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Cauduro: el artista de lo público invade el edificio

El mural "El condominio" juega a lo Perec; hace de la cotidianidad una eternidad. La obra del pintor y muralista se encuentra en el interior del restaurante La Colomba de la Veracroxe (Veracruz 62, en la colonia Condesa).
Rosario Reyes
01 junio 2014 22:5 Última actualización 02 junio 2014 5:0
El pintor Rafael Cauduro se muestra satisfecho con este mural público.

El pintor Rafael Cauduro se muestra satisfecho con este mural público.

La clase media no vive aquí, reconoce Rafael Cauduro frente al edificio que lleva su nombre, en el lindero de las colonias Roma y Condesa, donde él mismo ocupa uno de los 18 departamentos recién inaugurados. Sin embargo, el pintor y muralista decidió plasmar a “los inquilinos de cualquier edificio” en el mural de ocho metros de alto por 15 de largo que luce en la fachada del inmueble ubicado en Veracruz 62. Más de dos años le tomó realizar el proyecto, al que puso su firma la noche del pasado jueves. Algo de George Perec y su "La vida instrucciones de uso" se respira en este homenaje a los inquilinos.

El mural "El condominio" está compuesto por estampas que hay que mirar en sus detalles: una tertulia, vista desde arriba, en la que una mujer, desafiante, gozadora, se empina una botella. “Están bailando varios de los que viven aquí”, refiere Carla Hernández, colaboradora de Cauduro, con quien ha trabajado en todos sus murales.

También inmortaliza al fallecido escritor y lingüista erudito, Ernesto de la Peña, quien vivió 30 años en la colonia Condesa. El autor de "Palabras para el desencuentro" aparece como en una fantasía alejada de su sobriedad al vestir: como si fuera un joven de esta generación, escribe sobre una laptop de Mac, enfundado en un chaleco sin camisa. Lo rodean estampas de la intimidad cotidiana: un voyeurista que espía a su vecina mientras ella se ducha, un hombre que lee el periódico en el wc, y un funcionario que cuenta dinero, entre otros personajes detrás de la escalera principal.

Cauduro ha realizado murales en espacios públicos como el Metro Insurgentes y el Metro Auditorio, donde colocó a figuras como Picasso o Mick Jagger, y en la Suprema Corte de Justicia, una obra que ha inspirado a reclusas con quienes el muralista realiza talleres en un reclusorio femenil.

Su puesta muralística más reciente forma parte de la fachada del condominio. Se ubica en el interior del nuevo restaurante La Colomba de la Veracroxe, el cual parte del conjunto arquitectónico que rescata un edificio de principios del siglo XX, caracterizado por sus arcadas de tabique.

En esta obra, el arte se vuelve una cara de la realidad. Ladrillos pintados sobre ladrillos remiten a una estética urbana, como en el mural, también de su autoría, que desde 1990 luce en la estación del Metro Insurgentes. Ambos son arte público, aquel del que hablaba Siqueiros, quien, reconoce el propio Cauduro, fue su inspiración en los inicios de su carrera.

Con Siqueiros en un Toks
“Desde niño, mi héroe era Siquieros y empecé a hacer cuadros con una influencia de él muy fuerte, que después se fue diluyendo. Creo que fue un gran hombre, valiente, audaz, era muy divertido”, cuenta Cauduro.

El pintor, hoy radicado en Cuernavaca, recuerda que conoció al gran muralista cuando tenía 18 años: “Lo vi salir del cine Polanco y aunque nunca fui fan de nadie, o pedí un autógrafo, lo vi y le dije: ‘Maestro, soy su admirador’. Yo iba con amigos, nos dijo: ¿Me invitan un café?’ Y nos fuimos al Toks. Nos dio 15 minutos y se fue, pero muy amable”.

En 2011, con el peso de la admiración a Siqueiros en la espalda, Cauduro inauguró el mural "La historia de la justicia en México", en la Suprema Corte de Justicia.

“Este mural quiero siempre acentuar que es emblemático porque la gente que hace edificios y ponen un peso, ese peso quieren que les reditúe, un mural no te va a redituar, por lo menos en teoría y es riesgoso, porque no son baratos, entonces el que alguien decida hacer un mural para la calle, porque todas las fachadas son del público en general, es arte público”.

El discurso político del muralismo actual, afirma, “depende de cada quién”. Pero siempre hay una declaración de principios cuando, por ejemplo, cuestiona la justicia en el recinto de la corte, o dedica un pasaje de su mural callejero a la avidez económica de los funcionarios que deben autorizar las construcciones en el Distrito Federal.

Tras dos años de trabajo, en un edificio cuyas primeras líneas arquitectónicas comenzaron a trazarse en octubre de 2007 Rafael Cauduro se muestra satisfecho con este mural público. “Yo nunca he visto en otras ciudades ningún mural en la calle, los que hay son en edificios públicos, pero no he visto una casa o un edificio como éste”, concluye.