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Cuando Franco llevó
a Di Stéfano al Madrid

El Barsa y el Madrid, como siempre, disputaban el contrato de un fuera de serie. En aquella ocasión, el futuro se decantó por el equipo tan blanco, gracias a la intervención directa de Francisco Franco, el generalísimo, al que no le gustaba mucho el conjunto blaugrana.
Mauricio Mejía
07 julio 2014 22:22 Última actualización 08 julio 2014 5:0
Di Stéfano, en la cancha, demostró que fue el mejor futbolista de su época. (AP)

Di Stéfano, en la cancha, demostró que fue el mejor futbolista de su época. (AP)

La muerte de Alfredo Di Stéfano, uno de los verdaderamente grandes del futbol universal, recuerda una de las etapas más oscuras del futbol español. Al margen de la indiscutible grandeza de La Saeta Rubia, se esconde uno de las más sospechosos fichajes de la historia.

River Plate, poseedor de su carta, llegó a un acuerdo en 1953 por los servicios de aquella promesa argentina que había debutado ante Huracán una semana después de la muerte de Roosvelt, en 1945. El Real Madrid, en cambio, prefirió negociar el traspaso con Millonarios de Colombia, equipo en el que militaba entonces Di Stéfano.

Como sucedería muchas veces después, el Barsa y el Madrid disputaban el contrato de un fuera de serie. En aquella ocasión, el futuro se decantó por el equipo tan blanco, gracias a la intervención directa de Francisco Franco, el generalísimo, al que no le gustaba mucho el conjunto blaugrana que lo había ganado todo de la mano de Kubala. Cuenta Di Stéfano en su biografía Gracias, Vieja: “Si estos ya son campeones, ¿para qué me quieren a mí?”. El astro medio se responde: “Se decía que me fichaban porque Kubala estaba enfermo del pulmón y yo venía a sustituirle. Creo que ese no era el asunto”.

La Delegación Nacional de Deportes franquista había cerrado, poco antes, las fronteras a extranjeros. Después aceptó la llegada de algunos de ellos. El ex presidente de la Real Federación Española de Futbol, Armando Muñoz Calero, encargado por la FIFA de resolver el conflicto, propuso que Di Stéfano jugara dos temporadas con el Madrid y otras dos, después, con el Barsa. “La cuestión -cuenta el crack- es que una mañana me dicen: ‘Para Madrid’. Y para Madrid me vengo. Salgo en el tren a las diez de la noche y llego a las diez de la mañana”.

El 22 de septiembre de ese año, 1953, Enrique Martí dimitió al cargo de presidente del club culé. En octubre, los catalanes renunciaron a sus intenciones por Di Stéfano. A cambio de la claudicación, los merengues pagaron la cuenta de los gastos de la apuesta rival.

Los estragos de la “extraña maniobra federativa”, como la llaman en la entidad catalana, se hicieron notar muy pronto. El Barsa (al que Vázquez Montalbán llamó el “ejército simbólico de Cataluña”), que había sido campeón en las dos ligas anteriores, dejó la voz cantante del torneo al club merengue, que se coronó en los cuatro siguientes.

Para los catalanes, aquel episodio sigue significando una de las mayores afrentas contra su identidad. Di Stéfano, en la cancha, demostró que fue el mejor futbolista de su época. Que la disputa por su talento tenía mucho sentido.

Además de las ocho ligas españolas, La Saeta llevó al Madrid, con Gento, Zárraga y Muñoz, a ganar cinco Copas de Europa. Curiosamente, solamente pudo ganar una Copa del Generalísimo, aquella de 1962. Entre 1939 y 1976, el Barsa se hizo de ocho títulos del torneo que dignificaba a Franco.