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Cecilia Appleton, la voz del cuerpo

La coreógrafa Cecilia Appleton es reconocida con la Medalla Bellas Artes por sus más de 40 años de vida en las tablas. Ella lleva 30 años al frente de su compañía, Contradanza y su obra coreográfica se ha presentado en festivales nacionales e internacionales.
Rosario Reyes
01 diciembre 2015 21:0 Última actualización 02 diciembre 2015 5:0
"Reconocer al otro, mirándolo, no es tan sencillo en una sociedad en la que cada vez nos miramos menos, pero para eso está el arte", dice Appleton (Edgar López)

"Reconocer al otro, mirándolo, no es tan sencillo en una sociedad en la que cada vez nos miramos menos, pero para eso está el arte", dice Appleton (Édgar López)

La exploración del universo femenino en la propuesta artística de Cecilia Appleton tiene un sesgo en su última coreografía, cuyo planteamiento parte del punto de vista de un hombre. Y no sólo porque uno de los dos bailarines que interpretan La danza de los cisnes es su hijo, Yseye Appleton, sino porque es la forma en la que la coreógrafa se reconcilia con la otredad.

“Por supuesto mi mirada está relacionada con lo que es mi biografía y cómo voy haciéndome preguntas en relación a lo que es mi entorno”, comparte la bailarina en entrevista.

Ella reconoce que uno de sus intereses primordiales a lo largo de más de 40 años de trayectoria -que fueron reconocidos anoche con la entrega de la Medalla Bellas Artes- ha sido reivindicar a la mujer en un entorno machista. Dar la lucha desde el movimiento corporal. Expresar, dice, las batallas por ser respetada como un ser humano que piensa.

“Me duelen muchas cosas de la sociedad, como la violencia y las injusticias hacia lo femenino”, dice la coreógrafa. “El cuerpo es muy sabio, es reanimador, las células movilizan el alma y, a veces, esas cosas dolorosas que no entendemos, que se nos hacen violentas o difíciles de comprender, es bueno expresarlas. Reconocer al otro, mirándolo, no es tan sencillo en una sociedad en la que cada vez nos miramos menos. Pero para eso está el arte”.

La danza de los cisnes ahora parte de la reconciliación. La lectura del libro Mujeres que corren con los lobos, de la psicoanalista Clarissa Pinkola, en el que defiende la naturaleza femenina instintiva, inspiró a la coreógrafa para la creación de la pieza estrenada en 2012 y que ella eligió para presentar en la ceremonia de entrega de la Medalla Bellas Artes, con una función especial en el Teatro de la Danza del Centro Cultural del Bosque.

“Clarissa Pinkola habla del alma de la mujer, de su constitución femenina, de su sabiduría, de cómo la sociedad trata de minimizar sus habilidades, y yo decía: ‘¡Cómo me gustaría hacer una coreografía que animara a los demás como me está animando a mí este libro!’”, comparte.

Más allá de esa primera intención, la lectura derivó en una pieza en la que, explica la artista, busca plasmar la posibilidad de un entenidmiento entre el universo masculino y el femenino.

“La obra se desarrolla en un ambiente de cuento de hadas; el hombre en un sueño se desdobla en un cisne negro, que lo lleva a conocer la naturaleza femenina para entenderla y para liberarse”, detalla.

DOBLE TRAYECTORIA 
La coreógrafa, que próximamente realizará una gira en República Dominicana con su obra Párrafos femeninos, volvió a montar este año La danza de los cisnes en el Festival Internacional de Danza Contemporánea Onésimo González, de Guadalajara. Significativamente, esta pieza de reconciliación fue la que eligió para celebrar el reconocimiento del INBA a su trayectoria, un gesto valioso, dice, por tratarse de una medalla institucional, otorgada a una artista independiente.

Cecilia Appleton también está cumpliendo 30 años al frente de su compañía, Contradanza. Una labor que ha acompañado con la docencia. “El conocimiento se solidifica cuando lo enseñas a otro, porque hace preguntarte cosas que quizás en lo cotidiano las haces como oficio, pero no las piensas”.

A lo largo de cuatro décadas, Appleton ha hecho de su quehacer artístico un vehículo para la consciencia de lo humano, más allá del género. “El compromiso de la danza lo he encontrado no en el lugar del castigo y del deber ser; trabajo para que sea desde el placer y el gozo de expresar y de crear. La danza es la manera en que aprendí a expresar lo que me dolía, lo que me interesaba, mi mirada, las cosas del día a día. El arte me ha dado la posibilidad de estar más tranquila, de sacar todo lo que tengo”.