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Con "Tres tristes tigres", el actor Jesús Ochoa debuta como director teatral

Es una obra del teatro de lo absurdo, original de David Orci, quien también actúa junto a Emma Solórzano y Ricardo Enríquez en el montaje que se presentará los cuatro martes de agosto a las 20:00 horas en el Foro Shakespeare.
Rosario Reyes
03 agosto 2014 22:2 Última actualización 04 agosto 2014 5:0
El actor Jesús Ochoa espera también el estreno de tres películas que filmó este año. (Braulio Tenorio)

El actor Jesús Ochoa espera también el estreno de tres películas que filmó este año. (Braulio Tenorio)

Un actor nunca deja de aprender, afirma Jesús Ochoa, quien con Tres tristes tigres debuta en la dirección teatral profesional. Ya antes, hace mucho, trabajó con estudiantes, claro eran otros tiempos; menos exigidos, más lúdicos y amateurs.

“Desde hace mucho lo hago; lo estudié y cuando hay un llamado de jóvenes para dirigirlos, siempre digo que sí”, comenta en una charla, casi como de café. “Como gente de teatro te formas en todo”, agrega con ese aire casual que le caracteriza.

Tres tristes tigres es una obra del teatro de lo absurdo, original de David Orci, quien también actúa junto a Emma Solórzano y Ricardo Enríquez en el montaje que se presentará los cuatro martes de agosto a las 20:00 horas en el Foro Shakespeare.

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Dirección teatral

Con el teatro del absurdo, afirma el actor, los artistas dejan de ser responsables del resultado del montaje, pues cada espectador hace su propia interpretación, la apuesta en escena.

Actores

Dirigir actores jóvenes resulta revitalizante, sostiene el actor que ha fomentado todas las disciplinas del oficio. “Con ellos, uno se da cuenta de las limitaciones propias reflejadas en otros. Sus aciertos, también, te deja ver los tuyos. Así, se enriquece el trabajo. Vuelves a sentir frescura y te empapas con ella. El teatro es un gran gimnasio en todos los sentidos, mental, espiritual, muscular. Y nunca ha dejado de ser absurdo, yo creo. El hecho de crear una atmósfera distinta, una ficción, ya es otra cosa; no es cierto que sea la vida real, nadie vive así, como en escena, solamente en sueños”.

Con el teatro del absurdo, apunta, los artistas dejan de ser responsables del resultado del montaje, pues cada espectador hace su propia interpretación, la apuesta en escena. “Desde luego digo un poco en broma que dejamos la responsabilidad al público, pero tampoco trabajo con el rigor de esa disciplina responsable, a la que no le creo mucho. Sí parto del juego, del juego propio en el teatro, con la conciencia de no hacer daño a nadie, sino al contrario, llevar algo bueno ya sea para el grupo, el público o para el que caiga”.

-¿Y a estas alturas de su larga carrera ha pensado en sentarse a escribir?
"No. Sí hay algunas cosas que he escrito, cortometrajes sobre todo,.Escribí hace mucho en la escuela una obra como ejercicio de clase, y fue todo. Como he trabajado con mucho autor vivo, me han dado chance de cooperar con ellos, hay autores que han confiado en mí para que haga sus papeles y en ese sentido lleva una libertad, en parte, de poder meter un poco de tu cuchara. Cuando trabajas con amigos, eso se puede explorar".

-¿Se siente más cómodo en el teatro que en otros campos?
"Siempre. Me siento cómodo por lo regular actuando en cualquier lado, pero el teatro es lo más acogedor que puede existir actoralmente, es muy noble. Ahí tiene que empezar todo mundo. Por el teatro llegué al cine y luego a la televisión. Yo hago cine, radio, teatro, televisión, aplico inyecciones, tengo un puesto en el tianguis, estoy en la banca, hago de todo".

-¿Cómo se hace posible que el personaje quede redondo para la representación teatral?
"Hay muchas maneras, a veces hasta el vestuario te da el personaje, una máscara te da el personaje, a veces una sola frase ya te lo dio; tu trabajo de investigación. Es, desde luego, un trabajo de imaginación, pero puedes llegar siempre. Debes de confiar en esa posibilidad, tener la fe siempre ciega de conseguir un personaje, saber leer el texto, trabajarlo, imaginar, jugar. Yo le decía a un maestro: “Oiga ¿y para esta frase de dónde agarro aire?”. Y él me respondía, categórico: “Por la nariz, boca, por las nalgas si quieres, pero agarra aire”. Ese trabajo de creación debe llegar. Si no, hay que invocarlo".

-¿Tiene que ver con la verdad en el escenario?
"La verdad que requiere la obra. La verdad real a mí no me importa, no entra en las convenciones a la hora del juego; se inventa una verdad, un sentido de verdad de acuerdo a la obra, la puesta, la cantidad de público que tienes. A veces estás en un teatro de 200 personas y otras en uno de mil, y no es lo mismo, es una convención; luchemos por la convención, que la tengamos todos, y es cuando funciona la obra.

Nuevos personajes
Jesús Ochoa
se alista para los ensayos del musical Los Locos Adams. Un montaje que lo tiene “nervioso” porque será la primera vez que cantará en el escenario.

“Soy Homero Adams-Simpson. Es la familia Adams, en la que ser anormal es lo normal; eso es lo rico de los personajes, que están envueltos ahora en una situación en que la niña ya creció, y ya tiene un pretendiente”, señala.

Espera también el estreno de tres películas que filmó este año: El club de los 10 mil bigotes, Jeremías y Un novio para mi mujer, en las que interpreta, respectivamente, “a un tío que tiene un club de puros bigotones, un matador en decadencia y un viejo cascarrabias”. En este último es El Tiger, el entrañable conquistador de la trama filmada originalmente en Argentina. “Está suave, está rico este personaje, es el que me va mejor a mí”, exclama con una sonrisa más bien pícara.