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Cantata a solas del Tri

01 febrero 2014 10:14 Última actualización 14 noviembre 2013 5:49

[Pese a la victoria, la Selección Mexicana deja muchas dudas sobre su accionar en la cancha / Cuartoscuro]


 
Axel Beissner
 
Tras la victoria de México por 5-1 a Nueva Zelanda, resulta contrastante la actitud serena, centrada y objetiva, extrañamente, del actual director técnico de la Selección Nacional Miguel Herrera, con la reflejada en las tribunas del Estadio.
 
El Cielito Lindo sonó en repetidas ocasiones en el Coloso de Santa Úrsula, señal inequívoca de la falta de memoria y autocrítica para analizar la realidad del prestigio perdido en el balompié mexicano.
 
Para llegar a Estados Unidos 94 fue un gol de Francisco Javier El Abuelo Cruz contra Canadá; para Corea-Japón 2002 y Sudáfrica 2010 tuvo que ser Javier Vasco Aguirre quien viniera a salvar al equipo; ahora, para Brasil 2014, es el repechaje el último recurso.
 
Desde el arranque del partido los neozelandeses pusieron en evidencia que habían dejado en el vestidor la actitud altanera de días anteriores, al presentar un parado 5-4-1, con su delantero jugando 10 metros detrás de la línea de media cancha.
 
Durante los primeros 30 minutos, los mexicanos mostraron mucha intensidad, mucho toque lateral, mucha disposición, pero poca profundidad, salvo algunos tiros desviados y llegadas a tumbos al arco rival, que a pesar de ello provocaron los “Olés” en las gradas.
 
Paul Aguilar abrió el marcador (32’) con error de la defensa visitante; Jiménez (40’) logró anotar después de varios intentos fallidos; Peralta, el más constante en todo este proceso, sumó dos a la cuenta (48’ y 80’); Márquez (84’) firmó el quinto con un cabezazo tras un tiro de esquina para sellar su gran actuación, tal vez el último que meta en el Estadio Azteca como seleccionado.
 
 
Sin embargo, Chris James (85’) volvió a poner en evidencia las carencias de la zaga al cerrar el marcador y despertar las dudas que parecían disiparse. ¿La efectividad atrás? Una llegada, un gol.
 
¿Dónde está Wellington? ¿Cómo van a jugar allá? ¿Cuál será el marcador? Las preguntas no deben ser esas, ya que para suerte de mexicanos, el campo en el que se medirán en el partido de vuelta, el próximo 20 de noviembre en Nueva Zelanda, será sobre uno de futbol y no de rugby, y los llamados All Whites, definitivamente no mejorarán sus capacidades en el trayecto de regreso a casa. La clasificación a la Copa del Mundo es un hecho, salvo una tragedia, pero, ¿y ahora qué?