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Cien años del invierno que cambió al mundo

Los hechos que desembocaron en la Revolución de Febrero de 1917 y que causaron el final del último imperio europeo (con la abdicación del zar Nicolás II, en marzo de ese año) podrían empezar a contarse en 1848, el año que cimbró a toda Europa Occidental.
Mauricio Mejía
06 marzo 2017 21:48 Última actualización 07 marzo 2017 5:0
(Especial)

(Especial)

La Historia es todo; menos resumen. Los hechos que desembocaron en la Revolución de Febrero de 1917 y que causaron el final del último imperio europeo (con la abdicación del zar Nicolás II, en marzo de ese año) podrían empezar a contarse en 1848, el año que cimbró a toda Europa Occidental. Desde entonces, Rusia comenzó un empedrado camino a la apertura política y a la justicia agraria. Se agotarían muchas líneas en esa explicación. No se falta al entendimiento si se acerca la fecha a 1905, cuando las fuerzas rusas fueron derrotadas por las japonesas en una guerra humillante para el último de los Romanov, familia que gobernó ininterrumpidamente durante tres siglos.

En la mañana del jueves 23 de febrero unas 7 mil obreras de las fábricas textiles de Petrogrado abandonaron sus puestos de trabajo y se lanzaron a las calles para pedir lo mismo que los franceses siglo y medio antes: pan. Y tampoco hubo para pasteles. Rusia formaba parte del elenco de la Gran Guerra desde 1914. No sólo eso: había aportado, con maltrecho ejército y pocas municiones, una buena cantidad de muertos en el conflicto. Padecía hambre, desesperación y abandono. A la protesta se unieron obreros y campesinos (los primeros ya habían logrado emplazamientos en pequeñas localidades desde mediados de 1916). Estos últimos, la gran fuerza social de un país rural y atrasado por el que no había pasado aún la Revolución Industrial, darían forma a una de las “revoluciones más espontáneas, más anónimas y más acéfalas de todos los tiempos”, como la calificaría W. H. Chamberlain en su Historia de la Revolución Rusa. Algunos historiadores calculan que en total más de 90 mil personas se manifestaron contra el zar en la noche de aquel jueves.

Al descontento agrario y obrero se unió el de los reservistas del Regimiento de la Guardia, quienes se negaron a ir al frente de batalla para evitar sus casi seguras muertes. Todo estaba por derrumbarse, y en cuestión de días. Cuando llegó Octubre, el viejo régimen era ceniza de la revolución. Trotski escribiría un poco más tarde: El rasgo más indiscutible fue la injerencia directa de las masas en los acontecimientos históricos. Su actividad se manifestó -dijo- en tres grandes movimientos sociales que formaban el telón de fondo de la toma del poder por los bolcheviques: el amotinamiento del ejército, la rebelión de los campesinos y la radicalización de los obreros. Cuando Trotski se refirió a “amotinamiento” militar habló de 9 millones de hombres, casi todos ellos campesinos.

El desorden produjo el caos y el caos un nuevo orden prosaico en el escenario político de un siglo que se olvidó en 1919 de los imperios y dio forma a los sistemas y a los ismos, que pervivirían, lejanos y cercanos, hasta 1991, cuando la caída del Unión Soviética.

En abril de 1917, ya en Moscú, Lenin confirmó la trascendencia histórica de la Revolución de Febrero: “La política gubernamental no ha cambiado mucho desde entonces”. La peculiaridad de la situación –Tesis de abril- consiste en la transición de la primera etapa de la revolución, que, a consecuencia de un desarrollo insuficiente de la conciencia de clase y de una organización deficiente del proletariado, puso el poder en manos de la burguesía, a la segunda etapa que debe otorgar el poder al proletariado y a los estratos más pobres del campesinado”.

El gobierno provisional, al que se refiere Lenin, eliminó las formas humillantes del zarismo contra la servidumbre y concedió derechos y libertades más democráticas. Pero no tuvo la capacidad de acordar una salida rusa de la Guerra y menos para implementar una verdadera reforma agraria. Trotski encontraría en esa deficiencia un argumento sólido para la Revolución de Octubre. En junio, en una asamblea pública en Moscú, exclamó: “Nuestro partido está a favor de la guerra civil. La guerra civil estalla con motivo de la cuestión del pan. Nosotros, los soviets, hemos tomado la iniciativa”.

Poco antes de que Febrero fuera Octubre, Lenin escribió: “Una revolución, una auténtica y profunda revolución ‘popular’, por usar una expresión de Marx, es un proceso increíblemente complicado y penoso en el que el antiguo orden social muere y nace el nuevo, la forma de vida de millones de personas. La revolución es la manifestación más intensa, furiosa y desesperada de la lucha de clases y de la guerra civil”. Nada es resumen en la historia.