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Libreta de apuntes

Chile empalaga en el Nacional

La Selección chilena se ha complicado un encuentro en el que fue muy superior a su rival, la mexicana. Casi todas las asignaturas fueron realizadas cabalmente; en la última ha fallado: resultado 3-3, un empate extraño como suelen abundar en la historia de la Copa América.
Mauricio Mejía
15 junio 2015 20:55 Última actualización 16 junio 2015 17:29
Herrera dependió de los atributos de Vuoso para mantener el aliento en un torneo ambivalente y bipolar. (Reuters)

Herrera dependió de los atributos de Vuoso para mantener el aliento en un torneo ambivalente y bipolar. (Reuters)

La Selección chilena se ha complicado un encuentro en el que fue muy superior a su rival, la mexicana. El arte del futbol consiste en tener la pelota, dominar el campo, alargar la cancha y, sobre todo, en no cometer errores. Casi todas las asignaturas fueron realizadas cabalmente; en la última ha fallado: resultado 3-3, un empate extraño como suelen abundar en la historia de la Copa América. El cuadro de Herrera, con cierta mejoría con respecto a su debut ante Bolivia, dependió de los atributos de Vuoso para mantener el aliento en un torneo ambivalente y bipolar.

Chile, sin pericia ante el arco, Alexis impreciso y voluble y Vidal rudo y áspero, debió solventar el pendiente cuando se fue adelante en el marcador, ese capricho, después de dos remontadas. En la imaginaria del área grande, embotellada, La Roja de pronto se sintió una forma austral del FC Barcelona. Se empachó de tanto toque ante una zaga mexicana abrumada y desatinada, como lo dejaron en claro los dos primeros goles de cabeza en el manchón de penalti. Jugar al toque no indica, necesariamente, hacer el tiki taka; el barroquismo necesita que los artistas jueguen al abuso artístico en completa armonía y con una puntual sincronización; Chile ventiló el destiempo. En lugar de optar por el disparo al arco, se decantó por la glotonería de pasesitos improductivos y chocantes.

Herrera, empeñado en que su palabra es la ley, sigue jugando al marcador sin importarle el estilo. Aquino, Montes y Corona, sus tres hombres más hábiles en el uso de la pelota, no juegan juntos por los arranques mustios del míster que no atina a darle forma decente a una oncena que depende sobre manera de la buena suerte y la apatía ajena. Aun así, un triunfo ante Ecuador le llevará al segundo capítulo de este torneo en el que lo mágico es una rutina y lo asombroso una constante.