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Conoce a Shakespeare con estos cinco libros

Los festejos le dan la oportunidad de acercarse calladito al más grande de los ingleses: el fraterno William Shakespeare, suyo es el regalo de la experiencia.
Mauricio Mejía
04 mayo 2016 22:47 Última actualización 05 mayo 2016 5:0
No es para iniciados, sí para quien quiera conocer al Shakespeare más íntimo. (Especial)

No es para iniciados, sí para quien quiera conocer al Shakespeare más íntimo. (Especial)

Leer a Shakespeare es un placer. No lo lea para ser culto, ese malentendido. Tampoco por obligación, porque se ven mal los que no conocen a Romeo ni a Julieta. Menos para pasar como especialista cuando en las pláticas de sobremesa aparecen los nombres más extraños de autores de libros todavía más extraños, casi todos del Este europeo.

No lo lea, por sobre todas las cosas, porque “tiene” que hacerlo. El inglés no es un “deber ser”, un cumplido que debe realizarse (aquello de plantar un árbol, tener un hijo...) antes de que la Bella Dama le margine de los días y de las noches. Hágase un favor -así como con los relojes, las bolsas de marca, los diamantes y los pasteles austriacos: construya un sueño antes del verano.

Vaya a la librería, porque sabe que el libro físico es un objeto de deseo, pida cualquiera de las obras abajo sugeridas (sugestivas), regrese a casa, póngase cómodo; si la edad le permite, un escocés con hielo, una limonada en caso contrario. Lo que sí, un buen sillón (el fumador pensará que también el cenicero y un encendedor), una lámpara, porque cae la tarde plomiza de mayo. Un poco de aire (mejor no, la contingencia).

Abra el libro, digamos Shakespeare para enamorados o Sonetos, porque aprecia la poesía, sobre todo si pertenece a la época victoriana que tantas metáforas y tantas palabras. Déjese llevar, ya apagó la tableta, el celular y ha pedido que no le interrumpan, después de todo no es un día común, está con el gran dramaturgo desde los griegos.
Ha llegado al diálogo íntimo, El mercader de Venecia le divierte de lo lindo, se imagina la escena, el judío que pide lo justo aunque lo justo es una trampa del escritor. De pronto, cuando los idus de marzo, el César está en jaque, algo le inquieta. Es la siguiente página.

Han sucedido muchas horas y tan campante. Cuando decide cerrar el libro ya oscureció y usted se ha regalado para todo el futuro.

Abra el libro, digamos Shakespeare para enamorados o Sonetos, porque aprecia la poesía, sobre todo si pertenece a la época victoriana que tantas metáforas y tantas palabras. Déjese llevar, ya apagó la tableta, el celular y ha pedido que no le interrumpan, después de todo no es un día común, está con el gran dramaturgo desde los griegos.
Ha llegado al diálogo íntimo, El mercader de Venecia le divierte de lo lindo, se imagina la escena, el judío que pide lo justo aunque lo justo es una trampa del escritor. De pronto, cuando los idus de marzo, el César está en jaque, algo le inquieta. Es la siguiente página. Han sucedido muchas horas y tan campante. Cuando decide cerrar el libro ya oscureció y usted se ha regalado para todo el futuro.

SHAKESPEARE PARA ENAMORADOS
Claro que ya lo dijo el cine, pero esta obra le llevará al detalle. Algo del teatro y de la poesía del inglés te servirá para entender los secretos del boxeo amoroso.

CÓMO SHAKESPEARE LO CAMBIÓ TODO
Se recomienda leerlo directamente, pero también es válido acercarse poco a poco, como a los grandes edificios. La fuerza colosal del escritor obliga a disfrutarlo hasta en otras opiniones.

EL TIEMPO DE SHAKESPEARE
Fue un hombre su tiempo, el entorno victoriano dejó una huella única en Inglaterra. Cuando se revisa el contexto del genio se logra dimensionar por qué se lee en estos días.

WILLIAM SHAKESPEARE, DRAMAS HISTÓRICOS
Aquí empieza el debate, para muchos la cara A, la del teatro, es la más fascinante del astro De las letras, pero su poética llega a niveles sublimes, sin duda y con gusto .

WILLIAM SHAKESPEARE, POESÍA
También en el telón se puede construir la historia de la Historia. Shakespeare es infinito porque llevó a la ficción la realidad y, luego, ésta le siguió con irónica lealtad.