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DEPORTES

¿Cómo crear al atleta genéticamente perfecto?

“En el caso del atleta que ya está formado, van a optimizar su rendimiento mediante la manipulación, pero el riesgo es que se juega al dios y no se sabe si traerá elementos colaterales más adelante porque esto es nuevo”, afirma el experto Héctor Tlatoa. 
Domingo Aguilar
07 abril 2015 23:7 Última actualización 08 abril 2015 5:0
El problema del dopaje genético son los daños colaterales en el organismo. (Reuters)

El problema del dopaje genético son los daños colaterales en el organismo. (Reuters)

El triunfo y la trascendencia son objetivos que buscan los atletas de alto rendimiento, por lo que hay algunos que llegan a consumir sustancias prohibidas con tal de alcanzar sus metas. El riesgo de ser atrapados existe, pero, ¿qué pasaría si ese optimizador del desempeño se encontrara en el mismo ADN? El dopaje genético es una realidad y una amenaza para la competencia leal.

La modificación de la estructura genética nació como una alternativa para encontrar la cura a enfermedades en la década de los 90. Sin embargo, su aplicación en el mundo del deporte abrió una puerta a la posibilidad de mejorar los resultados.

“En 1999, estando en un campamento en Sídney, escuché sobre el gen ACE, al cual se le estaba nombrando como el gen de los campeones porque incrementaba la fuerza muscular en uno de sus alelos y en el otro aumentaba la velocidad. Si podemos modificar ese gen podemos decidir qué queremos en un atleta (…). Esta estructura es difícilmente detectable”, explica Héctor Tlatoa, especialista en medicina deportiva, quien añade que para poder llevar a cabo semejantes mutaciones se necesita un laboratorio altamente especializado con la infraestructura adecuada.

El médico dice que existen un par de líneas de investigación: la de la modificación desde antes del nacimiento y la que se puede llevar a cabo cuando un atleta ya está formado como tal. “A lo mejor nace un niño con todas las condiciones físicas para ser un atleta, pero quizás mentalmente no quiere serlo” argumenta el experto. “En el caso del atleta que ya está formado, van a optimizar su rendimiento mediante la manipulación, pero el riesgo es que se juega al dios y no se sabe si traerá elementos colaterales más adelante porque esto es nuevo”.

Philippe Moullier, director de investigaciones en el Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia demostró hace unos años que se podía producir artificialmente el gen de la Eritropoyetina (EPO, que controla la producción de glóbulos rojos) y ser implantado en el cuerpo. Unos ex ciclistas se enteraron del hallazgo y lo visitaron para saber si podía ser usado en seres humanos, a pesar de que la sustancia seguía en etapa de pruebas.

Introducir una copia de EPO en el cuerpo puede resultar en el espesamiento de la sangre y en el riesgo de formación de coágulos que pueden llevar a una muerte súbita.

Desde 2003, la Agencia Mundial Antidopaje prohibió la modificación genética, pero todavía no existe la tecnología que lo detecte con certeza. Actualmente existen los pasaportes biológicos, los cuales contienen información básica sobre la sangre de la persona examinada y en ellos se mantiene un registro para evitar un cambio en los parámetros normales.

¿La posibilidad de utilizar recursos médicos para optimizar las capacidades de recuperación del cuerpo o prolongar el tiempo de vida activa de un deportista debería ser ignorada?

“La elevación de muchos protocolos se dan primariamente en los procesos de enfermedades (…). Se ve cuál proteína está fallando para que, en un momento dado, se pueda manipular genéticamente, dentro o fuera del útero, para que ese ser humano tenga una mejor calidad de vida”, contesta el doctor Tlatoa. El castigo llega cuando a partir de los avances científicos se busca conseguir una ventaja sobre el competidor.