Cuando Walter Benjamin soñó con México, o casi
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Cuando Walter Benjamin soñó con México, o casi

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Cuando Walter Benjamin soñó con México, o casi

Ediciones Akal trae los aforismos del alemán, a quien se le admiraba tanto como se le temía. En su colección Básica de Bolsillo aparece un librito con un título muy al estilo de la obra de Benjamin: 'Calle de sentido único'.

Mauricio Mejía
29/09/2017

Pocas mentes fueron tan claras como las de Walter Benjamin (Berlín 1892-Portbou 1940). Y pocas también tan humorísticas.

Ediciones Akal trae a cuento los llamados aforismos del alemán, a quien se le admiraba tanto como se le temía. En su colección Básica de Bolsillo aparece un librito (los grandes libros son los pequeños) con un título muy al estilo de la obra de Benjamin: Calle de sentido único.

Los textos compilados en el tomo -traducido por Alfredo Brotons Muñoz (Algemesí,1957), también traductor de Adorno, Freud y Assnan-, fueron escritos entre 1924 y 1926. Aparecieron por primera vez en Alemania en 1928 con el título Einbahnstrasse. Se trasladan aquí a un extraño -no para los expertos en el berlinés- juego literario en el que Benjamin echa a volar su imaginación sobre una aventura a este país, que poco a poco -de verdad, lamentable- ha ido perdiendo el humor a causa de lo políticamente correcto. No esperen (y, si lo esperan, mejor tomen otra avenida) una loa, un lamento o una postal de buenos amigos en el contenido de este aforismo. Sería mejor que se lo tomen como un cumplido y una broma en la distancia del tiempo. El final es genial.

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Embajada mexicana

Je ne passe jamais devant un fetiche de bois,
un Bouddha doré, une idole mexicaine sans me dire:
C’est peut-être le vrai dieu.

Charles Baudelaire

He soñado que estaba en México como miembro de una expedición científica. Tras medir una selva virgen de altos árboles, llegamos a un sistema de cuevas a flor de tierra en la montaña, donde desde los tiempos de los primeros misioneros se había mantenido hasta ahora una orden cuyos hermanos continuaban la labor de conversión entre los nativos. En una gruta central inmensa y rematada en punta a la manera gótica se estaba celebrando un servicio divino según el más antiguo rito. Entramos y presenciamos su fase culminante: ante un busto de madera de Dios Padre que se mostraba instalado a gran altura en alguna parte de una pared de la cueva, un sacerdote alzaba un fetiche mexicano. Entonces la cabeza divina se movió negando tres veces de derecha a izquierda.

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