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Disfruta un nuevo comedor... para colibrís

Camino Silvestre, firma especializada en comederos para colibrí, acaba de abrir la primera sucursal fuera de San Miguel de Allende, Guanajuato. Entrar en este nuevo espacio de la capital, que también tiene una galería donde diversos artistas ofrecen sus creaciones, inspiradas en aves, es mágico.
Rosario Reyes
05 noviembre 2014 21:37 Última actualización 06 noviembre 2014 5:0
Aquí encontrará comederos desde 250 hasta 4 mil pesos. (Cortesía)

Aquí encontrará comederos desde 250 hasta 4 mil pesos. (Cortesía)

En una antigua casa de la colonia Roma acaba de abrir la primera sucursal de Camino Silvestre fuera de San Miguel de Allende, Guanajuato, firma especializada en comederos para colibrí.

Hace 18 años en Colorado, Estados Unidos, inició Parasol, la primera rama de esta empresa que, al mudarse sus creadores a México, se extendió primero con dos tiendas en el pueblo mágico, donde también abrió el salón de té y restaurante vegetariano Néctar, cuya carta ofrece platillos y bebidas con la característica de incluir el té en sus recetas.

En 2013, Camino Silvestre organizó el Primer Festival del Colibrí en San Miguel de Allende, que este año se celebró en octubre pasado, como una muestra más de la devoción por las aves.

Entrar en este nuevo espacio de la capital, que también tiene una galería donde diversos artistas ofrecen sus creaciones, inspiradas en aves, es mágico. Un árbol es el exhibidor natural de las piezas elaboradas con materiales reciclados, y la presencia de los colibríes que llegan a alimentarse, enriquece la experiencia. Aquí encontrará comederos desde 250 hasta 4 mil pesos, con diseños que además de atraer a las aves, brindarán un detalle de belleza a su casa.

Sus obras, cuenta Alfredo García Lucio, dueño junto con Jim Mckeever de esta ecológica compañía, son fabricadas por artesanos mexicanos en Monterrey, Guadalajara, Estado de México y Guanajuato.

El giro de su firma comenzó casualmente, recuerda el diseñador. “Nuestros vecinos nos pidieron que compráramos un comedero y el único que encontramos fue de plástico. Estábamos en el proceso de empezar a fabricar unas macetas con unos comederos para aves silvestres en Guadalajara y pasamos por una fábrica de vidrio, preguntamos si podían hacer lo que tenía dibujado, como una idea, y cuando regresamos, empezamos a trabajar con los artesanos para crear el primer comedero”.

Después vino el trabajo de estudiar a las aves, su alimentación, sus características, e incluso, enfrentarse a mitos acerca de ellas, como la creencia de que no tienen patas, porque aparentemente nunca se paran, o que su lengua era como un popote, cuando en realidad es bífida.

“Tiene una hendidura en la punta, donde recogen el néctar y lo pueden hacer 13 veces por segundo; cada flor les da una gota de néctar”, comparte Alfredo acerca de esta ave americana, de la que existen alrededor de 333 especies.

Para sus creaciones (unos 50 diseños distintos) utilizan vidrio reciclado, acero, latas de colores llamativos para atraerlos, y algunos incluyen techos que cubren el néctar.

“La inspiración es la naturaleza y siempre he diseñado con materiales que tuvieron un uso anterior; por ejemplo, hay un comedero que es la parte central de una antigua lámpara de queroseno, otros que se asemejan a los contenedores de refrigerador de los años 30, y los primeros eran una colección de botellitas de perfume”, concluye el creativo, para quien el mejor comedero de colibríes es “el que se mantiene limpio, porque todos funcionan”.