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Cuando el 'postpunk' se puso sicodélico

'Chaosmosis' (2016) es el más reciente disco de la banda Primal Scream, que ha llegado al tercer sitio en el ranking de los mejores álbumes independientes del Reino Unido. Este miércoles se presenta en el Plaza Condesa.
María Eugenia Sevilla
09 noviembre 2016 1:14 Última actualización 09 noviembre 2016 5:0
La banda vuelve hoy a México con su más reciente producción, "Chaosmosis". (Cortesía)

La banda vuelve hoy a México con su más reciente producción, "Chaosmosis". (Cortesía)

“Compremos vietnamita”. “No, china”. “Mejor india”. La discusión se daba en una calle de Nueva York a mediados de los 80. Un periodista que acompañaba a los jóvenes sugirió, en ánimo democrático, hamburguesas. Silencio. “No estamos discutiendo sobre comida”, aclararon. “¿Heroína?”.

La anécdota, que aparece en una entrevista con el líder de Primal Scream (The Guardian, abril 23, 2006), puede ser más o menos veraz, pero lo que es cierto es que Bobby Gillespie había elegido bien. No en cuanto a hábitos de salud, claro, pero sí ante el ultimátum que recibió poco antes: seguía con su proyecto propio o renunciaba como baterista de The Jesus and Mary Chain, una banda del sur de Escocia que ya cobraba notoriedad en la escena independiente.

Ni lo pensó. Aunque The Jesus and Mary Chain se hizo de fama mundial como referente indiscutible del shoegaze -ese género de sonido nebuloso y saturado en el que priman los efectos reverberados de guitarra-, el chico de Glasgow forjó una de las bandas indie más aclamadas del planeta, en eso que la industria etiquetó después como rock alternativo.

Con más de 32 años de camino y 11 álbumes, Primal Scream tiene dentro de la fusión de géneros que le es propia un rasgo particular: es como un mapa auditivo. Comprimido, si se quiere, pero ahí están los sonidos de las diversas escenas subterráneas que marcaron el zeitgeist del Reino Unido entre los años 80 y 90.

HOY
Qué: Primal Scream: Chaosmosis
Dónde: El Plaza Condesa. Tamaulipas esq. Juan
Escutia, Condesa, DF
Hora: 21:00

NEGRO RIGUROSO
Todavía helaban los vientos del invierno del descontento cuando, tras el orgásmicamente corto aire del punk (1976-1978), la música británica pasó del exabrupto minimalista a una nueva sofisticación.

Una serie de movimientos experimentales agrupados después bajo la vaga etiqueta del “post” reinventaba el panorama sonoro desde sus pequeñas escenas, que tenían como telón de fondo el desempleo, la austeridad, los puertos y ciudades industriales, delincuenciales y deprimidos.

En los clubes comenzaron entonces a resonar los reverbs extraídos del dub jamaicano; el ruido blanco se hizo atmósfera, los beats de la batería se tornaron filosos e incluso electrónicos, con la influencia alemana, y las guitarras y los ecualizadores explotaron como nunca los registros agudos –un efecto que, dice el exbajista de Bauhaus, David J., en su libro Who Killed Mr. Moonlight, coincide con la propagación de la cocaína, que favorecería la audición de los high bias-.

Manchester, Birmingham, Londres, Edimburgo… las urbes engendraban núcleos musicales de carácter cada vez más oscuro -con Joy Division y Bauhaus como propuestas germinales-, imbuidos, con un halo más arty que sus antecesores punk, en el espíritu de desesperanza laboral del thatcherismo y la orfandad de la guerra fría.

SÓLO JUGO DE NARANJA, POR FAVOR
El hartazgo ante la actitud dark no se hizo esperar y una de las reacciones más contundentes provino, precisamente, de Glasgow: “el sonido de la joven Escocia”.

El eslogan fue un constructo de la disquera Postcard, de Alan Horne, la cual –cuenta Simon Reynolds en su libro Postpunk-, aunque sucumbió sin lograr su objetivo de llegar a ser mainstream, sí cambió el tono a eso que también se llamó afterpunk y creó, en su flirteo con lo pop –un flirteo más discreto que el de la new wave-, el caldo para el surgimiento de propuestas sin las que Primal Scream no se puede explicar.

De aquel catálogo, en el que figuraban grupos como Josef K y Aztec Camera, Orange Juice (1979-1985) marcó, quizás más que otras, el giro de tuerca. Rechazaban las drogas, sólo bebían jugo de naranja y volvieron a cantarle al amor con un tono colegial y una improbable mezcla de elementos tomados de The Velvet Underground y la música disco.

DROGAS Y NEOSICODELIA...
En este escenario, Primal Scream surgió, palabras de Gillespie, “el 12 de octubre de 1984”. Fue hasta su salida de The Jesus and Mary Chain, en 1986, que su grupo realmente tomó cuerpo como un sexteto que asimilaba las sonoridades del postpunk, pero con filtros más luminosos: neosicodelia, guiños retro con fuerte influencia de los Rolling Stones, del protopunk (The Stooges, MC5) y fusiones de pop que hablan de una época en la que la juventud británica quiso encontrar en la música una alternativa a la depresión.

Ese mismo año, el single Velocity Girl se incluyó en una recopilación de NME de los grupos underground más influyentes.

Hacia el fin de los 80, el acid house se infiltró en la banda y con su tercer disco, Screamadelica (1990), en el que también hay shoegaze, techno, sicodelia y gospel, ganó los premios Mercury y de la NME.

Las nuevas drogas, como el éxtasis, también hicieron su efecto en la música. El mismo Gillespie se refiere a ello en una entrevista con el periodista británico James Brown: “En los 70 y 80 los toquines que eran muy violentos, pero llegó el acid house y la gente se portaba amable contigo”.

Si bien los excesos dejaron huellas más oscuras en discos como Vanishing Point (1997), XTRMNTR (2000) o Evil Heat (2002), la banda -ya sin Mani, bajista de los Stone Roses- ha seguido experimentando con lo bailable y vuelve hoy a México con su más reciente producción: Chaosmosis.