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Perfiles 2014: Frank Gehry

A sus 85 años, el arquitecto Frank Gehry puede presumir ser de los pocos arquitectos contemporáneos que han sido capaces de transformar la cara de una ciudad entera, el ejemplo más claro es el museo Guggenheim, de Bilbao, inaugurado en 1997.
Myrna I. Martínez
22 diciembre 2014 23:1 Última actualización 23 diciembre 2014 5:0
La creatividad de Frank Gehry se ha vuelto a poner en evidencia este año, con la inauguración en octubre pasado de la Fundación Louis Vuitton en París. (Cortesía)

La creatividad de Frank Gehry se ha vuelto a poner en evidencia este año, con la inauguración en octubre pasado de la Fundación Louis Vuitton en París. (Cortesía)

Frank Gehry llegó a Oviedo, España, en octubre para recibir la medalla Príncipe de Asturias 2014 por su aportación a las artes, sus edificios han logrado traspasar la frontera de la funcionalidad para convertirse en eso, en piezas de arte contemporáneo.

Al arquitecto, nacido en Toronto en 1929 pero naturalizado estadounidense, no le interesan las críticas. Así lo dejó ver en la conferencia del Asturias. Cuando un reportero le preguntó su opinión sobre los críticos que piensan que su trabajo es “arquitectura del espectáculo”, Gehry, sin decir nada y con un dejo de sarcasmo, levantó el dedo medio de la mano derecha.

A sus 85 años, Gehry puede presumir ser de los pocos arquitectos contemporáneos que han sido capaces de transformar la cara de una ciudad entera, el ejemplo más claro es el museo Guggenheim, de Bilbao, inaugurado en 1997. El edificio de formas sinuosas elaborado con titanio le otorgó identidad a una ciudad prácticamente desolada.

Antes de que el edificio fuera inaugurado, la industria del acero estaba en crisis, había desempleo y temor a los ataques de ETA. La prensa española ha dicho que este edificio abrió una puerta al mundo vasco y la ciudad tuvo un impacto positivo. En palabras de Gehry, pasó de ser una ciudad triste a otra en la que los vecinos se sienten orgullosos.

No todos han aplaudido su obra. Hay edificios pop con láminas de colores que han sido criticados, entre ellos la Biósfera de Panamá o el psicodélico Experience Music Project, de Seattle, que trata de rendir tributo a Jimi Hendrix.

La polémica más grande fueron las declaraciones que realizó en febrero Geoff Manaugh, ex editor de la revista Dwell, quien publicó en el sitio web de arquitectura Gizmodo una fuerte y visceral crítica: aseguró que era el peor arquitecto vivo.

“Es el equivalente multimillonario de un póster de Salvador Dalí colgado en la pared de la habitación de un jugador drogado de lacrosse, en un montón de sandeces pseudo-psicodélicas”.

“Su trabajo está deficientemente construido, es como un solo de guitarra de C.C. DeVille que no podrá terminar - no terminará - hasta que los clientes millonarios que siguen pagando por esta basura dejen de hacerlo”, publicó.

Para Miquel Adrià los críticos subjetivos sobre el ganador del premio Pritzker no merecen respeto e ironiza que basta con salir a la calle y observar que hay un error tras otro para ver que hay peores.
“Es sin duda uno de los arquitectos más notables de los últimos 30 años. La gran aportación es incorporar los valores más artísticos y vinculados al espacio escultórico que a la arquitectura como resultado de un proceso racional”, opina.

“Nos guste más o menos su trabajo, es innegable que supo incorporar en una primera fase una arquitectura de corte informalista, digamos que de reciclaje. En su casa de Santa Mónica utilizó materiales reciclados e industriales, algo que no estaba previsto en ese tiempo para una vivienda”.

La creatividad de Frank Gehry y su capacidad para hacer edificios extraordinarios se ha vuelto a poner en evidencia este año, con la inauguración en octubre pasado de la Fundación Louis Vuitton en París. Compleja y estética construcción de vidrio y metal que costó 143 millones de dólares.

El museo financiado por la marca de lujo rinde un homenaje a su constructor, con una retrospectiva dedicada a la obra de uno de los arquitectos más innovadores.