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CULTURAS

Carlos Amorales, el anarquista que se mueve en el 'jet set'

Uno de los artistas contemporáneos más reconocidos del país charla sobre su nueva muestra y sobre el concepto de arte contemporáneo mexicano, el cual, dice, "tiene que ver más con la empresa privada que con el proyecto de Estado". 
Myrna Martínez
18 febrero 2015 21:15 Última actualización 19 febrero 2015 5:0
Carlos Amorales es uno de los artistas contemporáneos más reconocidos de México. (FOTO: Eladio Ortiz)

Carlos Amorales es uno de los artistas contemporáneos más reconocidos de México. (FOTOS: Eladio Ortiz)

Incansable explorador de lenguajes artísticos, de significantes y significados, Carlos Amorales (Ciudad de México, 1970) se aleja de su Archivo líquido -un idioma gráfico de más de 4 mil imágenes digitales- y se reinventa anárquicamente en un mundo de forma pura y color.

En la muestra El esplendor geométrico, que se expone en la Galería Kurimanzutto, Amorales se vuelca en una aparente simpleza abstracta, en la que habita un nuevo juego de tres piezas: el manifiesto Cubismo Ideológico, 11 paisajes elaborados con recortes de papel, y su tercera cinta: El No-Me-Mires.

Con la serie de cuadros geometristas, su primera intención era evitar los simbolismos, explica el autor, pero la lectura total de la exposición genera sentido, en particular después de ver la película: las pinturas se reactivan y se vuelven lenguaje vivo.

___¿En qué momento estamos en el arte? ¿Qué le motivó a escribir un manifiesto?

___Ahora es una industria y hemos llegado a una especie de momento académico, donde movimientos que en su momento fueron rupturas se han academizado y se han vuelto cánones de lo que debe ser el arte tanto en la producción como en la interpretación; es un momento manierista, lleno de referencias, interesante para plantearse límites o desde dónde quieres trabajar.

___Su obra es semióticamente arriesgada, ¿cuál es su interés por desarrollar lenguajes?

___Siempre me ha parecido importante el lenguaje artístico. Ahora se ve como una cuestión modernista que se reduce a una cosa de estilo, (pero) la idea de cuál es tu posición, cómo ves el mundo y cómo ofreces esa visión es lo que activa el lenguaje. Los lenguajes se han reducido mucho: lo figurativo y lo narrativo tienen un valor más político, y lo abstracto se ve como algo sin discurso, decorativo, o que no tiene un significado político; me parece interesante jugar entre esos dos puntos, intentar subvertir esa noción tan arraigada.

___¿Fue difícil dejar el Archivo líquido?


___Fue un proceso gradual. Quería hacer una película a color, y la idea de cómo meterme al color se volvió importante. Me di cuenta que me hacía preguntas muy formales y básicas (color, tiempo y espacio) que me parecían difíciles, ya que uno se acostumbra a no pensar en ellas o pensar el arte desde lo más político o semiótico. Me pareció la forma más simple empezar con el collage, y desde cero, intentar una cosa nueva, reinventarme.

___Al ver la exposición, ¿siente que es de otro artista?

___Sí, es paradójico: por un lado me identifico plenamente con las obras, siento que son muy consecuentes, pero en la galería se ven como si me hubiera reinventado; eso es importante, si no te vuelves un producto, y creo que lo interesante del arte es la experimentación, las preguntas que te haces y la forma como se hace público. Te acostumbras al discurso que vas haciendo, y ves cómo gradualmente cambia, pero para el mundo es como si te hubieras vuelto otro.

___En el Cubismo Ideológico, ¿cuál es la postura del artista frente a lo político?

___Es una reflexión sobre la contradicción en la que estamos como artistas: por un lado, vengo de una educación de izquierda, y a la vez me muevo en un mundo jet set, mucho más de derecha. El arte contemporáneo en México tiene que ver más con la empresa privada que con el proyecto de Estado, se crea una dicotomía entre academia y mercado del arte que parece irreconciliable, pero como artista tienes que estar entre los dos y la obra tiene que ser capaz de tener una estructura de pensamiento más intelectual y a la vez vincularse a ciertas formas. Ese punto para mí ha sido difícil y me di cuenta que el anarquismo es un punto interesante para poder entender esa situación tan contradictoria.

___Se tiene la idea de que el arte debe ser político...

___Es político en el momento que se vuelve público pero no necesariamente tiene que ser un discurso político. Desde el muralismo estamos muy acostumbrados a interpretar signos desde una autoridad, a leer el arte como un ente superior; el Estado a través de los muralistas nos da un mensaje ético sobre cómo debemos de pensar, y en México se piensa mucho al artista de esa forma. Ese no es nuestro rol, lo es el juego con las formas, proponer composiciones, discursos.

___Usted trastoca los lenguajes del arte en un país donde los políticos hacen lo mismo con las leyes...

___Creo que es un reflejo: Carlos Amorales se vuelve una marca, con un cierto tipo de obra que tiene ciertas formas. Atacar esa marca desde mí mismo y subvertirla me parece la manera de poder provocar un cambio, no en la social, sino al menos en mí, y a partir de eso generar consecuencias. Al exhibirse se vuelve un acto político y social: en la galería la gente empieza a hacer preguntas, el arte empieza a existir por sí mismo y se reflejan las contradicciones.

___¿Le pasó con esta muestra?


___Muchas personas entraron y vieron los colores y un estilo formalista, y esperaban otra cosa; eso cuestiona cómo la gente espera de un artista algo en un espacio y a partir de ahí es donde empezamos a hablar. Para muchos, algo abstracto significa que no tiene contenido y que es sólo decoración; ahí empieza el debate que me interesa, discutir las contradicciones.

___¿Qué fue lo más interesante de este proceso?


___Ver la forma en que los niños asocian una caja de cigarros y la hacen un carrito; cómo tienen esa capacidad de tomar lo que está a la mano y llevarlo a su mundo de fantasía. Eso se transmite en la película. Ahí es donde siento que nos hemos alejado como artistas: nos hemos complicado tanto en los discursos, que se han vuelto torcidos; nos hemos academizado tanto que llegamos a una especie de esterilización en los significados. Hay que recuperar lo simple.

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Carlos Amorales