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BUENA VIDA

Comida y tradición yucateca en un lugar
con mucha historia

Conoce la historia de la Hacienda Teya, un lugar muy cerca de Mérida donde podrás gozar de lo mejor de la cultura yucateca, desde su arquitectura hasta su deliciosa gastronomía. 
Myrna Martínez
12 mayo 2015 20:47 Última actualización 13 mayo 2015 8:31
Hacienda Teya

La Hacienda Teya, un lugar hermoso en la península yucateca. (Cortesía)

La Hacienda Teya resurgió de entre las ruinas y, desde hace tres décadas, se yergue imponente para mostrar el esplendor de las antiguas haciendas yucatecas. En cada rincón, jardín, edificio y recoveco de las 25 hectáreas que la componen se percibe la dedicación por preservar este legado colonial.

Sin embargo, no siempre lució así. Fue construida en 1683 por el conde de Miraflores y, principalmente, tenía una función ganadera; dos siglos después se unió a la fiebre del oro verde.

Con el declive de la industria henequenera en la década de los 50, Teya quedó en ruinas, hasta que un día de 1974, don Jorge Cárdenas vio un aviso en el Diario de Yucatán que cambiaría la historia de ambos.
“Mi papá leyó un anuncio chiquitito que decía: ‘Vendo casco de hacienda’. Él nos preguntó si queríamos ir a verla, pero nadie quiso acompañarlo. El señor Arnoldo, el propietario entonces, le pidió tres millones de pesos de esa época, pero no tenía esa cantidad”, platica Carolina Cárdenas, dueña y administradora.

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Hacienda Teya

“A las pocas semanas, mi papá compró el primer auto nuevo de la familia, un Dodge Dart verde, y manejando por el paseo Montejo, escucha que don Arnoldo le grita y le pide que se pare. Se subió y le pide el coche a cambio de la hacienda”.

La familia Cárdenas se había quedado sin coche nuevo, pero en su lugar tenían un enorme casco de hacienda destruido, árido, sin árboles, donde no se podía ni colgar una hamaca. “Era una porquería”, asegura Carolina Cárdenas.

Pero su padre no desistió en la compra que había hecho y 10 años después, a mediados de los 80, empezó a remodelarla poco a poco, empezando por la casa de máquinas, una pequeña edificación estilo francés que data de 1905.

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Hacienda Teya

El salón blanco con una alberca en su interior comenzó a rentarse para bodas y otros eventos, y al poco tiempo recibió a la reina Sofía de España y a su comitiva.

“En ese momento no había hoteles ni restaurantes en la zona. Es una anécdota muy bonita porque la reina comió aquí el día del cumpleaños de mi papá, un 18 de julio de 1991. Él decía que había ido a comer por eso”, explica la propietaria.

Cuatro años después, debido a la demanda de los visitantes, abrieron en el interior de la casa principal un restaurante con capacidad para 85 personas. Su cocina yucateca se popularizó en la zona y actualmente tiene espacio para 280 comensales.

Además del salón de máquinas, ubicado en frente del edificio principal, también cuentan con otros dos espacios para eventos, uno de ellos, el Salón de los Vitrales, que mantiene algunas de las columnas originales de la casa.

La Hacienda Teya ofrece todos los servicios para bodas: tiene una pequeña iglesia, un nicho dedicado a San Antonio (en caso de buscar marido), dos jardines para eventos al aire libre, uno con capacidad para dos mil invitados; cinco habitaciones y una alcoba nupcial con jacuzzi.
Por su cercanía a la ciudad de Mérida se ha convertido en el lugar ideal para comer o quedarse a vivir la experiencia de trasladarse en el tiempo.

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