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Ulises Carrión, creador de lenguajes

"Querido lector, no lea" es el título de la obra que resume la postura del artista Ulises Carrión, y el de su primera retrospectiva en México. La exposición se presenta en el Museo Jumex, procedente del Reina Sofía de Madrid.
Rosario Reyes
13 febrero 2017 22:8 Última actualización 14 febrero 2017 5:0
(Especial)

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Publicó sólo dos libros: la novela La muerte de Miss O (Era, 1966) y los relatos De Alemania (Joaquín Mortiz, 1970). Luego desertó de la literatura, pero no de las letras: cada una de las obras del artista Ulises Carrión está relacionada con la escritura y el lenguaje.

“A partir de los años 70, la letra se volvió para él una forma de experimentar con sonidos, sílabas, formas gráficas, la materialidad de las palabras; mientras que leer, en general, terminó siendo entendido por Carrión como una forma de decodificar más allá de lo verbal”, dice Heriberto Yépez. El editor estuvo a cargo, junto con Juan J. Agius, del proyecto de Tumbona Ediciones Archivo Ulises Carrión, integrado por tres títulos publicados entre 2012 y 2015.

Carrión desarrolló la mayor parte de su trabajo como artista conceptual en Ámsterdam, donde se instaló en 1972. Entonces comenzó a hacer libros de artista y a teorizar sobre este formato.

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CREADOR DE LENGUAJES
Una retrospectiva del artista (Veracruz, 1941-Ámsterdam, 1989), se presenta en el Museo Jumex, procedente del Reina Sofía de Madrid: Querido lector, no lea, como tituló una obra de mediados de la década de 1970, con la cual ironizaba sobre los conceptos de lectura y escritura. Son 350 piezas entre libros, obras sonoras, arte correo, performance y textos de teoría del arte.

Para Carrión prácticamente no había nada que no comunicara, como se ve en las piezas de su proyecto Gossip, Scandal and Good Manners, que documentó las reacciones a los rumores que lanzaba sobre sí mismo o alguien más, con ayuda de sus amigos. Fotografías, dibujos y proyecciones dan cuenta de ese experimento sobre la comunicación. Uno de esos rumores fue que padecía una enfermedad terminal, cuando estaba sano. Irónicamente, murió de sida.

También se muestra el documental sobre Lilia Prado, quien colaboró con el artista en un ejercicio que reflexiona sobre los símbolos sociales que construye el cine. Carrión creó un festival cinematográfico en Ámsterdam para honrar a la actriz mexicana y el documental sigue todo el proceso, desde cómo la convenció de ir a Holanda, hasta el evento en sí.

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El artista afirmaba que un escritor no escribía libros, sino textos, que podían estar indistintamente en tomos, cuadros, piezas sonoras o de arte correo, un género del que fue precursor, con la idea de que el arte debería ser global, tanto en su creación como en la difusión.
“Se adelantó al entender que el libro estaba en una crisis, y su forma de editar libros alternativos está hoy, otra vez, en boga en diversos mundos del arte”, indica Heriberto Yepez.

Tan enamorado estaba Carrión de la escritura, que abrió la librería-galería Other Books and So, con exhibición y venta de libros de artista (entre ellos, ediciones hechas por él mismo), que se convirtió en un centro de operaciones del arte y la edición entre 1975 y 1979.

En ese espacio, su trabajo se diversificó hacia las artes visuales y sonoras, en lo que llamaba bookworks, otra forma de incluir al lenguaje en un contexto distinto a un libro.

La galería fue la base de las obras de arte correo, cuya elaboración era colectiva: un artista iniciaba una obra y se iba enviando por correspondencia a otros, que intervenían las páginas o incluso el sobre en el que se enviaban, con textos, sellos y otros elementos gráficos, explica Julieta González, directora interina y curadora en jefe del Museo Jumex.

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“Los circuitos de arte correo fueron muy importantes en América Latina, en momentos en que había dictadura en varios países. Artistas como Clemente Padín, de Uruguay; Guillermo Deysler, en Chile; o Bruken, en Brasil, pudieron comunicarse a través de un medio extra institucional y difundir su obra fuera de sus países”, explica.

La muestra expone lo que Carrión defendía, -añade la curadora-, como la democratización del arte. “La frontera entre literatura, poesía y plástica prácticamente no existe para el arte conceptual, que buscaba desmaterializarlo y convertirlo en algo que podía circular de manera más libre”.

Definido por su amigo y también artista Guy Schraenen, curador de Querido lector, no lea, como “un anarquista que supo escapar de todos los formatos y disciplinas”, Carrión es, de acuerdo con el pintor mexicano Pedro Reyes, una referencia para los artistas que comenzaron trabajar a mediados de 1990.

“En la época que estaba activo, aquí el rey era José Luis Cuevas, que no le dice nada a nuestra generación. Carrión sí es una referencia de cómo contar historias, enumerar eventos, cómo crear relaciones”, asegura Reyes.

Entonces, la autogestión formaba parte de los procesos creativos. “No hay que entender esa marginalidad desde un punto de vista negativo, era realmente estar a la vanguardia, los espacios y formatos tradicionales de exposición estaban siendo cuestionados y más que estar excluido, participó de este espíritu de buscar otras formas de difusión de la obra”, concluye la curadora del Museo Jumex.