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Chiles y pomadas

12 febrero 2014 4:29 Última actualización 27 junio 2013 5:14

[Cuartoscuro]


 
Operación Clement
 
 
Salvador Mendiola
 
Relato perverso. Como la realidad misma. Sin orden, pero con verdad. En un mundo paralelo donde es posible comer carne de ángel y no sólo de prójimo. Un relato con muchas texturas políticas. Como es posible en la novela gráfica, un auténtico afuera contracultural donde no llegan la novela literaria y la película de cine. La novela gráfica es escritura popular de vanguardia como sólo lo hace posible la era de la reproductibilidad técnica de la obra de arte. Y eso es lo que hace Édgar Clement en Los perros salvajes (tomo uno, Balazo Mafufo, 2012), su nueva gran novela gráfica, un proyecto de una ambición sin igual que ya se realiza en la primera entrega. Lo perverso que nos toca.

Subterráneo, autónomo, radical y de vanguardia, el creador de imágenes Édgar Clement (México, 1967) produjo, en 1994, quizá la novela gráfica para adultos más importante de la historia de México: Operación Bolívar. Un relato épico y negro en verdad fuera de serie, libre de toda influencia y capaz de crear su propio orden mitológico en su género. Lo que ahora se continúa y sublima con Los perros salvajes.

No es humor fácil ni sátira burda. No es un cuento para el entretenimiento adolescente. Todo es nuevo y único en Los perros salvajes, una novela gráfica para mentes adultas. Una historia 'imaginaria' que ocurre en un mundo con la memoria del México actual. Teoría social, Los perros salvajes nos permite entender que la crisis es la gasolina del capitalismo y que la violencia de las guerras contra el terrorismo, el delito organizado como narcotráfico y la ignorancia deseada de los fundamentalismos hacen fluir acelerado el desarrollo del tardocapitalismo financiero que se apoya en el mercado global del petróleo.

Pero lo esencial de esta obra de Édgar Clement no radica en el relato solamente, sino más que nada en su montaje visual. Su grandeza estética consiste en ser precisamente una novela gráfica. La calidad del dibujo de Clement, lo mismo que sus técnicas de color y composición de página, le hacen poseedor de un estilo propio y con una temática completamente suya. Excepcional. Cada página hace ver, mirar y pensar; esto último, sobre todo.

Es imposible cifrar en una sinopsis lo que dice Los perros salvajes. No es un relato lineal ni se organiza de modo aristotélico. Todo lo subvierte y deshace, todo lo cuestiona, comenzando por su validez y eficacia para narrar lo que se propone. Lo cual vuelve genial y honesto el resultado.

Historia, política, parodia, caricatura, ensayo, filosofía, mitología, cultura popular, especulación radical y más y más. Los perros salvajes no tiene un núcleo único ni depende de un final, cada segmento y elemento es la síntesis de la obra entera, un silogismo filosófico sobre México y el mundo. Esta primera de lo que se espera serán 12 entregas de Los perros salvajes plantea una tesis extrema: en la nueva guerra de guerras de baja intensidad del capitalismo donde estamos ya no hay dos bandos claramente enfrentados como en las guerras antiguas, ahora la sociedad de control es capaz de sostener una diversidad de guerras bajo los cuadros del terrorismo, el narco y la ignorancia fundamentalista. Quienes luchan como los buenos lo hacen con los mismos medios y modos que los malos, nada les diferencia entre sí, y, según la clave de Los perros salvajes, todos comen carne de ángel cocinada como carnitas de cerdo confitado a la michoacana.

Y entonces agreguen imágenes del mundo prehispánico y nahuales que devienen Fuerzas Especiales o espectros que hacen caer avionetas con secretarios de Estado, en lo paralelo del realismo maravilloso y el materialismo histórico donde narra Clement. Porque resulta que 'la guerrilla ya no es lo de hoy' para liberar a la clase trabajadora; y quizá sea bueno, ya entonces, empezar a pensar más en serio que eso que emancipa sí nos ocurre en el espacio de la cultura y la opinión pública, en tanto ocurre como subterráneo de las utopías radicales y realistas, desesperanzadas y melancólicas, grotescas y oscuras. Como en Los perros salvajes de Édgar Clement. Una novela que de veras hay que ver para entender.
 
 
Twitter: @eseMendiola