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culturas

Convivio de poetas sobre las huellas de un tiempo doloroso

"Hoy recuerdo a los muertos de mi casa", escribió Octavio Paz. Aquí las voces íntimas de los hacedores de palabras. Ayotzinapa obliga el arribo del más genuino de los bienes y a la más noble de las tareas. La frase sobre los silencios.
Myrna Martínez y Eduardo Bautista
23 noviembre 2014 22:6 Última actualización 25 noviembre 2014 16:32
"Ayotzinapa es una prueba clara del proceso de degradación humana que está sufriendo el país", afirma el poeta Hugo Gutiérrez Vega. (Ilustración Sabina Iglesias)

"Ayotzinapa es una prueba clara del proceso de degradación humana que está sufriendo el país", afirma el poeta Hugo Gutiérrez Vega. (Ilustración Sabina Iglesias)

EFRAÍN BARTOLOMÉ

El poeta celebra cuando sus congéneres respetan los misterios sagrados y grita, rechaza, vitupera cuando tales misterios sagrados son violados. Que el mayor misterio, el de la vida, no sea honrado por nuestros hermanos, es por supuesto conmocionante, trastornante, doloroso. Está demasiado cerca el dolor para poder nombrarlo con exactitud. Existen dolores que requieren reposo en el alma para poder atrevernos a mirarlos de frente. Y hemos tenido que verlos de frente.
Pero todavía nos falta reflexión sobre el asunto para que vaya más allá de la mera respuesta con el cerebro reptil y que el cerebro desarrollado nos permita entender la cantidad de atrocidades que somos capaces de hacer todos: eran nuestros hermanos, los asesinados, y también son seres humanos los que empujados, vaya uno a saber por qué clase de fuerzas, perdieron el respeto a su prójimo.

JAVIER SICILIA

Ya no hay forma de decir este dolor. Hemos llegado a un grado donde la barbarie ya no se puede cantar. Lo que creo es que el antídoto contra la maldad es el amor, ése es el único camino que puede salvarnos de este infierno. Si nos perdemos y cedemos espacio a la violencia y el odio, nos habremos hecho solidarios del crimen. Creo que los poetas tienen un conocimiento profundo de lo que es la vida. La tradición evangélica nos revela que Dios es amor. Hay que retomar eso.

Hasta ahora, las protestas han tenido una dignidad amorosa y una reserva moral ejemplar, con excepción de estos grupos violentos, quizás financiados por el gobierno, como lo dicta la tradición ancestral. Lo que ahora se debe hacer es articular estas manifestaciones de una forma mayor y realizar así una transformación profunda del Estado. Hay que levantar la voz y boicotear las elecciones.

El gran mal del Estado es haber puesto sus leyes al servicio de los grandes capitales. El gran error es poner como centro de todo a la vida del consumo y la producción. Eso hace que la gente pierda el sentido de la humanidad y que el individuo sólo sea un medio para incrementar los capitales.

El gobierno debe combatir al crimen organizado bajo el orden de las leyes y no por una persecución moralina. A lo que le deben tener miedo los mexicanos es a no enfrentar al gobierno. Si le tenemos miedo a los criminales, corremos el riesgo de que crezca este infierno. El gran culpable de todo esto no es Felipe Calderón, sino la larga corrupción del Estado. Más que un partido, el PRI es una cultura delictiva que lo contaminó todo.

FRANCISCO SEGOVIA

La poesía se debe involucrar en esto, debe expresarlo desde su propio ámbito. El ámbito de la cultura es político en el sentido de lo político, no de la política. Lo que estamos viendo ahora es un atropello de la política, que es cosa exclusiva de los políticos, sobre lo político que es una cosa común a todos. Eso no muestra más que una falta de comunicación entre el Estado y los ciudadanos para restablecer esa comunicación; lo primero que deberían de hacer los políticos, en vez de pedir diálogo, que es a veces lo que hacen, es dejar hablar a los demás, deberían dejar hablar a los de Ayotzinapa. La poesía no debe dar consuelo, si alguien se decide a hablar de esto, debiera dar testimonio.

FRANCISCO HERNÁNDEZ

La violencia ha ido creciendo y creciendo. Cuando uno piensa a dónde vamos a parar, inmediatamente entra la desesperanza, el desasosiego. Necesitamos acudir a la razón para entenderlo, y luego descubrimos que no podemos. No hay que salir a la calle para saber qué es lo que está pasando en el país. Eso ya todos lo deberíamos tener muy claro. Los artistas pueden pintar, cantar, escribir y fotografiar la tragedia. Yo, en ese sentido, no puedo hacer nada. Sólo lo siento. Pero no puedo escribir nada. No es mi manera de comunicarme con el dolor.

