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CULTURAS

Cómo ser ciclista y no morir en el intento

El escritor Sandro Cohen publica "Zen del ciclista urbano", un compendio de 85 reflexiones sobre el ciclismo en las grandes ciudades. “Automovilistas, ciclistas y peatones tenemos que aprender a convivir", sostiene. 
Myrna Martínez
13 noviembre 2014 21:42 Última actualización 14 noviembre 2014 5:0
Sandro Cohen, escritor y ciclista empedernido. (Braulio Tenorio)

Sandro Cohen, escritor y ciclista empedernido. (Braulio Tenorio)

Además de ser poeta, escritor, maestro y ensayista, Sandro Cohen es un ciclista enamorado de este medio de transporte. Todos los días cruza la ciudad sin importar si su destino está a más de 20 kilómetros. A manera de meditación, escribió Zen del ciclista urbano, un compendio de 85 reflexiones que primero fue compartiendo en Facebook.

“La experiencia de escritura es muy distinta, no hay ninguna pretensión literaria; al mismo tiempo me doy cuenta que algunas meditaciones son casi poemas en prosa, pero ese ya es defecto de origen”, explica el escritor.

El gusto -dice- fue poder ayudar a la gente real, de carne y hueso, en un momento de decisión.

Para evitar ser una cifra más del Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes, que en su último informe indicó que en 2011 hubo 5 mil 627 ciclistas accidentados en el país, Cohen recomienda no enojarse, porque el que se enoja pierde; nunca tener prisa o no escuchar obras selectas de Mozart o Red Hot Chili Peppers mientras se está pedaleando. Además da consejos sobre qué tipo de bici comprar y accesorios indispensables.

Las llama meditaciones porque, según él, muchas son realmente espirituales. Hay cinco cartas abiertas, dirigidas a automovilistas, taxistas, microbuseros, peatones y autoridades. “Cuento cosas muy personales, como las veces que me he caído. La gente se cae de un momento a otro, es una parte natural del aprendizaje y hay que reponerse, perder el miedo, usar casco y ropa adecuada, y entender qué sucede alrededor de uno”, confiesa el autor.

Estos consejos sobre lo que es un buen ciclista van dirigidos a cualquier interesado en rodar por la urbe y que por miedo no lo ha hecho, y a aquellos que ya se avientan a pedalear de un lugar a otro.

Advierte que la única manera de preparar a esta ciudad es estando en la calle, tener presencia, que la gente se dé cuenta que es algo normal. Hace 10 años, recuerda, muchos se enojaban porque sentían que los ciclistas quitaban espacio. Todavía sucede pero menos, reconoce el escritor.

“Automovilistas, ciclistas y peatones tenemos que aprender a convivir; hay que rediseñar las vialidades para que las personas puedan andar y los ciclistas puedan transitar en compañía de los automovilistas. Es un proceso”, comparte.

Mientras que en carro se puede tardar más de una hora para recorrer 10 kilómetros, en bici se llegan a hacer 20 minutos, además que el conductor siempre tiene la posibilidad de bajarse y caminar por la banqueta. Libertad que los automovilistas envidian en un día de tránsito.

“La bicicleta es una maravilla, pero hay que mantenerse zen, tener una actitud de equilibrio y de ecuanimidad, y entender que todos formamos parte de un solo organismo; tenemos que aprender a ceder y permitir que los otros fluyan también”, concluye el autor.