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Carlos Moro y su pasión por la vid

'La vendimia o El otoño', de Francisco De Goya, transportó a Carlos Moro a las tardes de recolección de vid en las fincas de su familia. Nunca pensó que décadas después, con ese cuadro como testigo, presentaría su vino de autor.
Lizbeth Hernández
18 abril 2017 22:0 Última actualización 19 abril 2017 5:0
El caldo lleva su nombre y con el corona una carrera dedicada a la uva. (Cortesía)

El caldo lleva su nombre y con el corona una carrera dedicada a la uva. (Cortesía)

Cuando Carlos Moro admiró en el Museo del Prado de Madrid la obra La vendimia o El otoño, de Francisco De Goya, se quedó sorprendido por la maestría del pintor. La imagen lo transportó a las tardes de recolección de vid en las fincas de su familia. “Casi podía percibir el olor y el bullicio”, cuenta.

Nunca pensó que décadas después, con ese cuadro como testigo, presentaría su vino de autor. El caldo lleva su nombre y con el corona una carrera dedicada a la uva. Está viviendo un sueño, el cual cumplirá el próximo 4 de mayo cuando en dicho recinto y con las mejores obras con temática vinícola como testigos, se presenten las dos versiones del premium que bautizó como él.

“Es un trabajo en equipo, pero tiene mucho de mi persona. Traté de imprimir la sinceridad y naturalidad que me transmite la viña de La Rioja. Son tintos elegantes, equilibrados e intensos”, explica sobre Carlos Moro y Carlos Moro Prestigio, las nuevas etiquetas que presenta en México.

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Carlos Moro

Moro es figura clave en el desarrollo vinícola de su patria. Heredó de sus bisabuelos, abuelos y padres la pasión por el viñedo. Es doctor en Enología y Viticultura, fundador y presidente de Grupo Matarromera. Tiene seis bodegas: Emina y Matarromera, en Ribera del Duero; Cyan, en Toro; Valdelosfrailes, en Cigales; Emina, en Rueda, y Carlos Moro, en La Rioja.

“Imposible ir por otro camino. Me sedujo el olor y el aire que se respira en los viñedos. Desde que recuerdo iba con mi padre y con mis tíos a ver cómo evolucionan las uvas, a involucrarme. Merendábamos en las bodegas subterráneas que seguimos manteniendo”, afirma.

Esa es una de las cualidades de sus caldos. Permanecen en una bodega bajo tierra que tiene la capacidad de alojar hasta 2 mil barricas. Eso les aporta características distintas. Permite una crianza natural y homogénea. Como se alojan a una temperatura constante de forma natural, mantienen un alto grado de humedad y se crea un microclima que hace que levaduras y bacterias se desarrollen adecuadamente. Todo suma para que se potencie el sabor en cada gota.

Estos caldos provienen de San Vicente de la Sonsierra, de la zona de alta calidad de producción que se ubica entre La Rioja alta y Álava. La bodega tiene cuatro años de producción. Tiene 20 hectáreas de viñedos que datan de entre 35 y 100 años.

“Es un terreno árido cerca del río Ebro. Son parcelas altas con buena insolación que aportan la acidez necesaria a la uva para hacer buenos productos”, refiere el enólogo.

Otro de los factores que no escapa a su desarrollo es el enoturismo. Consciente de la necesidad que tienen las personas que habitan las grandes ciudades de regresar al campo y conocer sus procesos, en todas sus bodegas se ofrecen recorridos personalizados.

“Es necesario que las nuevas generaciones conozcan cómo se hace el vino para que no se pierda el vínculo con la tierra. Darlo a conocer es una tarea que nos concierne a todos”, comparte.

Se pueden agendar recorridos especializados en cada una de las bodegas. Van de los 25 a los 90 euros, dependiendo de la región y los caldos que se seleccionen.

Por el desarrollo de sus proyectos de biotecnología, cosmética y sostenibilidad medioambiental, el año pasado se hizo acreedor al Premio Nacional de Innovación y Diseño, que constituye el más alto galardón que se da en España a empresas y profesionales destacados en sus campos.

En su regreso al Prado, también brindará por ese galardón.