HUGO GUTIÉRREZ VEGA

Ayotzinapa
es una prueba clara del proceso de degradación humana que está sufriendo el país. La crueldad, la violencia, la impunidad, la corrupción, la torpeza, nos han ingresado a un proceso de involución antropológica. Para mí, el país es ahora una película de terror transmitida en un canal comercial a las 3 de la mañana.
Hoy nos enfrentamos a una realidad demasiado brutal como para poder estar frente a ella. Lo primero es bajar los ojos y llorar en silencio. Lo segundo es gritar... Eso me hace recordar el final de un poema sobre Guernica, el pueblo vasco que fue destruido por la Legión Cóndor de Hitler: Nada se puede hacer; el minuto ha pasado. Sólo queda gritar, gritar hasta que el viento nos muestre una salida. Y es cierto, eso es lo único que nos queda: gritar, gritar en las manifestaciones, gritar de horror, de pavor, de crueldad. Quizás así podamos sanar.

EDUARDO LANGAGNE

Ayotzinapa
me recuerda aquel pasaje de Ricardo III de William Shakespeare: “¡Maldecido! ¡Sabréis vos de piedad!, hasta la bestia sabe de eso”, le dice Anne. Entonces Ricardo le contesta: “Pues yo no sé de eso; yo soy hombre, no soy bestia”. Creo que esta terrible paradoja de no tener compasión por nosotros mismos habla de una descomposición social muy grande. Vivimos en tiempos en que la violencia se genera de muchas maneras, no sólo en las calles, que sin duda es la más grave. Ahí están las redes sociales, donde sin censura alguna una hija de un funcionario priista justificó el crimen de Iguala a través de una burla.

México vive una falta de contención muy grande. Debemos recomponer el tejido social. Éste es un hecho triste y doloroso que nos comunica la enorme tragedia nacional. La crispación del ambiente es brutal, y hay que tener cuidado con eso.

Yo creo que es muy difícil hacer un canto inmediato sobre el dolor de los muertos y los desaparecidos. Entre los amigos poetas lo hemos comentado muchas veces, y creemos que a veces escribir tan pronto puede derivar en un error. Sin duda lo sentimos; yo lo siento. Pero hacer un canto sobre las penas siempre es complejo. Sin embargo, no podemos dejar de sentir. Los poetas no podemos tener fuera de nuestra concepción del mundo esta grave tragedia que sucedió en Guerrero.


Ayotzinapa

(Por David Huerta)

Mordemos la sombra
Y en la sombra
Aparecen los muertos
Como luces y frutos
Como vasos de sangre
Como piedras de abismo
Como ramas y frondas
De dulces vísceras
Los muertos tienen manos
Empapadas de angustia
Y gestos inclinados
En el sudario del viento
Los muertos llevan consigo
Un dolor insaciable
Esto es el país de las fosas
Señoras y señores
Este es el país de los aullidos
Este es el país de los niños en llamas
Este es el país de las mujeres martirizadas
Este es el país que ayer apenas existía
Y ahora no se sabe dónde quedó
Estamos perdidos entre bocanadas
De azufre maldito
Y fogatas arrasadoras
Estamos con los ojos abiertos
Y los ojos los tenemos llenos
De cristales punzantes
Estamos tratando de dar
Nuestras manos de vivos
A los muertos y a los desaparecidos
Pero se alejan y nos abandonan
Con un gesto de infinita lejanía
El pan se quema
Los rostros se queman arrancados
De la vida y no hay manos
Ni hay rostros
Ni hay país
Solamente hay una vibración
Tupida de lágrimas
Un largo grito
Donde nos hemos confundido
Los vivos y los muertos
Quien esto lea debe saber
Que fue lanzado al mar de humo
De las ciudades
Como una señal del espíritu roto
Quien esto lea debe saber también
Que a pesar de todo
Los muertos no se han ido
Ni los han hecho desaparecer
Que la magia de los muertos
Está en el amanecer y en la cuchara
En el pie y en los maizales
En los dibujos y en el río
Demos a esta magia
La plata templada
De la brisa
Entreguemos a los muertos
A nuestros muertos jóvenes
El pan del cielo
La espiga de las aguas
El esplendor de toda tristeza
La blancura de nuestra condena
El olvido del mundo
Y la memoria quebrantada
De todos los vivos
Ahora mejor callarse
Hermanos
Y abrir las manos y la mente
Para poder recoger del suelo maldito
Los corazones despedazados
De todos los que son
Y de todos
Los que han sido.