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Correr bajo el viento

Hace 110 años, la Ciudad de los Vientos vio por primera ocasión cómo en sus calles se protagonizaba un maratón, que a la postre se ha convertido en una de las justas deportivas más importantes.
Mauricio Mejía
07 octubre 2015 23:9 Última actualización 08 octubre 2015 5:0
Maratón de Chicago. (www.cityeyesphoto.com)

Los atletas evocarán, también, los sucesos de 1886 en Haymarket Square.  (www.cityeyesphoto.com)

El deporte es el hijo predilecto de la Revolución Industrial. La posguerra civil hizo del Medio Oeste un lugar de desarrollo peculiar. El próximo domingo los corredores inscritos en la Maratón de Chicago deambularán por la historia de una de las ciudades más fascinantes de Estados Unidos, la tercera más poblada.

Verán el centro de la urbe que se levantó de sus cenizas, como el Fénix, después del incendio de 1871, cuando la población se duplicaba con respecto a la del 60, cuando la Convención Nacional Republicana destapó a Abraham Lincoln como su candidato a la presidencia y disparó el inevitable conflicto entre el Norte y el Sur, al que llaman Guerra de Secesión.

Chicago se levantó y anduvo. Los atletas evocarán, también, los sucesos de 1886 en Haymarket Square, con el mitológico 1 de mayo, símbolo a perpetuidad de la lucha obrera dentro y fuera de la Unión Americana. Correr una maratón es pasear por la historia.

En esas calles de la Ciudad de los Vientos en 1905, cuando la city peleaba poder contra Nueva York, mucho antes de la expansión al Oeste, se llevó a cabo el primer largometraje del ateltismo. Fue el sábado 23 de septiembre, y de los 15 corredores incritos solamente terminaron la ruta siete. Ruthd Metzer, devorado por el olvido, fue el ganador del estreno.

La crisis de la posguerra mundial, la Ley Seca (del 17 de enero de 1920) y Al Capone fueron determinantes para que la carrera dejara de llevarse a cabo. Los corredores observarán, también, las cictarices que dejaron esos años en el rostro de la zona metropolitana, en la que viven ahora más de 9 millones de personas, repartidas en 77 barrios. Y, si observan mejor, también rastrearán las huellas del progreso, festejado en la Feria Mundial de 1933, cuando el edificio Wrigley era el más alto de la casa de los Cachorros, del que el magnate era dueño. Ahora, lo notarán, el Willis Tower sobresale del resto de los más de mil 100 edificios altos de una metrópoli que desde 1977 realiza esta prueba sin interrupción alguna. La historia en 42 kilómetros y 195 metros.