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Catártico: Luis de Alba hace del narco y la política líos de humor

El humor está falto de imaginación, asegura Luis de Alba, quien ha basado su carrera en el ingenio, la creación de personajes y un peculiar manejo del lenguaje. No dice groserías, excepto, claro, en las películas de ficheras. "Así lo requerían, ni modo que los albañiles hablaran ceremoniosamente", sostiene.
Rosario Reyes
02 marzo 2015 22:12 Última actualización 03 marzo 2015 5:0
"Salir a escena es mi sueño, lo único que yo quiero es divertir y así realizarme; es mi vocación", afirma Luis de Alba. (Eladio Ortiz)

"Salir a escena es mi sueño, lo único que yo quiero es divertir y así realizarme; es mi vocación", afirma Luis de Alba. (Eladio Ortiz)

El humor está falto de imaginación, asegura Luis de Alba, quien ha basado su carrera en el ingenio, la creación de personajes y un peculiar manejo del lenguaje. No dice groserías, excepto, claro, en las películas de ficheras. “Así lo requerían, ni modo que los albañiles hablaran ceremoniosamente. En mis espectáculos no me gusta, soy enemigo de eso, yo veo todo lo que dicen hoy en televisión y no me escandalizo, pero creo que ese tipo de humor es veneno puro para la gente que lo ve”.

Creció en La Lagunilla y estudió en la Universidad Iberoamericana. Juan Camaney y El Pirruris son personajes que evocan aquellos años. Algo de revancha hay contra sus viejos compañeros, quienes se burlaban de él por su origen no tan acaudalado ni sobrado.

“A veces es más fácil hacer reír con una mentada de madre”, reconoce. Pero defiende su oficio: “La gracia está en el actor. Lo que hoy llaman comediantes son realmente cuenta chistes. Nosotros, algunos contados, somos actores cómicos, pero yo puedo hacer drama: fui parte del teatro de la nación, estudié en Bellas Artes y sé decir versos, lo acabo de hacer en Guadalajara con El Tenorio, a diferencia de los dizque comediantes que arman una rutina con chistes pelados”.

Ahora las líneas políticas son su vocación. En la serie El Dandy, que tiene locaciones en el Distrito Federal, Acapulco y Los Cabos, comparte créditos con Damián Alcázar y Alfonso Herrera. De Alba interpreta a Euladio, el presidente municipal de Acapulco que obligará a un empresario (Alcázar) a que le venda un hotel del puerto para realizar actividades delictivas. El actor cuenta que tras este proyecto (que se estrenará este año) ambos realizarán otro trabajo juntos, aunque no tiene en claro si será en cine o en televisión.

Nacido en una familia melómana (su madre, Carmen de Alba, fue compositora de varios éxitos de Los Tecolines), De Alba comenzó su carrera en la Compañía Infantil de Zarzuelas y Operetas y como actor de radionovelas. Fue la voz de Solín, el fiel compañero de Kalimán, la historieta que fue llevada a la radio por el actor y conductor Luis Manuel Pelayo, en la década de 1960. Además, estudió música y es compositor.

Llegó a la televisión en 1970, como parte del reparto de El show de Eduardo II y poco después estrenó El mundo de Luis de Alba. Al celuloide entró a través del cine de ficheras. “Las historias que contaban eran parte de lo que yo viví en La Lagunilla, me gustaban y era mi oportunidad de entrar al cine, y como lo sé hacer bien, cada vez me pagaban más. Empecé con segundo, tercer crédito, pero después fui estelar, me volví exclusivo de Películas Potosí, Frontera Films, de la que todavía lo soy. Tengo diez películas filmadas”.

También se gastó más de un par de suelas en la Carpa México de Jesús Martínez Palillo, donde conoció a Roberto Puck Miranda, con quien retomó el género de la revista.

En noviembre, un accidente automovilístico puso en riesgo su vida y fue sometido a tres operaciones, una de ellas en la cabeza. Durante su convalecencia, se le ocurrió montar Remembranzas de la revista mexicana, que se presentó en fabrero pasado en el Nuevo Teatro Silvia Pinal. “Quise hacerla porque ya no se hace en México de la forma tradicional. Convoqué gente joven, porque me refresca. Hay mucho talento al que hace falta darle una oportunidad. No fue pa’ ganar dinero, fue pa’ que la gente conozca ese gran género, que es, a final de cuentas, un espectáculo para toda la familia”.

En esa puesta en escena Puck Miranda, quien fue patiño de Palillo, rindió homenaje al famoso cómico con una rutina del peladito como guía de turistas que intenta explicar a un estadounidense la realidad mexicana. Rodrigo de la Cadena y La Sonora Dinamita, entre otros números, completaron el show de dos horas de duración.

Para sus scketches políticos, De Alba se prepara cada día. Las noticias le dan material. “La gente necesita su catarsis, nosotros decimos lo que ellos quisieran decir, por eso hay que saber y estudiar bien lo que contamos; hablar por hablar es muy fácil, pero criticar lo de fondo requiere mucho trabajo. Si lo sabes hacer, la gente se va a reír. Cualquiera se burla del copete de Peña Nieto, pero hay que tener conocimiento para hablar de las cosas que de veras son importantes”, sostiene.

De pronto cambia el tono de voz e improvisa una rutina: “¿Estarán vivos los 43? Bueno, lo está investigando la Procuraduría, que es muy eficiente, se tarda, como con Colosio, con Posadas, pero están investigando y seguirán hasta sus últimas consecuencias”.

De Alba se considera músico antes que actor. Por eso en su nueva puesta canta un tema de su autoría, y muy en serio, no a lo Juan Penas. “Tengo muchas canciones, me han grabado la Santanera y Vicente Fernández, no han sido éxitos, pero han estado en discos que han sido exitosos”, dice quien se describe como un hombre romántico, amante de la música tradicional y de los boleros.

“Yo nací en esto, para mí hacerlo es mi vida, salir a escena es mi sueño, lo único que yo quiero es divertir y así realizarme; es mi vocación y si no me pagaran igual lo haría. Pero sí me pagan y me pagan bien”.