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CULTURAS

Columba no renunció a los placeres de la vida

Columba Domínguez (1929-2014) lucía "muy vital y muy alegre, siempre tomaba su oxígeno, su cuba y su cigarro, aunque traía el tubo puesto todo el tiempo, ella no renunciaba a los placeres de la vida”, refirió en entrevista la directora Giovanna Zacarías.
Myrna Martínez
14 agosto 2014 21:4 Última actualización 15 agosto 2014 5:0
Columba Domínguez durante su participación en "Ramona" (2013).

Columba Domínguez durante su participación en "Ramona" (2013).

“Ya estoy lista para morir”, dice la mujer a su familia. Ella se prepara para su partida: se pone un vestido rosa mexicano, se pinta sombras azules, rubor y labial. Se acuesta en un humilde ataúd y espera, sin tomar en cuenta que la muerte no avisa. Así que Ramona, interpretada por Columba Domínguez, se levanta y ríe.

El 13 de agosto la muerte se llevó a una de las últimas divas de la Época de Oro del cine mexicano, y su último papel, irónicamente, fue el de Ramona, en el cortometraje homónimo de Giovanna Zacarías. La directora recuerda que cuando filmaron el año pasado su primer cortometraje, Columba había estado hospitalizada días antes de iniciar la producción. “Ella estaba muy feliz en el corto, muy vital y muy alegre, siempre tomaba su oxígeno, su cuba y su cigarro, aunque traía el tubo puesto todo el tiempo, ella no iba a renunciar a los placeres de la vida”.

El destino de Columba se cifró a los 14 años, en una boda. Ahí se le acercó un hombre 20 años mayor que ella y le dijo: “un día me voy a casar contigo”. Al poco tiempo contrajo nupcias con ese hombre: Emilio Fernández. Con él realizó sus primeras películas; también trabajó con Luis Buñuel, con Vittorio de Sica, en Italia y junto al actor japonés Toshiro Mifune, en Ánimas Trujano. En los 70, la actriz trabajó en escasas películas y series de televisión, hasta que el equipo de Mil Nubes Films la rescató del olvido en 2007.

La actriz se había alejado de los reflectores a principios de los 80. Únicamente se le había visto cargando un sombrero en el funeral de su gran amor, Emilio Fernández, en 1986. Había decidido autoexiliarse y vivir en en su casa de Coyoacán, modesta frente a la Fortaleza, donde vivió con el director hasta su separación en 1952.

Cuando en 2007 Jorge Pérez buscó a la diva para que hiciera un pequeño papel en su ópera prima, La Espiral, le costó que aceptara. La actriz quería más líneas porque su papel era muy pequeño, así que el productor Roberto Fiesco le pidió al cineasta Julián Hernández que le escribiera algo. El resultado fue Paloma, un tributo a las principales cintas en que participó, en especial Pueblerina. El cortometraje sitúa a la protagonista de la cinta de El Indio 50 años después y la obligó a andar por laderas, escenas a las que se entregó gustosa, pese al esfuerzo por la edad. “El cine la revitalizaba”, concluye Zacarías.