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CULTURAS

Como Villa, la Revolución Mexicana quedó sin cabeza: Palou

Pedro Ángel Palou se toma la libertad de hacer una novela sobre Francisco Villa. "Siempre me pareció un gran personaje, muy novelable siempre y cuando trabajaras en este registro que es la primera persona”, afirma el autor en entrevista.
María del Refugio Melchor
25 noviembre 2014 18:30 Última actualización 25 noviembre 2014 18:42
Francisco Villa, el personaje del que Pedro Ángel Palou hace una novela.

Francisco Villa, el personaje del que Pedro Ángel Palou hace una novela.

En su novela más reciente, No me dejen morir así (Planeta), Pedro Ángel Palou se acerca a aspectos poco conocidos del polémico general Francisco Villa, narrados por el propio protagonista en un lenguaje que retrata un personaje que evolucionó “al juntarse con hombres más instruídos”.

Como no quería hacer otra biografía más de José Doroteo Arango Arámbula, nombre real de Pancho Villa, el autor se permitió narrar su novela en primera persona.

“A diferencia del ensayo, que la disciplina te puede llevar al libro, aquí la clave es encontrar la voz, el tono. Villa siempre me pareció un gran personaje, muy novelable siempre y cuando trabajaras en este registro que es la primera persona”, afirma Pedro Ángel Palou con la enésima taza de café vacía a su lado.

La investigación, que le tomó cerca de año y medio, terminó “con un trabajo de ventrílocuo”. Pancho Villa cobra voz para hablar de traiciones, sus mujeres, estrategia militar y su confrontación con otros personajes históricos como Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.

El resultado sorprendió al propio autor: “Es interesante porque vas descubriendo un Villa que no tiene nada que ver con esta persona bestial, casi animal que nos pintó la historia y la literatura. Lo que voy captando en la investigación es que Villa no es un personaje como el que pensábamos, un tipo bárbaro, inculto, que robaba vacas. Va evolucionando a lo largo de su vida política porque se junta con los mejores hombres de su generación”.

Hombre que cosechó rencores, temor de los hombres adinerados –las famosas autodefensas que conocemos hoy se crearon para proteger a los hacendados-, también fue un líder social que un día decidió colgar las armas para educar a su comunidad, aunque su sueño terminó pronto al ser acribillado el 20 de julio de 1923 en Parral, Chihuahua.

Pero ni con su muerte pudo descansar. Pedro Ángel Palou describe en su libro las diversas teorías que existen sobre la profanación de su cadáver y la tesis de que le cortaron la cabeza porque los estadounidenses querían analizar su cerebro para encontrar la clave de su genio militar.

“Es un acto simbólico, se pierde la cabeza de Villa porque ya no se sabe qué pasó con la Revolución, es un poco lo que pasa hoy en el país, que no tiene pies ni cabeza. Fue un acto estúpido, perpetrado por tres pesos por borrachos sin ton ni son. Si así terminó Villa es porque así terminó la Revolución Mexicana, descabezada”.

Palou sostiene que es sano revisar la historia, pero por parte de los grandes derrotados, Emiliano Zapata y Francisco Villa. “Mientras más veces se cuenta la historia de México, sin oficialismo, sin ocultar la cosas los mexicanos tendremos un mejor futuro. La historia es utopía, no sólo es relato, cuento, leyenda, es la posibilidad de soñar un país mejor”.