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Chiles y pomadas

10 febrero 2014 5:3 Última actualización 02 julio 2013 5:21

[Bloomberg]


 
 
 
Crónica de Caracas
 
 
 
Salvador Mendiola
 
 
Viajé a la ciudad de Caracas para leer mis poemas en un recital de poesía dentro de la novena Feria Internacional del Libro de Venezuela 2013.
 
Estuve allí, en esa imponente ciudad de rascacielos, cuando una multitud histérica acompañó, de un modo más religioso que político, el cadáver embalsamado de Hugo Chávez al Museo Militar en donde comenzará a encarar el futuro desde la nada de la muerte.
 
Sobre Hugo Chávez no se me ocurre nada. Me parece que fue un mal dictador y ya, alguien más payaso que efectivo; mucho ruido y bien poquitas nueces duraderas. La pura suerte que da el petróleo caro. Alguien que no hizo bien nada de lo que le ofreció a la gente pobre y que les deja económica y políticamente en una mala situación.
 
Y acerca de esa cuarta parte de la población de la ciudad que se volcó en la religión histérica de sus funerales tampoco se me ocurre nada claro; así es como se suele comportar la gente cuando vive en la servidumbre voluntaria. Lo mismo ha hecho la masa por los toreros y estrellas de cine cuando mueren.
 

Después de todo, Venezuela es un país que ha vivido buena parte de su vida independiente bajo el gobierno de dictadores. Por dentro de la sociocultura de la ciudad de Caracas se siente que la gente sabe cómo vivir a favor y en contra de las dictaduras, aunque también se ve que las dictaduras, con o sin antifaz de seudodemocracia, coartan y pisotean muchas libertades y derechos.
 
Fue imponente leer en una pequeña plaza pública, dentro de la Filven 2013, algunos de los poemas de 'Mi secreto'. Recibí una bienvenida calurosa y amable, que me hizo saberme bien comprendido como poeta. Sentí el poder real de la gran comunidad latinoamericana, la fuerza de saber y sentir que nos une la misma lengua a muchos países y millones de personas.
 
Saber que sí nos comunicamos y nos entendemos en lo más esencial de lo humano. Les hablé así de la Ciudad de México como un conejo con 2 cabezas y de mi locura personal por la poesía, porque bien sé que poetizar es el acto que mejor nos libera a tod@s aquí y ahora, siempre.
 
También en Caracas impartí una conferencia, junto con María Adela Hernández Reyes, sobre la historiografía de la cocina mexicana. Fue un evento organizado por la Embajada de México para especialistas académic@s en gastronomía, chefs y público interesado en conocer más a fondo la cocina de nuestro país.
 
Allí les dimos a probar nuestra receta de brownies con mole, en una versión quintaesenciada con chocolate repostero venezolano de la compañía El Rey, el mejor chocolate del mundo. Y por tal razón al resultado final le dimos por nombre 'prieticos de mole', unos moderadamente picosos y otros más que nada dulces.



Las personas que los degustaron nos bendijeron con la sonrisa, las onomatopeyas y los suspiros de gusto con que se expresa el placer de la comida. Les mostramos que se puede cocinar con chiles mexicanos sin agredir de golpe los paladares no acostumbrados a su pungencia.
 
El tercer evento caraqueño de este viaje fue desarmar, en la galería El Anexo, una de las acciones rituales de Gabriela Olivo de Alba, la que llamó Autofuneral. Éste sí fue un acto contracultural y subterráneo, lleno de libertad y creatividad entre un pequeño número de personas muy interesadas y preocupadas por la situación actual de la cuestión estética y la política de la vida cotidiana, en el ya más allá del fin del arte burgués o del espectáculo.
 
Fue toda una charla desconstructora de los lugares comunes sobre lo mexicano y el Día de Muertos, lo mismo que un viaje profundo en el sentido real e inmediato del ser-para-la-muerte. Lo mejor fue pensar cómo seguir desarmando las formas usuales, degenerándolas y subvirtiéndolas en forma poética, en la ética de la estética más actual. El sueño de la libertad. En Caracas y El Anexo.
 

De verdad fue toda una lección de nuevo humanismo latinoamericano lo que recibimos en Caracas, todo el tiempo y en todas partes. De mil maneras. Lo mismo en las grandes avenidas con sus más grandes embotellamientos que en los mercados o ante el enojo de ver en acción la indolencia “robolucionaria” de los “bolivurgueses”.