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Cuando traducir no se 'traduce' en buenos sueldos

Verter poesía al español es un oficio muy complicado que se paga mal en México, asegura en entrevista la poeta mexicana Rocío Cerón, cuya obra "Diorama" ganó el Best Translated Book Awards 2015, uno de los premios más reconocidos en el ámbito de la traducción literaria en Estados Unidos.
Eduardo Bautista
14 junio 2015 20:26 Última actualización 16 junio 2015 22:47
En promedio un traductor cobra 5 mil pesos por un libro de 60 páginas. (Cortesía)

En promedio un traductor cobra 5 mil pesos por un libro de 60 páginas. (Cortesía)

Verter poesía al español es un oficio muy complicado que se paga mal en México, asegura en entrevista la poeta mexicana Rocío Cerón, cuya obra Diorama ganó el Best Translated Book Awards 2015, uno de los premios más reconocidos en el ámbito de la traducción literaria en Estados Unidos.

Trabajó cinco meses con la Anna Rosenwong para lograr una buena versión bilingüe de su libro, la cual fue publicada en 2014 por la editorial Phonema Media. Admite que fue difícil lograrlo porque había una gran cantidad de localismos mexicanos y latinoamericanos. Pero no fue en vano. La recompensa le llegó hace unas semanas, cuando se enteró del galardón, dotado con una bolsa de 10 mil dólares.

Sin embargo, sólo en estas raras ocasiones se recibe una gran suma por este oficio. En general –dice la creadora– no hay buenas remuneraciones para los traductores en el país. Revela que en promedio un libro de 60 páginas deja al traductor un pago de cinco mil pesos. La página, en otro tipo de acuerdos, puede cobrarse entre 80 y 100 pesos.

“Trasladar de un idioma a otro es una odisea. Pero en el caso de un poema las cosas se tornan más difíciles que en la narrativa. Hay que ser muy puntual con las palabras y poner especial atención en la mirada y las intenciones del poeta”, comenta la autora, quien se caracteriza por realizar poesía multidisciplinaria, en la cual se mezclan música, literatura y artes visuales.

Cerón cree que en México existe una tradición muy arraigada de la traducción poética. Escritores como Octavio Paz o José Emilio Pacheco –dice– son prueba de ello. Hoy, apunta, hay autores como Hernán Bravo Varela, Cristina Rivera Garza o Luis Alberto Arellano que se dedican a este trabajo y han obtenido resultados de gran calidad.

“El oficio no es bien remunerado. En realidad muchos lo hacemos por el simple gusto de traer al español a escritores que nos agradan”, afirma la poeta, quien cree en que verter novelas sea, quizás, un poco mejor pagada por tratarse de un género con mayor cantidad de consumidores.

“Si un poema no cuenta con una buena traducción, los versos no cantan, no se abren”. Así resume Cerón la importancia de este oficiante en la construcción de ese vaso comunicante entre autor y lector.
Cerón –cuya obra ha sido llevada al inglés, al sueco y al alemán– sostiene que un buen traductor es un “transcreador” que, además de conocer a la perfección el fraseo y el ritmo, entiende y escucha las imágenes que habitan siempre dentro de un poema.