potenciales atletas para el alto rendimiento. Los elegidos se reparten entre beisbol, boxeo, lucha grecorromana, futbol o gimnasia.

La EIDE surgió en 1965, según publica el portal cubano Ecured. Primero fue en locales improvisados dentro de los centros de estudios distribuidos en el país y, posteriormente, en octubre de 1977, el entonces presidente Fidel Castro inauguró la primera escuela formal en La Habana.

“En aquella época llegaron los primeros maestros de gimnasia rusos para adiestrar a los entrenadores cubanos. Posteriormente, por los acuerdos que tenían ambas naciones, permitieron que algunos cubanos viajaran a Rusia y se capacitaran. Cuando regresaban, les transmitían sus conocimientos a los atletas y a una siguiente generación de entrenadores. Los viajes concluyeron a mediados de los 80. Sin embargo, las enseñanzas se mantuvieron porque algunos de ellos se convirtieron en maestros de la EIDE”, cuenta Carlos Gil Hernández, entrenador de Larduet.

La EIDE arrojó sus primeros resultados a partir de los Juegos Olímpicos de México 1968. Cuba siempre contó con representantes varoniles hasta las Magnas Justas de Moscú 1980. Sin embargo, nunca pudieron subir al podio. Luego sufrieron una baja de nivel, debido a que la popularidad de la gimnasia en el país descendió por el auge de otros deportes como el beisbol, boxeo y futbol, según cuenta Gil Hernández.

La reaparición de los gimnastas cubanos en los Juegos Olímpicos se dio en Sídney 2000, pero se quedaron lejos del podio. A partir de 2012, la disciplina volvió a tomar un segundo aire. Larduet es su máximo exponente. Ganó medalla de plata en All-Around y bronce en barra fija en los Campeonatos Mundiales de Gimnasia Artística, realizados en Glasgow en 2015. Las suyas fueron dos –de las cinco– preseas que ha ganado la isla en la historia del certamen.

En los Juegos de Río 2016 tuvo la mejor actuación para un gimnasta cubano en las historia de las justas veraniegas. Terminó quinto en barras paralelas, sexto en barra fija, séptimo en All-Around y décimo en ejercicio de piso. Pese a los resultados, no pudo darle la ansiada medalla a su nación.

“Nosotros no tenemos tantos campamentos, torneos o viajes como otros gimnastas y entrenadores. Tratamos de suplirlo con una buena ejecución de las rutinas, disciplina, desempeño físico y entrega. No tenemos nada que envidiarle a otras naciones. En los últimos años nos ha funcionado. No tengo duda que Larduet u otro gimnasta nos dará la primera medalla en Tokio 2020”, agrega Gil Hernández.

Manrique coincide con el pronóstico de su entrenador y explica que los gimnastas cubanos se enfrentan a factores fuera de la disciplina que los distraen.

“Los medios de comunicación nos afectan cuando hacen sus críticas sin fundamentos hacia nuestro programa de trabajo o cuando preguntan sobre la situación del país. Me molesta, porque lo único que queremos es entrenar y traer buenos resultados. Los jueces son otro factor que nos perjudica. A veces no toman en cuenta el grado de dificultad de nuestras rutinas”, señala Larduet.

Hernández Gil dice cree que la disciplina, al igual que otras de las tradicionales en Cuba –como el beisbol y el boxeo– perdió terreno con el futbol, debido a que éste ganó popularidad en la isla en lo que va de la década.

“Para mantener a los niños interesados en deportes formativos como la gimnasia, hay que copiar lo que se hace en el futbol. Es decir, dejarlos que se diviertan y que no crean que la gimnasia es una disciplina rígida. Esa es la clave para que la gimnasia cubana pueda obtener sus primeras medallas en Juegos Olímpicos”, sentencia el entrenador.